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Rigoberto Beltrán Vargas* y Perla Raquel García Pérez
Lunes 18 de noviembre de 2024
Paulo Freire (1921-1997), educador, brasileño, su amplísima obra educativa y su método está expresada en innumerables aplicaciones en Latinoamérica y en general en el mundo. Fue perseguido en el régimen militar de Brasil y otros países del Cono Sur por su carácter concientizador. Salió de su país en 1964 luego del golpe de Estado Militar. En Chile fue profesor e investigador del Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES) organización vinculada con las Naciones Unidas; participó en diversos planes del gobierno democristiano de Eduardo Frei como el programa de educación de adultos del Instituto chileno para la Reforma Agraria. Ahí escribió su segundo libro, Pedagogía del Oprimido (1970); el primero fue La Educación como práctica de la Libertad (1969); en 1970 se convirtió en una figura internacional, difundiendo sus ideas por todo el mundo.
Ahora hablaba cada vez más como representante del Tercer Mundo. El nombre de Freire se volvió sinónimo de la lucha pedagógica por la liberación sociopolítica con una visión utópica viable de la educación crítica.
El tipo de educación que propone significa un cambio de mentalidad, la cual implica la comprensión realista y correcta de la ubicación de uno en la naturaleza y en la sociedad; la capacidad de analizar críticamente sus causas y consecuencias, establecer comparaciones con otras situaciones y posibilidades y lograr una acción eficaz que incida en la transformación. Psicológicamente el proceso encierra la conciencia de la dignidad de la persona: una práctica de la libertad.
Su trabajo se caracterizó por un enfoque profundamente renovador de la visión pedagógica basado en la observación de la realidad social a fin de señalar en ella los conflictos producidos por la existencia de opresores y oprimidos.
La propuesta de Freire es la “educación problematizadora” que niega el sistema unidimensional propuesto por la “educación bancaria”, ya que da existencia a una comunicación de ida y vuelta y así elimina la contradicción entre educadores y educandos. Ambos se educan entre sí mientras se establece un diálogo en el cual tiene lugar el proceso educativo. Con la educación problematizadora se apunta claramente hacia la liberación y la independencia pues destruye la pasividad del educando y lo incita a la búsqueda de la transformación de la realidad, en la que opresor y oprimido encuentra la liberación humanizándose.
El educador ya no es solo el que educa, sino aquel que, en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa. Así ambos se transforman en sujetos del proceso en que crecen juntos.
* Rigoberto Beltrán Vargas es presbítero y coordinador del Observatorio Acambarense por los Derechos Humanos Raúl Vera López.
Imagen de portada: Paulo Freite. | Foto: Internacional de la Educación.
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