SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 25 de abril de 2025
En el intento por salir de una crisis que cada vez se vuelve más compleja y de recuperar la hegemonía que en la última década del pasado siglo y la mitad de la primera del presente parecía recuperar Estados Unidos, como consecuencia de la desaparición de la Unión Soviética y la caída del campo socialista en el este de Europa ─supremacía que nuevamente entró en declive con la crisis financiera de 2007-2009─, el actual presidente, Donald Trump, ha emprendido en el terreno comercial una serie de medidas que han desquiciado la economía a nivel global, lo que aunado a sus sueños anexionistas ha tensado el ambiente político.
La continuación del fin de la efímera hegemonía de Estados Unidos coincide con el inicio del crecimiento sostenido de la economía china y su creciente irrupción en el comercio mundial, situación que incidió en un aumento de sus contradicciones internas, ya que los monopolios y el capital financiero, se trasladaban a China y a otros países que les ofrecían ventajas en el logro de mayores ganancias, lo que afectó seriamente a la industria, a los trabajadores estadounidenses y a sectores de la pequeña burguesía temerosos de perder su «posición» social.
Ello llevó a segmentos de la «aristocracia obrera» y de la pequeña burguesía a radicalizar sus posiciones políticas de derecha, convirtiéndose en la fuerza social en la que Trump y la oligarquía se apoyan para desplegar su proyecto MAGA y hacia quienes van dirigidos sus discursos plagados de promesas ─y de mentiras─ que esos grupos quieren oír.
El objetivo de Trump y de la oligarquía que detenta el poder en Estados Unidos es convertirse en la potencia económica, científica, tecnológica, industrial y militar hegemónica e incuestionable a nivel mundial para cumplir con su Destino Manifiesto; sin embargo, para lograrlo necesitan detener y evitar el desarrollo de China ─a quien consideran su mayor enemigo y hacia quien principalmente va dirigida su guerra arancelaria─, de Rusia, de otros países emergentes y de cualquier posible competidor en esos terrenos o que simplemente se niegue a sometérsele. Los retrocesos y plazos pospuestos de sus amenazas en el terreno de los aranceles y los acercamientos con India, Japón y otros países obedecen a la necesidad de encontrar, a nivel internacional, aliados para enfrentar a China, además de, en el caso de India, debilitar al grupo BRICS+.
Con Rusia, creyeron que mediante la guerra «por encargo» que provocaron, ─utilizando a Ucrania como carne de cañón─, los sabotajes a los gasoductos Nord Stream 1 y 2, y la serie de sanciones económicas, comerciales y financieras que le impusieron, esta se debilitaría al grado que sería relativamente fácil neutralizarla y controlarla.
La falla en los cálculos y expectativas con respecto a Rusia ha mostrado el fracaso de esa estrategia y como de esa guerra Estados Unidos busca sacar alguna
ganancia, surgió el aparente interés de abogar por la paz en Europa ─aun contra la opinión de sus socios de la OTAN─ y cobrarle a Ucrania la «ayuda» proporcionada.
Por otro lado, con la mayor hipocresía y cinismo continúan atacando a Yemen y apoyando a Israel en su genocida guerra contra los palestinos, ya que estos son militarmente débiles y porque, además, en su delirio por controlar el Medio Oriente, su territorio es codiciado por los yanquis y los sionistas.
En el fondo, el proyecto de Trump obedece a los designios del gran capital que considera el poderío militar y económico de Estados Unidos como una garantía para mitigar los impactos de una crisis cuyos efectos tienen al capitalismo en un proceso de decadencia del que, debido a las leyes objetivas que operan en ese sistema, no podrán escapar.
Para sustentar sus objetivos, ambiciones y lograr cierto apoyo interno, Trump, a la vez que amenaza e impone sanciones, no deja de culpar a otros por los problemas que tiene su país, los que, por cierto, son producto del sistema económico, político y social en el que han vivido siempre, cuyas contradicciones conducen a crisis cada vez más graves y complejas, mismas que intentan superar del modo que siempre lo han hecho: trasladando los costos y las más graves consecuencias hacia otros pueblos.
Solamente que en esta ocasión la oposición a las acciones y deseos imperiales es diferente en actitudes y fortalezas.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Ilustración de portada: Donald Trump. | Caricatura: Donkey Hotey / Flickr.
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