SOMOSMASS99
Esteban Sevastian*
Martes 2 de julio de 2024
Juliano
Este día mi hermano Juliano corre por toda la casa. Nomás somos él y yo porque a mi mamá se le desbarató la panza y por eso ya no pudo hacer niños, al menos, eso dijo mamá k´éri(1); por eso la sobaba y le ponía plastas de lodo caliente y zacate en el cuerpo. En una repisa de adobe hay una foto gris de mi hermano, mi mamá lo venera como a un santo; cada semana le pone flores, copal y suspiros. Guarda su ropa de niño, desde la primera mantilla que usé cuando nací en un octubre de mucho viento, hasta sus botas de hule con las que jugó a la rana en el arroyo.
Me pusieron Juliano como mi abuelo que vivió ciento ocho años. Se parece a él, hasta en el dedo chato y por eso no puede jugar a las canicas, pero es muy bueno pa’ bailar trompos y matar pájaros con la resortera. Una vez maté un guasïsï(2) volando ya cuando la noche se había comido todo y nomás lo tantié por el zumbido de las alas.
Hoy estoy aquí hincado sobre un petate, como cada año, como cada junio. Yo atrás, después mis tachis con caras largas como el rosario que traen en las manos; luego, un sahumerio que le echa humo a unas bugambilias blancas; luego, una cruz de cenizas; luego, tejocotes; luego, lueguito, la foto de mi hermano Juliano, cercado por Cristo, la Virgen y los santos. Yo me ahogo con tanto humo, rezos y lloros.
Hoy es mi cumpleaños, cumplo trece, mi hermano Juliano también hoy hace trece que se ahogó. Dice mamá k´éri que yo asomaba la cabeza para nacer cuando le dijeron a mis tachis que Juliano estaba muerto en el arroyo y mi apá lo trajo en los brazos como un trapo. Y dicen, que al día siguiente, cuando le echaron la última tierra a mi hermano, mi apá me bautizó en el camposanto. “Éste se va a llamar Juliano, y va a vivir la vida que mi niño, Julianito, no pudo”, que así mero dijo y como si solo cambiara una camisa, me puso su nombre y me paró en el camino que mi hermano había dejado.
Como si yo fuera un morral me rellenaron con mi hermano, tanto que a veces siento que soy el verdadero Juliano y ando perdido por días, pero me acuerdo de que solo me dejó lo malo; lo bueno se lo llevó todito. Lo sé porque cuando mi mamá nombra a Juliano, mi hermano, su voz suena como un murmullo de agua y cuando me habla a mí, parece un rebuzno. Si en la escuela me preguntan mi nombre, digo: Juliano, pero Juliano mi hermano, no Juliano, yo, porque yo nomás ando el camino de Juliano, de Juliano mi hermano.
Notas:
(1) Abuela.
(2) Murciélago.
* Esteban Sevastian Valencia es escritor p’urhépecha, licenciado en Ciencias Teológicas y Filosóficas. Es autor del libro Aguaturmas blancas. Instagram: @estebansevastian. Facebook: esteban.sevastian.33. Correo electrónico: [email protected]
Foto: Vaishakh Pillai (@vaishakhpillaii) / Unsplash.

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