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No todo está perdido

Agustín Galo Samario / Diálogo Estado / No Todo Está Perdido / Top News / 21/11/2014

Lo peor de la violencia

 

Agustín Galo Samario

 

Como quedó demostrado ayer jueves, el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, y las seis personas asesinadas a manos de policías municipales de Iguala el 26 de septiembre no ha dejado de causar indignación en cientos de miles de personas. Las manifestaciones que se realizaron en Guanajuato, en distintas ciudades del país y en 150 del mundo vuelven a ser un llamado explícito para que, en primer lugar, el gobierno federal encuentre a los estudiantes, les haga justicia y repare el daño a sus familiares y a ellos mismos.

También, e igual de importante, es la exigencia multitudinaria para que nuestros gobernantes en todos los órdenes, la clase política, cambie de rumbo y empiece de una vez por todas a respetar los derechos humanos de los mexicanos en el lugar donde se encuentren, la actividad que realicen y sean niños, niñas, mujeres, hombres o personas mayores de cualquier condición.

La abrumadora mayoría de las protestas se llevaron a cabo de forma pacífica. Lo preocupante es, como ocurrió en la Ciudad de México, que al inicio y al final de la manifestación se hayan presentado brotes de violencia protagonizados, como desde hace meses, por presuntos anarquistas, encapuchados y con el rostro cubierto.

Pero qué es más grave, ¿que los desmanes sean provocados por personas supuestamente anarquistas, por jóvenes frustrados y con rencor por los miles de desaparecidos que hay en el país o quizá por infiltrados que lo único que pretenden es desprestigiar un movimiento social que busca justicia, una noble causa por donde se le vea? ¿O que los enfrentamientos corran a cargo de profesores contra sus propios alumnos en una universidad?

Pues esto último fue lo que ocurrió en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Guanajuato, donde un grupo de maestros –seguidos por varios de sus alumnos- arremetieron contra sus compañeros que tomaron el plantel antes de las siete de mañana para unirse a las protestas por la desaparición de los normalistas guerrerenses. Sólo una joven resultó levemente lesionada, pero pudo ser peor.

La actitud asumida por esos académicos contrasta gravemente con lo expresado un día antes en un comunicado firmado por el rector general José Manuel Cabrera Sixtos y los rectores de todos los campus de la UG, en el que si bien se pronuncian por no parar labores, hacen énfasis en “la inaceptable situación por la que atraviesa nuestro país en materia de respeto y garantía a los derechos humanos”, para luego hacer “patente el compromiso de las y los universitarios con la verdad, la racionalidad y el ejercicio de los derechos humanos de quienes integran esta institución”. Y, sobre todo, valoraron “positivamente los posicionamientos que, lejos de la violencia, apelan al esclarecimiento de los hechos por todos conocidos que afectan a los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero. La justa exigencia de justicia sigue en el ánimo de todas y todos”.

Los universitarios que se manifestaron en Arquitectura lo que buscaban era parar actividades durante 24 horas, en concordancia con los miles de ciudadanos que protestaron pacíficamente en el Distrito Federal y que lo único que pretenden es un mejor país mediante el ejercicio de una de sus prerrogativas constitucionales: el derecho a la manifestación y a la libertad de expresión. Un bien inmensamente mayor a las incomodidades que generarían, pero que redunda en beneficio de todos los mexicanos. Por eso no sólo se han movilizado ciudadanos en todo el territorio nacional sino en por lo menos 30 países alrededor del mundo.

Nos encontramos ante dos de los casos de violencia más preocupantes a los que nos hayamos enfrentado en los años recientes. Para cualquiera que se precie de estar en favor de la vigencia del Estado de derecho, de que las libertades se ejerzan a plenitud en México y que las diferencias no se resuelvan mediante la fuerza, lo ocurrido al final de las manifestaciones en la capital del país y en Unidad Belén de la UG debe resultar inaceptable. Porque eso, simplemente, es parte de lo peor de nuestras violencias.

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Luis López




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