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Joaquín Berruecos
Miércoles 9 de julio de 2025
A los investigadores del GECI, que trabajan por nuestras islas
Ahora que se anuncia de nuevo la que, probablemente, será una de las peores llegadas de sargazo a las costas mexicanas, les comparto este texto sobre un tema del que comencé a escribir al inicio del sexenio pasado.
El mar de los zargazos
En griego mar abierto se dice piélago, de ahí deriva el término pelágico, los biólogos se refieren así a las especies que se encuentran en la columna de agua, sin estar en contacto con el fondo marino.
En su camino hacia América, las antiguas naves portuguesas se toparon con una enorme cantidad de algas, los tripulantes observaron en ellas unas vejigas infladas con gas, y como parecían racimos de uvas, les pusieron un nombre similar al de una vid que cosechaban, llamada salgazo.
En alguna época lejana, ciertas especies de algas costeras adheridas a las rocas se desprendieron y, con el tiempo, se fueron adaptando a la vida pelágica flotando por los océanos. Así, se conformó el Mar de los Sargazos, un enorme conglomerado de vida que siempre ha intrigado a los marineros. Actualmente, por su importancia ecológica, es un tema bien documentado en la literatura especializada. Situado en el Atlántico Norte, se calcula su cobertura en una superficie equivalente a un tercio del tamaño de los Estados Unidos. Este universo marino es refugio y parte del hábitat de muchas especies, 10 de ellas endémicas: cierto tipo de camarones, diversos peces, anémonas, sanguijuelas y caracoles, son seres que sólo existen en esta parte del mundo. Se habla de por lo menos 127 especies de peces y unas 145 de invertebrados, viviendo asociadas a los sargazos. Es un misterioso mundo marino que también suele aparecer en ciertas obras clásicas de escritores, como Julio Verne, Arthur C. Clarke, Ernesto Sabato y Julio Cortázar, entre otros.
Un nuevo mar de los sargazos
Desde el año 2011 se detectó en el Atlántico, entre Brasil y África, la formación de una nueva y enorme biomasa que fue creciendo, de manera alarmante, hasta formar un descomunal conglomerado de muchos millones de toneladas. Ahora, hay estudios que demuestran cómo parte de ese sargazo está invadiendo las costas del sureste mexicano, además se ha establecido que, durante su viaje en dirección al Caribe, cada 18 días se puede llegar a duplicar su volumen, y éste es un hecho preocupante. En los medios de comunicación comienzan a surgir cantidad de opiniones sobre su origen, los riesgos, los posibles remedios y, claro está, los efectos económicos, ecológicos, políticos, sociales y quizá, hasta catastróficos que podrían surgir. También han aparecido ciertas personas dando explicaciones sobre los factibles “aprovechamientos de la coyuntura”. Pero, sea como sea, el tema se ha convertido en un asunto de interés y preocupación en los ámbitos nacional e internacional.
De la negación al voluntarismo
De lo consultado sobre el tema, el trabajo que me pareció más completo y sobre todo serio, fue el de mi querido amigo el Dr. Alfonso Aguirre, un notable oceanólogo, doctor en Estudios Regionales y Desarrollo Sustentable y director, durante 15 años, del importante Grupo de Ecología y Conservación de Islas, GECI.
Durante mucho tiempo, Alfonso ha realizado proyectos de investigación en las islas y los mares de México, esto explica la cantidad de reconocimientos que ha recibido en el área ecológica, como el importante Premio MIDORI a la Biodiversidad y recientemente el reconocimiento de la ONU por su “Proyecto emblemático, decenio de la restauración”. Son notables los logros científicos alcanzados, en conjunto con otros investigadores del GECI, para la recuperación de las islas de nuestro país, considerados un ejemplo a nivel mundial.
En los intensos viajes compartidos con Alfonso, mientras realizábamos diversos documentales para el GECI, nuestras pláticas sobre aspectos oceánicos han sido muy enriquecedoras y, por supuesto, hemos discutido el caso de los problemas derivados del sargazo. Él tiene muy claro cómo abordar los temas, analiza en detalle las múltiples aristas de los conflictos ecológicos, entiende por dónde se deben priorizar ciertas acciones y cuáles son las diversas circunstancias existentes.
Siempre citando las fuentes científicas especializadas, durante años, Alfonso ha recopilado y organizado información pertinente para el caso del sargazo, por todo esto considero, bien puede orientar a los lectores interesados sobre este serio conflicto ambiental. Su ensayo “El Sargazo en el Caribe Mexicano: de la Negación y el Voluntarismo a la Realidad», (publicado en la Gaceta Digital de Ceiba) es muy recomendable. Quienes lo lean, entenderán cómo este trabajo puede ser un punto de partida importante para facilitar a los científicos y a la población, la discusión sobre las dimensiones del suceso, ya sea en seminarios o conferencias de buen nivel, enfocadas a difundir y divulgar temas vinculados al problema de tan peligrosa invasión pelágica.
