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Por un México Justo, Libre y Soberano*
Martes 12 de agosto de 2025
La Cuarta Transformación representa un gran avance en la dirección de una patria libre, justa y soberana. Los cambios que se han producido a partir de gobierno democrático popular de Andrés Manuel López Obrador y ahora con la presidencia de Claudia Sheinbaum Pardo son indiscutiblemente favorables a la nación y a la absoluta mayoría del pueblo. El país es ahora diferente, durante muchos sexenios, particularmente en los treinta y seis años de los gobiernos neoliberales con el trabajo de todos, o sea con los recursos de la nación se beneficiaba a una minoría y particularmente a la oligarquía, la que ya entonces poseía gran parte de la riqueza nacional.
Ahora durante el proceso de la cuarta transformación ya no son los segmentos sociales pudientes quienes se ven beneficiados con el desarrollo nacional, sino que se ha revertido aquella política, lo que permitió sacar a 11 millones de mexicanos de la pobreza y reducir la desigualdad. Las clases populares y las regiones más atrasadas son las que en nuestros días reciben los principales apoyos gubernamentales. Pero precisamente por ello, el movimiento popular y las corrientes progresistas y de izquierda que ahora gobiernan y que son ambos los impulsores de dicha transformación, enfrentan ataques internos e internacionales, lo que representa claramente la reacción de los segmentos más conservadores de México y EUA, así como de otros países. Lo que obviamente pretenden dichas fuerzas reaccionarias es frenar y revertir los cambios progresistas que están en marcha en nuestro país, preservar los privilegios de la minoría por encima del bienestar de toda la población y evitar que lo alcanzado aquí represente un ejemplo de que es posible vivir con equidad y sin grandes desigualdades, tanto en las naciones de América como en el mundo.
En México la alta burguesía y en particular su segmento más poderoso: la oligarquía, ostentan lo fundamental del poder económico y cuentan todavía con importantes bastiones del poder político, ideológico y mediático. Sin embargo, el entusiasmo que genera entre algunas fuerzas progresistas los cambios que se están produciendo en los últimos años a favor del pueblo y la nación, suelen obnubilar el hecho que bajo el capitalismo mexicano la burguesía y particularmente su estado mayor la oligarquía siguen siendo la clase social dominante: ostentan la propiedad del grueso de los medios de producción industriales, agrícolas y la pujante agroindustria; poseen la mayor parte del sistema bancario y financiero, también del comercio y los servicios y controlan los instrumentos de información, amén de que cuentan con lo principal del control y la propiedad de las técnicas y tecnologías más avanzadas, la mayoría importadas.
Lo que se ha logrado ahora para contener la corrupción, el influyentismo y el abuso de los grupos de interés privado es muy importante. El proceso de la transformación avanza y se profundizan los cambios que contrastan con la utilización que se hacía de los recursos nacionales por parte de algunos consorcios monopolistas y de altos funcionarios públicos que cobijaron el enriquecimiento de grupos dedicados a apropiarse de los recursos públicos a través del influyentismo entre privados y gobiernos.
Sin embargo en este proceso de transformación debe no perderse de vista que las fuerzas antipopulares y antinacionales siguen contando con una presencia importante dentro del Estado y poseen herramientas de difusión que son realmente poderes fácticos. Esos medios de información o más precisamente de desinformación les permiten difundir a diario sus posiciones políticas e ideológicas con la finalidad de restituir la influencia incontrastable de antaño; particularmente en algunas regiones del país y en importantes segmentos de la población dicha influencia se alimenta a diario e influye en ciertas corrientes conservadoras de la burguesía y de las capas medias y, paradójicamente también sobre algunos estamentos populares.
