SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 11 de julio de 2025
Pareciera que el aprendiz de «gran dictador» y su corte han tomado muy en serio eso del Destino Manifiesto. Se sienten amos y señores del planeta y con la mano en la cintura definen y deciden quien cumple o incumple con las reglas del juego ─impuestas por Washington─ y quien es o no es terrorista.
Como se sabe, a raíz de los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono (11-09-2001) el gobierno de Estados Unidos responsabilizó a Al-Qaeda de esos actos terroristas y utilizó tal argumento para, unos meses después, invadir Afganistán.
Recientemente, el pasado 7 de julio, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dio a conocer la revocación de la calificación como Organización Terrorista Extranjera a una rama de Al-Qaeda que operaba en Siria, la que tomó el poder el pasado mes de diciembre. Tal facción ─originalmente Frente Al-Nusra, que después adoptó el nombre de Hayat Tahrir al-Sham─ se desvinculó de Al-Qaeda en 2016 y con apoyo de Estados Unidos continuó con sus acciones terroristas hasta que en alianza con la oposición derrocaron al gobierno sirio.
Ahora, a esa facción que perteneció a Al-Qaeda y que continúa ejerciendo el terror en Siria, le retiran la calificación de terrorista por el hecho de que se convirtió en aliada de Washington. Tal proceder del gobierno estadounidense muestra de cuerpo completo el cinismo y la hipocresía con que se conduce el imperialismo yanqui que, como también es conocido, ha impulsado, entrenado y financiado a varias organizaciones terroristas, a las que ha utilizado ─y utiliza─ contra quienes considera sus enemigos o contra quienes no se pliegan a sus designios, comportamiento que lo convierte en el mayor terrorista del planeta.
Tal conducta, cínica e hipócrita, se confirma con hechos como el apoyo con armamento y logística al genocida Netanyahu para masacrar a los palestinos en Gaza y atacar a Irán; el reciente bombardeo de Estados Unidos a instalaciones nucleares civiles en Irán, la guerra contra Rusia, delegada a Ucrania por Estados Unidos y la OTAN y; quizá lo más contradictorio y absurdo: la designación de Cuba como país promotor de terrorismo y la agresión y el acoso, crecientes y sistemáticos, del imperialismo yanqui que busca crear las condiciones que desemboquen en la derrota de la Revolución; cuando los contingentes de cubanos al extranjero van uniformados con batas blancas y armados de un amplio conocimiento en medicina y una inmensa solidaridad y amor para quienes por diversas razones carecen de esa vital atención.
La saña de la genocida política yanqui contra Cuba se debe al mal ejemplo de la Revolución que cundió en diversos grados en muchos pueblos del mundo, sobre todo de Latinoamérica y el Caribe, Asia y África, ejemplo que echó por tierra la invencibilidad yanqui, por lo que ahora son cada vez más los pueblos que defienden y demandan respeto a su soberanía y son los que en diferentes grados de intensidad y de diversas maneras padecen la injerencia y el acoso del imperio del norte.
Así, según los que se sienten amos del mundo, los «buenos» son quienes envían tropas, armamento, agreden y crean conflictos en diferentes partes del planeta, y sus aliados o incondicionales; y los «malos» son quienes se resisten al dominio, defienden su soberanía e independencia, practican la solidaridad y promueven la paz.
Y como cereza del pastel: el terrorista y genocida primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha propuesto para el Nobel de la Paz a su proveedor de armamento y protector, el también genocida y terrorista Donald Trump, presidente del país que más promueve y ejerce el terrorismo en el mundo.
Todo esto sucede en un contexto de gran tensión internacional, originado por los intentos y el empeño del imperio por frenar su decadencia y recuperar la hegemonía que alguna vez les hizo creer que eran los amos del mundo, cosa que nunca sucedió, ni sucederá.
Ante tal situación, la defensa de la soberanía, nacional y popular, la cooperación y la solidaridad adquieren especial importancia para los pueblos que aspiran a ser libres, independientes, forjadores de su propio destino y a tener la oportunidad de construir un mundo mejor, lo que, además de posible, es necesario.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Ilustración de portada:
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