Con base en su trabajo, les comparto algunos de los datos y reflexiones que más llamaron mi atención, además, van también otras cuestiones recabadas en algunos centros CONACYT, a lo largo de nuestra producción documental.
Estudiar el problema energético
Hace más de 15 años, cuando nos adentramos en el quehacer científico de varios de los Centros de Investigación CONACYT, para producir una serie televisiva de divulgación científica, hicimos un amplio registro acerca de algunos de sus proyectos. Para descubrir la sorprendente cantidad y diversidad de temas de estudio e investigaciones que se estaban llevando a cabo, nos encontramos con decenas de científicos interesados en plantear nuevos enfoques teóricos y prácticos para producir energéticos sustentables, y un ejemplo de ello fue la investigación en la producción de combustibles renovables y alternativos como el biodisel.
En el CICESE, el centro ubicado en Ensenada, Baja California, entrevistamos a varios de los investigadores que trabajaban con diferentes métodos orientados a obtener biocombustibles, a partir de materiales orgánicos y desechos industriales, un tema que, cuando surgió el problema del sargazo, podría cobrar cierta importancia. La Dra. Pilar Sánchez Saavedra, del Departamento de Acuicultura de esa institución, afirmaba “no pasará mucho tiempo para que las microalgas sean un material alternativo en la producción de energéticos”, nos comentó cómo una hectárea de producción de microalgas se pueden obtener hasta mil litros de aceite, cuyo precio en el mercado es de 140 dólares por tonelada. Como lo dijo la Dra. Idania Valdez Vázquez, “aunque no es la panacea, el uso del biodiesel extraído de grasas y aceites vegetales y los alcoholes obtenidos en los procesos de fermentación de cualquier biomasa rica en carbohidratos, podrían contribuir, algún día, a mejorar el medio ambiente».
El Dr. José Hernández Barajas del CIATEC, otro de los centros, ubicado en Guanajuato, expresó, “los voluminosos y desagradables desechos de la industria de la curtiduría, pueden ser una buena materia prima para la producción de biodiesel”, y destacó como parte de su labor el enfoque social, “Nosotros como centro de investigación público, tenemos la obligación de proponer soluciones a los problemas de la sociedad”.
El tema del cambio climático obliga a pensar en nuevas fuentes alternas de energía, y desde hace tiempo, se determinó que el metano, el etanol y el hidrógeno son combustibles un poco más amigables con el medio ambiente, de hecho, ya existen ejemplos exitosos para su producción con técnicas renovables relativamente económicas, extraídas a partir de desechos de origen vegetal.
En la UNAM, a los químicos nos enseñaron un proceso denominado transesterificación
y su reacción inversa, la metanólisis, así se puede obtener biodiesel, es una técnica muy antigua utilizada desde la Segunda Guerra Mundial, patentada por la empresa Colgate, en 1950.
Cuando comencé a escribir sobre este tema, ya corrían varias investigaciones dedicadas a la producción de biocombustibles, donde las algas comenzaban a percibirse como una posibilidad. Recientemente, al investigar sobre la producción de biodiesel con aceites vegetales y al aparecer en el escenario las enormes cantidades de sargazo, muchos especialistas reorientaron su mirada hacia esa posible materia prima como fuente para buscar nuevas opciones para producir energéticos.
Otras propiedades de las algas
También es interesante saber cómo algunas macroalgas poseen compuestos con ciertas propiedades que pueden ser muy atractivas para el mundo farmacéutico, por ejemplo, hay quienes consideran que el Fucoxanthin, sustancia obtenida de estas plantas, “es muy importante como antioxidante, antiinflamatorio, anticanceroso, antiobesidad, antidiabético, antipalúdico y con efectos positivos en el hígado, los vasos sanguíneos, los huesos,
la piel y los ojos”.
Ahora que, desde el nuevo gobierno, se plantea un importante enfoque en cuanto a la posible colaboración con las compañías privadas, y pensando en la necesaria soberanía farmacéutica del país. ¿No sería interesante, en medio de tanta masa orgánica invadiendo nuestros mares, que surgiera una decidida participación del Estado en la formación de profesionales dedicados a este tipo de investigaciones? ¿No sería posible encontrar inversiones públicas y privadas en estos rubros orientados a la salud? ¿Podríamos contar, algún día, con una industria farmacéutica comprometida con las necesidades nacionales?