En nuestros días sin embargo el grueso de clase social del proletariado —esto es, toda aquella población que al no ser propietario o usufructuario de las riquezas del país, para poder sobrevivir tiene que vender su fuerza de trabajo. Esta clase incluye a la casi totalidad de los trabajadores asalariados del campo y la ciudad y conforme los rápidos cambios en el capitalismo moderno tendríamos que considerar otro tipo de trabajadores como gran parte de los vinculados a los servicios, el comercio informal o los que ahora trabajan por medio de aplicaciones digitales etcétera— ellos son ya mayoritariamente la base social principal del movimiento popular que sustenta e impulsa la cuarta transformación. En dicho movimiento social también habría incluir una parte significativa de la llamada clase media ilustrada, de estudiantes y profesionistas, así como una parte creciente de la intelectualidad y de la pequeña burguesía comerciante, transportista o propietaria de talleres artesanales y aún estamentos de la baja y mediana burguesía, inclusive algunos segmentos de la alta burguesía, los que si bien defienden sus intereses privados, piensan y se comprometen con sus trabajadores y con el país.
El conservadurismo vive hoy una condición políticamente disminuida en los planos ideológicos y político-electorales, ya no cuenta con la base social mayoritaria que controlaba y le servía de amplio apoyo en otros tiempos, ahora no están presentes aquellas condiciones de subordinación de la población hacia las clases pudientes y al Estado de entonces, lo que fue posible por los bajos niveles de conciencia y organización de la gente.
Todo eso fue cambiando en las últimas décadas: se acrecientan las luchas sociales y políticas, aparecen fisuras cada vez más grandes en el sistema político mexicano y crece un movimiento popular cada vez más independiente. A partir del gobierno de López Obrador las fuerzas de la reacción han intentado obstaculizar y revertir los cambios en marcha, sin embargo, el pueblo y el actual gobierno democrático popular han sabido, hasta nuestros días, enfrentar a dicha oposición de derecha e imprimirle derrota tras derrota durante los últimos años.
Una nueva y más violenta ofensiva del imperialismo
En lo que va de este año de 2025 la nueva política escandalosa y agresiva desplegada por el gobierno estadounidense bajo la presidencia de Trump, revela la declinación de su hegemonía totalitaria. Pero por ser la potencia financiera y militarmente más poderosa, su actitud casi desesperadamente beligerante representa graves amenazas y a la vez ha generado una situación política más compleja en el mundo y también en México.
La debilitada oposición de derecha en nuestro país, al estilo de los conservadores de la época de La Reforma durante el siglo XIX, hoy viajan por el mundo en búsqueda del apoyo de las fuerzas internacionales de la derecha. En otros países y gobiernos y en foros extranjeros frecuentemente encuentran un apoyo que no tiene en México. Algunos gobiernos y fuerzas conservadoras y aun fascistas usando los medios a su alcance desacreditan y deforman los avances y los logros de los gobiernos de López Obrador y de la presidenta Sheinbaum y se suman a la campaña negra contra México que pretende revertir el proceso de transformación que vive nuestro país.
La situación política es complicada para México. Nuestro país se desenvuelve en un marco de contradicciones internas e internacionales entre las que tienen que navegar la acciones económicas, sociales, políticas y diplomáticas del gobierno progresista de Sheinbaum. El capital extranjero y particularmente los grandes consorcios monopolistas se interesan cada vez más en invertir en México, lo que produce crecientes beneficios para regiones y trabajadores. Dichos capitales foráneos lo hacen ahora por la nueva situación económica y política generada por el rompimiento de las cadenas de valor y suministro en el curso de la pandemia y sobre todo posterior a ella.
Ahora no solo quieren restablecer dichas cadenas de valor, sino con la relocalización de la producción, tiene ahora el objetivo de acercarse al país principal consumidor mundial de bienes de consumo final (o sea del sector II de la producción) EUA; así como asegurar sus capitales para tratar de blindarse ante las próximas catástrofes que seguramente aparecerán por la devastación del medio ambiente, el cambio climático y consecuentemente las zoonosis y la proliferación de nuevas enfermedades autoinmunes.
El propio capital extranjero también se ha mudado a México como producto de la presión de EUA para sacarlo de Asia fundamentalmente por la contienda económica mundial que enfrenta a EUA y a las potencias capitalistas occidentales con los países integrantes de los BRICS y particularmente con China. México tiene un tratado comercial con América del Norte que facilita el intercambio en estos grandes mercados y ofrece la vecindad con los EUA. Pero además México es un excelente destino de la exportación mundial de capitales porque nuestro país cuenta con grandes avances económico-sociales, de infraestructura, estabilidad y desarrollo, logrados particularmente en el último lustro y porque nuestro país es de los que mejor sortearon la pandemia del covid 19 y aun salieron fortalecidos de ella, sin deudas exorbitantes, contrario a lo sucedido a la mayoría de los países capitalistas desarrollados.
