Perdieron la brújula, o peor…
Agustín Galo Samario
No es de ahora, pero la crisis en que se encuentra el PRD ha sido llevada por la corriente Nueva Izquierda a una situación límite. Harto de que no cesan los desatinos de Los Chuchos, este domingo su líder moral Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano pidió “con todo respeto” la renuncia de su presidente nacional Carlos Navarrete Ruiz, del secretario general Héctor Serrano y de todo el Comité Nacional.
Jesús Ortega y Jesús Zambrano –corrido literalmente hace unos días de la UNAM por decenas de estudiantes que le gritaban asesino y traidor- fallaron en su intento de hacer creer que no tenían ninguna responsabilidad en la postulación de José Luis Abarca para alcalde de Iguala, Guerrero, hoy encarcelado por la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa y el asesinato de seis personas más. También se equivocaron al defender hasta el último minuto la permanencia de Ángel Aguirre Rivero en la gubernatura guerrerense. Y cometieron el error de tratar de vincular directamente a Andrés Manuel López Obrador en el apoyo que el chuchismo le dio a Abarca para convertirlo en presidente municipal. Es más, pesa tanto la evidencia de que el munícipe formaba parte de Nueva Izquierda que nadie se creyó ninguna de los pretextos y justificaciones de Los Chuchos para evadir sus responsabilidades.
Cierto, son muchos los problemas que enfrenta el país. Pero ninguno como el caso Ayotzinapa, que ha provocado que se movilice todo el país en contra de la clase política, de los gobiernos de todos los niveles y colores, del presidente Enrique Peña Nieto y, en específico, contra el propio PRD.
En ese contexto, resulta inexplicable que a otro Chucho, como lo es Carlos Navarrete Ruiz, y a mitad de la vorágine de protestas por todo el territorio nacional, se le haya ocurrido acudir a la sensibilidad y generosidad de los 101 legisladores perredistas para que realicen un donativo voluntario en apoyo a “una noble y justa causa” como considera es el Teletón, que impulsa la televisora más grande del país. Todo eso, pese a que apenas el 4 de octubre el Comité de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU recomendó al gobierno de México no entregar a esa iniciativa de Televisa los recursos públicos que el Estado destina para la rehabilitación de personas discapacitadas. Por una razón: los estigmatiza y promueve el estereotipo de que son personas sujetas de caridad.
Pero ni la turbulencia en que se encuentra el país por la desaparición forzosa de estudiantes, ni la escasa credibilidad que ahora tiene el PRD y menos las recomendaciones de la ONU parecieron importarle a Carlos Navarrete. Quizá por eso Cuauhtémoc Cárdenas le ha pedido al guanajuatense y todos los que lo acompañan en el Comité Nacional que se vayan. Porque este partido está a punto de disolverse o de quedar como una simple franquicia político-electoral subordinada a intereses ajenos a los de su amplia base, y, añade el ingeniero, por la poca presencia y autoridad moral de sus dirigentes. Es una lástima.
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