Desde hace años, el tema del arribo del sargazo fomenta el interés económico en varias áreas de oportunidad farmacéutica, solo como ejemplo, es interesante saber que unos 20 miligramos del Fucoxanthin cuestan en el mercado 150 dólares. Este carotenoide marino se encuentra principalmente en algas pardas y en algunas microalgas, y tiene como ya mencioné, importantes propiedades bioactivas. Además, algunos investigadores aseguran que las algas también son de interés para otras industrias prioritarias, como la de los fertilizantes, la construcción, la alimentaria y hasta en la fabricación de cosméticos. En todos los casos, aún hace falta invertir mucho tiempo, recursos y hasta imaginación, para contar con datos veraces y concluyentes sobre las posibilidades de una explotación comercial del Sargazo.
Lo voluntarista
Como lo señala Alfonso Aguirre en su artículo, ahora también abundan las acciones voluntaristas de diversos emprendedores, buscadores de aplicaciones comerciales “innovadoras”, a partir de la posible explotación del sargazo: materiales de construcción, fabricación de zapatos, papel artesanal, colores y, especialmente del biogás. Pero, ante tanto entusiasmo, se debe considerar que, para poder efectuar las mínimas fases de investigación, incubación, desarrollo, operación y luego ponerse a regular y producir a gran escala, es necesario contar con subsidios gubernamentales y/o inversiones privadas, además, debe tomarse en cuenta que todas estas iniciativas, por muy buenas que parezcan, no resuelven el problema de los enormes volúmenes de sargazo ya presentes en las playas mexicanas.
¿Nos llegó el oro rojo?
El miembro del Instituto Politécnico Nacional Luis Raúl Tovar Gálvez afirma: “lo que hoy parece un problema terrible y pavoroso puede ser una fuente importante de riqueza”. Existe la sensación de que el sargazo invasor puede ser muy valioso para producir gas natural (metano), pues se calcula que con una tonelada de sargazo se podrían obtener entre 80 y 100 metros cúbicos de biogás. Incluso, el Dr. Tovar considera “es importante construir en el estado de Quintana Roo plantas de procesamiento de materia orgánica”. En esos estudios, también se afirma que para procesar unas 150 toneladas al día se requiere de cierto equipo cuyo costo es de unos 22 millones de euros, y evidentemente habría que resolver algo crucial… ¿De dónde saldrían esos recursos? ¿Se podría pensar en la participación de la iniciativa privada o del Estado? El Dr. Tovar cita un ejemplo exitoso en Holanda, donde, desde hace tres décadas, opera una planta digestora de residuos orgánicos procesando 40 mil toneladas al año y genera cerca de 2.8 millones de metros cúbicos de metano. El ingreso bruto del negocio es de cuatro millones de dólares anuales, y el monto de retorno de inversión obtenido al año es cercano a los 900 mil dólares.
En general, todas estas aseveraciones de éxito suenan bien, pero si se piensa en la posibilidad de trasladar la idea al caso actual del enorme volumen de sargazo que arriba al Caribe, antes, debería calcularse cuál es el tamaño real del problema. Se estima que el “Gran Cinturón Atlántico de Sargazo” puede alcanzar hasta 20 millones de toneladas en años pico, según estudios satelitales (como los citados por el Dr. Alfonso Aguirre). Pero, ese volumen no representa lo que llega a México: En 2024 se detectaron 60 mil toneladas y en el año 2025, según lo informó la secretaria Alicia Bárcena, el sábado pasado, al periódico La Jornada, ahora son más de 80 mil toneladas. Esta diferencia de escala es fundamental para entender la dimensión logística y económica del reto.
Dicho eso, si se usara la estimación global de 20 millones de toneladas y se hicieran cálculos gruesos, en México existiría materia prima suficiente para nutrir unas 400 plantas como la holandesa, mismas que, para construirse, requerirían de una inversión de casi 9 mil millones de euros. No es posible resolver el conflicto tan fácilmente, porque habría que considerar el tema de los muchos desechos industriales. El problema es que el sargazo no está a la mano, debe tomarse del mar y trasladarlo a la planta en cuestión, situación que se vislumbra, si no imposible, realmente muy compleja.
¿Es posible procesar el sargazo?
¿Qué tanto son 20 millones de toneladas de sargazo? En su artículo, Alfonso Aguirre nos ofrece información relevante, y nos hace reflexionar: el volumen de la captura pesquera anual nacional, (la del año 2019) según informa CONAPESCA, llegó a los 2.16 millones toneladas, o sea una cantidad 10 veces menor que la del volumen de sargazo. Es necesario dimensionar correctamente cuál es el esfuerzo humano requerido para que, año con año, se lleve a cabo la colecta pesquera. Solo en el 2017 se requirieron 2,020 embarcaciones de altura y 74,286 ribereñas, en ellas participaron unos 295 mil trabajadores especializados. Para poder alcanzar este nivel de producción pesquera, se ha transitado por una larga y esforzada curva de aprendizaje, que, en México, lleva más de 80 años.
