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Dieciocho días en una cárcel israelí

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Shahad Ali* / La Intifada Electrónica

Viernes 9 de agosto de 2024

 

Mi primo Nayaf Ali tiene 20 años. Vive en el barrio de al-Zeitoun de la ciudad de Gaza, y nos contó esta historia a mi hermano y a mí por teléfono.

Era el 12 de diciembre y las fuerzas de ocupación israelíes habían invadido su barrio. Alrededor de 30 miembros de la familia quedaron atrapados en su casa durante este tiempo, ya que los israelíes habían asediado el vecindario.

La familia permaneció en silencio en la casa para tratar de evitar ser detectada por las fuerzas israelíes. Permanecieron en este silencioso estado de terror durante tres días.

Al cuarto día, las excavadoras israelíes rodearon la casa y el suelo comenzó a temblar. Los soldados israelíes dispararon balas contra la casa y sus alrededores, y alcanzaron a Nayaf en el pie.

Dijo que se mordió el labio y se tragó el dolor, para no gritar. Usó una bufanda para detener la hemorragia. Tenía más miedo de ser descubierto por las fuerzas israelíes que por la gravedad de la herida.

Sin embargo, poco después, la excavadora golpeó una pared de su casa, y todos comenzaron a gritar y entrar en pánico, especialmente los niños.

Estaba claro, entonces, que la familia había sido descubierta, ya que las fuerzas israelíes entraron por la fuerza en su casa.

Llevaron a Nayaf junto con los otros hombres a otra habitación. Exigieron que se desnudaran, y algunos de los hombres fueron golpeados por los soldados.

Los soldados hablaban árabe e inglés, y ordenaron a las mujeres y a los niños que abandonaran la casa, sin ninguna pertenencia. Algunos de ellos iban descalzos.

A los hombres les vendaron los ojos y los obligaron a subir a un camión. Nayaf dijo que las esposas estaban tan apretadas que le cortaron las muñecas. Dijo que era la primera vez en su vida que sentía tal humillación.

Fueron llevados a una prisión, pero él no sabe dónde estaba exactamente ubicada.

Cuando llegó, pidió ver a un médico debido a su lesión en el pie, pero se lo negaron.

Lo golpearon repetidamente y vio cómo golpeaban a muchas otras personas.

La comida que proporcionaban era escasa: pan, una rodaja de pepino, una rodaja de tomate. Ni siquiera el agua se daba gratuitamente.

Dijo que cuando le pidió agua a uno de los guardias, le dijeron que abriera la boca. Lo hizo, pensando que el guardia le echaría agua en la boca, pero en lugar de eso, el guardia le escupió en la boca y lo obligó a tragarla.

Los últimos tres días en la cárcel fueron los peores, dijo. La tortura mental y física alcanzó niveles insoportables.

Le dolía todo el cuerpo y, por primera vez, deseó estar muerto. Cada centímetro de su cuerpo estaba cubierto de cortes y moretones.

Finalmente, después de 18 días, fue liberado. Recibió tratamiento para su pie y, afortunadamente, los médicos no tuvieron que amputárselo.

«El recuerdo de mi encarcelamiento permanecerá conmigo para siempre», dijo.


* Shahad Ali es un escritor de Gaza.

Imagen: Un tanque israelí en el distrito de Zeitoun, en la ciudad de Gaza, el 26 de noviembre de 2023. | Foto: Ahmed Ibrahim / La Intifada Electrónica.






Luis López




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