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Alfonso Díaz Rey*

Viernes 17 de enero de 2025

 

La exclusión, el pasado martes 14 de enero, de Cuba de la unilateral, arbitraria e ilegal lista de países patrocinadores del terrorismo, elaborada por el Departamento de Estado del gobierno de Estados Unidos ─con la finalidad de estrechar aún más el cerco comercial y financiero a la isla─, ha sido una medida tomada en la dirección correcta, aunque tardía, insuficiente y muy limitada. 

Tal exclusión, firmada por el presidente Biden a seis días de concluir su periodo de gobierno pone fin a una injusta medida decretada por Donald Trump el 12 de enero de 2021, cuando ocupaba la Casa Blanca, medida que Biden mantuvo vigente durante casi toda su administración. Cabe la aclaración de que la inclusión de Cuba en ese listado ocurrió por primera vez el 1 de marzo de 1982, durante la presidencia de Ronald Reagan; y a raíz del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, fue excluida durante el mandato del presidente Barack Obama, el 29 de mayo de 2015.

Quienes somos solidarios con Cuba y su Revolución creemos que, aunque la medida es para celebrarse, no es para echar las campanas a vuelo. Persiste el criminal y genocida bloqueo económico, comercial y financiero ─derivado del tristemente célebre memorándum del Subsecretario de Estado Asistente para los Asuntos Interamericanos, Lester D. Mallory, en un memorándum secreto al Departamento de Estado, en 1960─, que continúa como eje de la estrategia de Estados Unidos contra Cuba.

Además, entre otras cosas, también continúan la persecución y sanciones unilaterales a operaciones financieras y suministros de combustible; restricciones a la adquisición de piezas industriales de repuesto y a embarcaciones que atraquen en puertos cubanos; financiamiento oficial a actividades contrarrevolucionarias; una guerra mediática basada en desinformación y más de 400 acciones y medidas instrumentadas por la primera administración de Donald Trump, que aún están vigentes. 

Otro aspecto que puede ser motivo de reservas es el hecho de que en tres días se dará el cambio en el gobierno de Estados Unidos y que el nuevo presidente ─además de sus particularidades político-ideológicas, sus dislates y sus sueños de gran dictador─ estará rodeado de colaboradores políticamente identificados con la extrema derecha, algunos de ellos con marcado discurso y posiciones neofascistas y guerreristas, así como de fervientes promotores y patrocinadores de la política contra Cuba y de la mafia contrarrevolucionaria, como su futuro Secretario de Estado, Marco Rubio.

De modo que, no obstante lo adecuado y correcto de tal exclusión ─en cuanto a justicia se refiere─, habría que ser cautos y valorar objetivamente las acciones y posiciones del próximo gobierno estadounidense y actuar en consecuencia. Ello implica mantener, ampliar y fortalecer nuestro antimperialismo y nuestra solidaridad con Cuba y su Revolución.

Porque, como decía el Che: «[…] no se puede confiar en el imperialismo ni tantito así, nada».   


* Alfonso Díaz Rey eiembro del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba y del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.

Imagen de portada: Ernesto Che Guevara. | Foto: Wikimedia Commons.






Luis López




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