Además de la posible extracción y el costo del procesamiento del sargazo, con el manejo de sus desechos, resulta obvio, primero, habría que estudiar a fondo las propiedades industriales de las 2 variedades de algas que están arribando a México (en el mundo existen unas 400), y entonces nos deberíamos preguntar: ¿serán semejantes las algas mexicanas a las que nutren los biogestores holandeses?
Para responder a todas estas incógnitas, es necesario hacer muchas investigaciones interdisciplinarias y las deben realizar químicos, biológos y hasta economistas bien preparados, entre otros especialistas. Estas reflexiones, son apenas algunas de otras muchas que un día también pueden ser prioritarias.
Es evidente que se necesitará mucha más investigación e información, solo para poder estimar lo complicado de intentar siquiera, procesar una décima parte del enorme volumen de algas que ya están inundando las playas del Caribe mexicano. Deberíamos aceptar, con humildad la complejidad de este fenómeno que, desde el año 2011, nos tomó por sorpresa.
Las posibles causas
Hay tantas teorías como controversias sobre las causas del fenómeno. Comúnmente, como si fueran eventos aislados, aparecen notas en los medios de comunicación enfocando sus baterías, con poca información, hacia algunos de los problemas. En La Jornada del sábado pasado se advierte de la descomposición del sargazo cuando llega a la playa y se vuelve tóxico; hay investigaciones que atribuyen la formación del nuevo mar de los sargazos a un exceso de nutrientes vertidos en el mar, derivado de actividades agrícolas brasileñas; otras han dicho que la causa fue un derrame petrolero, y que la marea negra fomentó que unos microbios consumidores de petróleo, ocasionaron la excesiva reproducción del sargazo; otros científicos atribuyen su incremento al cambio climático, por el aumento en la temperatura de las aguas; también se dice que los vientos provenientes de los desiertos del Sahara africano, llevan polvos nutrientes de las algas pelágicas… Pese a los promotores y detractores de estas tesis, es evidente que aún seguimos situados ante un serio problema necesario de estudiar, analizar y comprender más a fondo.
Los efectos
Como bien lo apunta Alfonso, es evidente la posible afectación económica en el campo del turismo, además, no hay que olvidarlo, el fenómeno puede ser nocivo para los ecosistemas costeros, los arrecifales, los pastos marinos, los manglares, la pesca y hasta para la salud de la población ribereña. La Dra. Brigitta Ine Van Tussenbroek, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, ICML, de la UNAM, piensa en la combinación de diversos factores que dan lugar a una descomposición letal del sargazo, se libera ácido sulfhídrico, fósforo, nitrógeno y metales pesados, con el evidente deterioro de la calidad del agua debido a cambios en su concentración de oxígeno, esto atenta contra peces, tortugas y pulpos, “el impacto sobre el equilibrio en las playas mexicanas se puede extender hasta por 60 años”.
A manera de conclusión
Es evidente la urgencia de profundizar la discusión, de convocar al gremio científico especializado, a los que atienden al turismo, a los verdaderos ecologistas, e incluso a quienes, con su visión optimista, intentan resolver el problema, pensando que el mar, nos ha regalado un tesoro rojo, listo para ser aprovechado. Quizá esta poderosa arribazón, puede ser una opción para fondear recursos económicos destinados a mejorar las investigaciones científicas, con la necesaria participación de biólogos, químicos, oceanólogos, ambientalistas, políticos, comunicadores, ingenieros, economistas, divulgadores del conocimiento, entre otros muchos especialistas, todos decididos a entrarle de lleno al problema.
Es momento de estudiar a fondo las variables implícitas y trabajar para diseñar y optimizar las acciones a seguir, porque estamos ante un reto que nos obliga a imaginar espacios de reflexión, a convocar a los hombres de ciencia comprometidos con los problemas de la sociedad, a quienes dediquen su inteligencia a encontrar soluciones, porque es evidente que seguirán apareciendo nuevas circunstancias peligrosas que compliquen, aún más, la existencia de nuestro planeta, al que hemos expuesto y convertido en algo cada vez más frágil y cambiante.
Tlalpan, CDMX
7 de julio del 2025
Referencia:
Aquí les comparto la liga del excelente trabajo de mi querido amigo: “El Sargazo en el Caribe Mexicano: de la Negación y el Voluntarismo a la Realidad”, un texto del Dr. Alfonso Aguirre.
Fotos de portada e interiores: Vía Joaquín Berruecos.
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