México es, territorial, socialmente y desde el ángulo del desarrollo alcanzado y de su infraestructura, transporte, así como de la preparación actual de su fuerza de trabajo, un destino ideal del capital extranjero, pero también es un territorio en disputa. Las fuerzas políticas de derecha en México, EUA y Europa sustentadas en dichos capitales monopolistas nacionales y trasnacionales, atacan al gobierno actual e inventan una situación de ingobernabilidad que no existe. A través de sus medios de información, denigran constantemente al gobierno mexicano y a la sociedad de nuestro país con noticias falsas y un inexistente autoritarismo que según ellos ahoga a la oposición.
Lo que pretenden con esas campañas sucias es un gobierno mexicano a modo como los que antecedieron a la cuarta transformación. A través de sus poderosos medios internacionales de información más ultraconservadores y algunos francamente fascistas, difunden en el extranjero un México violento, con un gobierno autoritario, sin instituciones fuertes, controlado por el narcotráfico y el crimen organizado, corrupto y cuya población vive en la zozobra.
La mejor muestra de que dicha visión de México y de nuestro pueblo se cae por su propio peso, es que, hacia nuestro país han migrado en los últimos años centenares de miles de estadounidenses, sobre todo después de la pandemia, hasta representar ya más de un millón de residentes temporales y permanentes y decenas de miles de canadienses, latinoamericanos, europeos y asiáticos (documentados y también muchos de ellos indocumentados). Según encuestas diversas, una porción mayoritaria de estos migrantes acepta haber sido bien acogidos por el país y por nuestros connacionales y una mayoría dice sentirse libres y no pocos aceptan que viven mejor en México que en sus propios países de origen.
Pero a pesar de que México es un excelente destino, con una cultura excepcional en el mundo, que cuenta con un pueblo trabajador, acogedor de la migración y de las culturas diversas, así como un promotor mundial de la paz y de las buenas relaciones entre los pueblos, hoy se ciernen nuevas y más serias amenazas provenientes de fuerzas ultraconservadoras y fascistas que viven y actúan en México e igualmente en nuestro vecino del norte en donde son más poderosas, allá ganaron las elecciones presidenciales y del congreso y son las dominantes en algunas regiones de Estados Unidos.
Estados Unidos el principal problema de México
Durante los años sesenta del siglo XX viajó a México el brillante economista marxista Paul Sweezy fundador de la prestigiada revista socialista Monthly Review —la que por cierto después de 76 años se sigue publicando ininterrumpidamente—. Ya en México le pidió al pensador revolucionario mexicano Alonso Aguilar Monteverde, si le podía concertar una cita con el expresidente General Lázaro Cárdenas para entrevistarlo. Alonso Aguilar hizo la cita y narra que en el arranque de la entrevista Sweezy le plantea la primera pregunta: «Señor Cárdenas ¿cuál es el principal problema de México?» Y sin titubear y en el instante el General Cárdenas respondió «Estados Unidos». Ante esa fulminante respuesta, narró Alonso Aguilar: Paul Sweezy se reacomodó en su asiento y tomó rápidamente una pluma y su cuaderno de notas porque supo entonces que no estaba con un personaje político cualquiera.
Pues bien, la historia actual de la relación con el gobierno estadounidense confirma las palabras del General Cárdenas. Las relaciones con los gobiernos y los poderosos grupos económicos de los Estados Unidos y la extensa vecindad, han sido siempre sumamente difíciles para nuestro país. Diversos gobiernos mexicanos han fluctuado, entre el entreguismo —como fue el caso de los seis gobiernos neoliberales de finales del siglo XX y principio de éste— y el intento de una relación digna, lo que logra sortear el gobierno de Lázaro Cárdenas por un apoyo popular incontrastable entonces y por la enorme habilidad política de su presidencia. Sin embargo podemos contar con los dedos de una mano aquellos gobiernos que desde la Revolución Mexicana hasta recientemente lograron sortear dicha conflictiva relación con cierto decoro, pero que obviamente no consiguieron revertir la actitud prepotente imperialista.
