SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 5 de julio de 2024
En un país como el nuestro, en el que la inmensa mayoría de la población subsiste con la venta de su fuerza de trabajo, sea en el campo o la ciudad, debería preocupar que el 27.5% de quienes acudieron a las urnas el pasado 2 de junio, hayan votado por la candidata de la derecha.
En otros países de eso que han dado en llamar Occidente la situación no es mejor. En Nuestra América hay algunos en los que la derecha es gobierno o lo perdió por un escaso margen ante coaliciones que en muchos casos son fuente de fuertes contradicciones debidas a las «cuotas» de poder que exigen los partidos que las conforman. En Europa, la situación no es muy distinta, con el agravante de que en muchos países gobierna la derecha y el peligro para ellos es la ultraderecha (Francia, por ejemplo). En Estados Unidos y Canadá, las fuerzas políticas de derecha se alternan «democráticamente» en el gobierno, con el serio peligro que en el primero ascienda la ultraderecha fascistoide.
Así, en casi todo el mundo donde domina el capital, los gobiernos están, de una u otra manera, condicionados por los intereses de grupos económicamente poderosos, en detrimento de las condiciones de vida y trabajo de sus pueblos.
Una de las explicaciones a esa situación es el dominio ideológico. Las clases dominantes, además de sus intereses económicos y políticos, imponen su visión del mundo y la realidad, su ideología, mediante elementos de la superestructura del Estado (la educación, iglesias, partidos políticos, legislación, medios de información y entretenimiento, entre otros, sin olvidar los cuerpos represivos). Con esa visión impuesta a importantes sectores de quienes para vivir deben vender su fuerza de trabajo ─sea esta física o intelectual─, el control y dominio sobre la sociedad en su conjunto es menos complicado.
Lo anterior deja ver la importancia de tener una visión propia del mundo y la realidad. Ello no significa que cada ser humano tenga una visión diferente sino que con base en una teoría que explique claramente nuestra realidad, como seres humanos y como sociedad, podamos entender el porqué de nuestros problemas y nuestra situación. A partir de ese entendimiento podremos cuestionar la realidad que vivimos, encontrar alternativas para cambiarla y resolver nuestros grandes y graves problemas como sociedad.
Y no es que tengamos que inventar o descubrir esa teoría. Existe. Pero como todo cambia, si no estamos pendientes de esos cambios nuestra visión acerca del mundo y la realidad puede no ajustarse a lo que sucede en la actualidad y conducirnos a errores conceptuales y metodológicos que se traducirán en serios obstáculos a los intentos de explicar y cambiar una realidad que nos es adversa. De esos errores se vale la clase dominante para mantener su dominio, con el apoyo de toda su maquinaria de propaganda. La derecha los aprovecha para avanzar en su cooptación de conciencias y en el acopio de fuerzas para alcanzar el poder político.
Muchos compañeros creemos que, entre otros temas, convendría retomar algunos como:
- El imperialismo. Aun cuando la presencia y actuación del capital financiero es la característica fundamental de la fase actual del capitalismo, los avances tecnológicos han modificado su capacidad y rapidez de movimiento y alentado el crecimiento del capital especulativo. Además de su vinculación al militarismo, la agresión armada y desestabilización de otros países mediante golpes de Estado, cruentos o blandos.
- La crisis. Cuando menos desde el último tercio del siglo pasado dejó de ser exclusivamente económica y comenzó a abarcar cada vez más aspectos de la vida hasta convertirse en estructural y afectar a la sociedad en su totalidad y a su entorno natural, al grado de representar un serio peligro para la humanidad.
- El fascismo. Fruto de las crisis, se presentó como la respuesta violenta de las clases dominantes, sobre todo las oligarquías. En algunos países existen sectores sociales que sin ser parte de la burguesía están ganados a posiciones racistas, clasistas y xenófobas, en las que la violencia ocupa un lugar central; esos sectores son utilizados para defender los intereses de las clases dominantes.
- El neocolonialismo. La necesidad los países imperialistas de controlar territorios, por motivos geoestratégicos o apropiación de recursos naturales, mantiene viejas prácticas coloniales, pero ahora con la alianza y vinculación de organizaciones militaristas; como la OTAN, y financieras, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
- La soberanía. Aunque para la derecha es un concepto obsoleto, la soberanía es la más poderosa arma con que cuentan los pueblos para definir por sí mismos su destino en todos los aspectos. Sin ella, cualquier condición a que estén sujetos resulta, a la postre, ignominiosa y lesiva. La soberanía no excluye la amistad, cooperación y solidaridad entre los pueblos, con pleno respeto a sus decisiones internas; es fuente de resistencia a los opresores y ayuda a encontrar las vías para la liberación.
El análisis y comprensión actual ─no revisión─ de estos y otros temas nos ayudaría a desarrollar esa visión que necesitamos para desenmascarar las posiciones de la clase dominante ─y la derecha─ y nos ayudará a forjar una sociedad más unida y consciente, que sea capaz de contribuir a la construcción de un México y un mundo mejores.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Joe Biden y Donald Trump. | Foto: Wikimedia Commons.
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