SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey* / SomosMass99
Viernes 1 de agosto de 2025
El fracaso del neoliberalismo en encontrar una salida a la crisis que desde los últimos años de la década de los sesenta del siglo pasado vive el sistema capitalista, la que a la par del surgimiento de nuevos y la agudización de viejos problemas ─económicos, comerciales, sociales, políticos, y de diversa clase, pues se trata de una crisis estructural─ se ha reflejado, además, en el debilitamiento de la hegemonía de la principal potencia del sistema, Estados Unidos, país que con la segunda llegada de Trump a la Casa Blanca ha desplegado una política exterior plagada de supremacismo, racismo y expansionismo que ha alterado sensiblemente la tensión en la situación internacional actual.
Tal política se sustenta en una serie de amenazas, sanciones comerciales y de otro tipo que el gobierno de Donald Trump lanza a diestra y siniestra contra casi todos los países ─incluso a sus «aliados» y sus «socios» comerciales─ para que le «devuelvan» al suyo lo que le han «robado».
Bajo la premisa de America First (Primero Estados Unidos) y con el argumento de que el mundo se ha aprovechado de ellos y, por lo mismo, es el causante de sus problemas, carencias, contradicciones y la disminución de su hegemonía, esa política pretende que el planeta entero cubra los costos de la recuperación de su «grandeza» y le facilite el dominio geoeconómico y geopolítico al que aspiran para cumplir con su «Destino Manifiesto».
Además, parte importante de la estrategia yanqui es el debilitamiento y la derrota de China, cuyo desarrollo económico, industrial, científico, tecnológico, comercial e incluso militar lo ha convertido de competidor en enemigo de Estados Unidos. Con ello busca también la fractura del grupo BRICS+, que promueve entre sus miembros la cooperación, la complementariedad y el multilateralismo, inadmisibles para los objetivos imperiales.
Como complemento de las amenazas y sanciones, Estados Unidos utiliza el chantaje. Después de amenazar y sancionar practica el chantaje para obtener ventajas, generalmente mediante «acuerdos» bilaterales que operan siempre en su favor.
Para llevar a cabo su estrategia de dominio mundial el imperialismo estadounidense necesita, al menos, asegurar la posesión y suministro de una serie de recursos estratégicos que le permitan ciertos niveles de estabilidad y seguridad para enfrentar al resto del mundo, por lo que le urge tener el control y sumisión de los países de este continente, sin lo cual sería imposible realizar su obsesivo sueño del Destino Manifiesto.
Esa necesidad explica las constantes amenazas y la agresividad contra países que en Latinoamérica y el Caribe tienen gobiernos de izquierda, progresistas o que en defensa de su soberanía simplemente se nieguen a cumplir cabalmente las reglas que impone el imperio.
En nuestro país, además del abierto injerencismo que en apoyo a la derecha y en defensa de los intereses del capital monopolista de Estados Unido practican desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador varios organismos y agencias del gobierno y la derecha yanqui, cuyo objetivo es desacreditar al gobierno y crear las condiciones para un cambio de régimen, esa política se refleja en una serie de amenazas, sanciones comerciales, presiones diplomáticas con argumentos relacionados con temas como la migración, el agua, narcotráfico, crimen organizado, etcétera.
Ante el continuado injerencismo, las amenazas, sanciones y presiones de Estados Unidos, ni el gobierno ni el pueblo mexicano deben permanecer expectantes o responder solamente con declaraciones. Es urgente y necesario preparar respuestas y acciones que enfrenten, contrarresten y eliminen los efectos que tal política causa.
Para enfrentar la actual ofensiva del imperialismo estadounidense es imprescindible la unidad. No la unidad por convocatoria, desde arriba, sino la que derive de la conciencia y organización en los diferentes segmentos de nuestro pueblo, sin cuya participación cualquier intento o esfuerzo por defendernos del imperialismo será infructuoso.
Conviene tener presente que por cuestiones de «diplomacia» habrá aspectos de respuestas o acciones en las que el gobierno muestre cierta mesura, a lo que, actuando con objetividad, no estará obligado el pueblo.
Cabe aclarar que la solución al ambiente de tensión que a nivel internacional ha provocado el gobierno de Estados Unidos no se dará con que el mundo ceda a las pretensiones del imperialismo yanqui ─lo que, de hecho, agravaría la situación─ ni con el retorno a tiempos y formas anteriores en que se desarrollaban las relaciones económicas y comerciales entre los países, porque se daban en el contexto del capitalismo y la actual situación es producto de las contradicciones de ese sistema. Por ello, las medidas y acciones para responder y enfrentar la política desplegada por este país serán efectivas en la medida que su contenido sea anticapitalista; por tanto, antimperialista.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato.
Imagen de portada: Ala norte de la Casa Blanca, residencia oficial del presidente de Estados Unidos. | Foto: Wikimedia Commons.
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