La memoria histórica de los pueblos debe reforzarse, porque los gobiernos neoliberales lograron relativamente a través del sistema educativo y de otros medios ideológicos con los que cuenta como las iglesias, la prensa, la radio, el cine y la televisión, tratar de borrar la historia y ocultar la realidad. Las relaciones de México con los Estados Unidos, sus gobiernos y su oligarquía siempre han sido complejas. No hablamos de su pueblo, porque diversos sectores importantes de estadounidenses en diferentes momentos de la historia y en la actualidad ha expresado simpatía, apoyo y admiración por el nuestro pueblo y su cultura; muchos de ellos hoy acompañan a los migrantes latinoamericanos en su lucha contra las arbitrarias deportaciones del gobierno actual.
Sin embargo, existe una gran corriente de estadounidenses que han sido ideológicamente envenenados y aceptan los estereotipos imperialistas racistas y xenófobos forjados y difundidos por la derecha en aquél país. En esa dirección ideológica y política el nuevo gobierno de Donald Trump se ha tornado sumamente peligroso.
Los apetitos expansionistas de los Estados Unidos acompañan su historia de dos y medio siglos. Ahora gran parte de la población mundial y desde luego la mayoría del pueblo mexicano rechazan las políticas del gobierno de Trump, en gran medida por su estruendoso estilo agresivo de gobernar. Pero las agresiones a los pueblos latinoamericanos, asiáticos y africanos y desde luego a nuestro país y a nuestro pueblo, no son de ahora. México y los mexicanos, como gran parte del mundo subdesarrollado y no «caucásico» hemos vivido constantes vejaciones a lo largo de nuestra historia, ya sea con gobiernos demócratas o republicanos. Si bien ciertas corrientes del partido demócrata actúan de manera más tolerante ante ciertos asuntos sociales y algunos de sus miembros suelen apoyar causas progresistas, en el terreno de las políticas imperialistas, en el apoyo a las guerras y frente a los países pobres no se distinguen claramente, en gran medida porque la estructura del poder real en los Estados Unidos impide que los presidentes y legisladores actúen con base a su política preferida sino que deben funcionar acordes al régimen imperialista estadounidense.
El peligro ahora, es que las fuerzas imperialistas en Estados Unidos se han vuelto más agresivas puesto que experimentan serios problemas al estar perdiendo la hegemonía y el control mundial. China es ya en algunos aspectos económicos, sobre todo en el terreno de la producción, el país más poderoso del mundo, salvo en la industria militar y en el sistema financiero que son los dos pilares fundamentales los que depende principalmente el poderío de los Estados Unidos; los BRICS representan ya más de la tercera parte de la producción mundial, aproximadamente el 35%, mientras, combinando nuestros tres países firmantes tratado de América del Norte representan el 25% del producto mundial y la Unión Europea junto con la Gran Bretaña no llegan al 20%.
En esas condiciones EUA no tiene muchas opciones para evitar la tendencia al relativo y paulatino declive de su economía y sociedad. Conforme la nueva política proyectada por Trump y la oligarquía estadounidense, se ha decidido actuar ante todos los países del mundo con una política agresiva de elevación de aranceles, inclusive contra gran parte de sus socios de toda la vida y desde luego imponiendo unilateralmente castigos comerciales más severos a los países más débiles, o que cuentan con menos defensas, o que son considerados enemigos de los EUA, que casi siempre se refiere a quienes no se someten a sus reglas o que amenazan su hegemonía.
La defensa de la soberanía, eje de la estrategia actual para México y América Latina
El nuevo gobierno de los Estados Unidos parece haber decidido una política ambigua y engañosa hacia México. Sabe que el pueblo mexicano ha decidido llevar adelante una transformación de gran calado y disimula que no le importan más que las relaciones económicas, la contención de la migración, el combate a los cárteles mexicanos del narcotráfico y particularmente el tráfico hacia su país del fentanilo y otras drogas sintéticas, que matan decenas de miles de jóvenes estadounidenses cada año y otros temas con los que amenaza abierta y veladamente intervenir en México, todo ello con la finalidad de ganar consenso entre las fuerzas más reaccionarias en EUA y desestabilizar a nuestro país.
