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Alfonso Díaz Rey*

Viernes 20 de septiembre de 2024

 

En una reflexión anterior decíamos: «Para el imperialismo es vital impedir cualquier asomo de soberanía, la que además de interferir con sus intereses, representa un mal ejemplo para los pueblos que subyuga, y eso trata de evitarlo a toda costa», por lo que «para Estados Unidos sería prácticamente inadmisible que en nuestro país se eligiera en 2030 un gobierno comprometido con el proyecto de transformación en marcha, sería un mal ejemplo».

Añadimos, también, que «ante el histórico comportamiento de nuestro vecino del norte, es previsible que su injerencia no solamente continúe, sino que se incremente, así como el apoyo a quienes internamente se oponen a la transformación».

La injerencia de Estados Unidos en los países de Nuestra América responde a su necesidad de someter y controlar territorios y pueblos para adueñarse de sus recursos y riquezas; ha sido, en la obsesión por hacer efectivo su objetivo: América para los [norte]americanos, una constante muestra de aplicación de la Doctrina Monroe, En este contexto México tiene una singular importancia geopolítica y estratégica.

El proceso de transformación que inició el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, declarado antineoliberal, de alguna manera afecta intereses económicos y políticos de la oligarquía local y la extranjera, así como los privilegios que durante mucho tiempo han tenido ellos y sus personeros. Tal proceso atenta contra el orden establecido y el imperio no lo puede permitir.

Uno de los cambios fundamentales para continuar con ese proceso consistió en la reforma al Poder Judicial, poder que desde 1940, al término del gobierno del general Lázaro Cárdenas, hasta hoy, ha estado vinculado y subordinado a quienes detentan el poder económico y que hasta 2018 también lo estuvo del Poder Ejecutivo, asumiendo su «autonomía» e «independencia» cuando ascendió el gobierno surgido de la elección federal de ese año con un proyecto opuesto al neoliberalismo y la corrupción.  

Subordinado al poder económico y al Ejecutivo, el Poder Judicial se ha corrompido y ha sido cómplice de un sinnúmero de atropellos y violaciones a los derechos humanos; ha convalidó leyes que, además de violentar tales derechos, permiten el despojo de conquistas laborales a los trabajadores, de tierras y agua a campesinos y de bienes y riquezas a la nación. De ahí la necesidad urgente de la reforma.

Como era de esperarse, la oligarquía aglutinó a las fuerzas de la derecha para oponerse a la reforma del Poder Judicial. Sin embargo, la oposición a tal reforma, cuya iniciativa fue turnada al Poder Legislativo el 5 de febrero pasado, fue más enconada después de la elección del 2 de junio, tras su estruendosa derrota. Tal vez los opositores pensaron que podían obtener los escaños suficientes en el Poder Legislativo para impedir cambios constitucionales y mantener el «estado de derecho» y la «certeza jurídica» acordes a sus intereses económicos y políticos. 

Ahora, una vez que la reforma al Poder Judicial ha sido aprobada en ambas cámaras, declarada constitucional y promulgada, cometeríamos un error si con ello pensáramos que la oposición de derecha y sus aliados ─internos y externos─ se resignarán y cejarán en su empeño por recuperar las condiciones que durante muchísimo tiempo les permitieron gozar de privilegios y ventajas en perjuicio de la inmensa mayoría del pueblo.

Dados los poderosos intereses que afectaría el proceso de transformación cabe esperar, entre otras cosas, acciones de la oligarquía ─local y extranjera─ con la pretensión de neutralizar la reforma judicial y otras que afecten sus intereses; intentos de desestabilización; descalificaciones de organismos extranjeros ─estatales y no gubernamentales─; guerra mediática a través de redes «sociales»; todo con el objetivo de generar un clima de descontento y desconfianza en la población, sobre todo en los jóvenes, para aprovecharlo en favor de la derecha en la elección de 2030.

De ahí la insistencia en la  necesidad de tomar conciencia, organizarnos, buscar la unidad de amplios sectores de nuestro pueblo y atender la lucha en el terreno ideológico para desenmascarar las posiciones de la derecha y el imperialismo,  e impedir su avance. Porque como decía el Che: «No se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada».


* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: Aspecto de la sesión del Senado de la República, el 10 de septiembre de 2024, en la que se aprobó la reforma al Poder Judicial. | Foto: Senado de la República.






Luis López




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1 Comentario

el 20/09/2024

Excelente nota estimado Alfonso, sobre la contradicción que vivimos hoy entre el Imperialismo Yanqui y la Nación mexicana que aspira a una soberanía en todos los terrenos de la economía, política, territorio, ideología y ahora en las entrañas mismas del poder judicial y de los demás poderes que no son ajenos a la acción múltiple del aún podorosa Imperialismo y alianzas fundamantales en todo el mundo: OTAN, OEA, Banco Mundial, etc.



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