Sin embargo desde la llegada del gobierno de Trump se ha decidido atacar la relación con México pasando de una semana a la siguiente por diversos temas que el gobierno de Claudia Sheinbaum ha sorteado magistralmente. Empezó con la exigencia de contener la migración, de ahí pasó al asunto del fentanilo, del aguacate, el ganado, el jitomate, el impuesto a las remesas, luego la elevación de los aranceles al acero y el aluminio y luego los aranceles para los automóviles producidos fuera de los EUA, -en particular en este rubro definitivamente se afecta seriamente a México por ser uno de los diez principales países productores de vehículos a nivel mundial y que hoy cuenta con centenares de miles de trabajadores, una gran parte de ellos ingenieros y técnicos que quedarían sin empleo, además existen hoy ya centenares de empresas de autopartes, algunas subsidiarias de las armadoras y muchas otras de capital nacional que sustentan la producción de los vehículos de todo tipo—.
Además, las medidas arancelarias las aplicaran de manera diferenciada los diversos países en el mundo, pero en particular México a pesar de tener un tratado comercial con EUA, ha tenido que negociar constantemente; lo que ha exigido un gran esfuerzo al gobierno mexicano para sortear la política del gobierno estadounidense que premeditadamente cambia con frecuencia los criterios, de una semana a la siguiente.
Particularmente respecto a nuestro país, muy a su estilo, Donald Trump un día adula a la presidenta y al siguiente ataca ferozmente y denigra a nuestro pueblo migrante y al país, los acusa de delincuentes, narcotraficantes y hasta de asesinos; a la semana siguiente dice admirar a México y a su gobierno y presidencia y luego, ya sea en persona o a través algún miembro de su ultraderechista gabinete, dice que en la mitad de México domina el crimen organizado y luego acusa a nuestra presidenta de promover la violencia en las manifestaciones callejeras contra las ilegales deportaciones y luego suma a México a la lista de enemigos de los Estados Unidos junto con Irán, China y Rusia, solo por mencionar lo que nos afecte y que ha tenido que sortear nuestro gobierno, los empresarios mexicanos, los migrantes y gran parte de los México-norteamericanos en aquél país.
México como lo han declarado en varias ocasiones los diferentes gobiernos estadounidenses, es el país más importante del mundo para los Estados Unidos, lo cual nos obliga a pensar que conforme la lógica imperialista, o se somete o viviremos en constante asedio.
De parte del gobierno mexicano como del pueblo que lo respalda se ha decidido evitar lo que las fuerzas más reaccionarias de los EUA y de México quisieran: que se produjera una confrontación directa que le dé armas a las fuerzas imperialistas y fascistas para generar una desigual contienda económica, política, social, diplomática y aun militar con México. Sin duda el pueblo mexicano nunca ha rehuido la lucha en cualquier terreno, pero la gente tiene una gran sabiduría y una mayor conciencia política: sabe que en las actuales condiciones por los avances logrados con el trabajo de todos y por la perspectiva luminosa de la transformación actual, hay mucho que cuidar. Nuestro pueblo aprende a diario a no aceptar provocaciones y a lidiar con las fuerzas de derecha y fascistas. La suerte está echada, el imperialismo se enfrenta hoy a los cambios en México y America Latina y estos se desarrollan no precisamente a su favor.
* Por un México Justo, Libre y Soberano:
Gastón Martínez Rivera, Cecilia Madero Muñoz, Agustín Ramírez Agundis, Alfonso Díaz Rey, Magdalena Galindo, Carmen Galindo, Rosa Elena Escalera, Manuel De la Torre, Fernando Ruiz Noriega, Ana Francisca Palomera, Moisés García, Ignacio López Amezcua, Emma Lorena Cifuentes, Natali Herrera, Eduardo Ocampo E, Rolando González Arias, Enrique Condés Lara, María Elena Velazco, Mario Aguiñaga.
Foto de portada (ilustrataiva): Esteban Bonilla (@estejpg) / Unsplash.
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