Breaking

Escribir en modo ser

Diálogo Global / Diálogo País / Slider Inicio / Top News / 18/08/2025

SOMOSMASS99

 

Graciela Messina* / SomosMass99

Lunes 18 de agosto de 2025

 

Este artículo habla del desplazamiento desde una invitación a escribir, vivida en el inicio como una propuesta externa, a hacerla mía y sentirme parte del texto. Por eso el título: escribir en modo de ser. Al principio fue escribir por encargo el prólogo de un libro. Empiezo dando vueltas, difiriendo, sintiendo no saber cómo, invadida por la sensación de estar seca, sin palabras, en blanco. En un momento, me lanzo y empiezo, luego todo fluye. Hago una versión, otra y otra. Pierdo la dimensión del tiempo, me meto en el texto. Un día siento que ya está. A esta altura tengo otras tareas que están ahí esperando su turno, impacientes incluso.

Empecé el prólogo mostrando una relación: “el prólogo busca al libro, intenta presentarlo al lector, revelar su lógica. A su vez, el libro se escapa, no se deja reducir, tiene autonomía, tiene su propia voz”. Esa manera de empezar me sigue gustando, me hace sentir que tuvo lugar una conversación entre el libro y yo. Un encargo se fue haciendo parte mía. Al mismo tiempo, el libro se me escapaba, mis interpretaciones no podían con él.

Ahora, mientras escribo este artículo me doy cuenta de cómo fue cambiando mi relación con el prólogo; me había llegado una cita de Fromm acerca de leer en “modo del ser” por opuesto a tener, un modo en que el lector se mete, da el brinco y está dentro del libro, se hace uno con él, se transforma. La cita llegó a mí en el momento justo; y entonces la introduje en el prólogo, invitando a los lectores a que leyeran de ese modo en que el sujeto se da. Ahora me doy cuenta que no sólo introduje la cita, sino que me pasó a mí, se hizo experiencia, fui yo la que escribí el prólogo en modo de ser…

Unos diez años atrás hice un artículo sobre escribir. Otra invitación y mi resistencia. Le puse de título: “Escritura del sujeto”; no sólo me costó empezar, la misma sensación de no saber qué, como cuando me toca dar una conferencia o una clase; luego, de golpe el entusiasmo y el impulso; no recuerdo ahora lo que escribí, pero cada vez que por alguna razón me toca releerlo, me gusta, al menos no me avergüenzo, incluso me sorprende, incluso no me reconozco. En ese artículo no hablo de escribir a modo de ser, la cita de Fromm no me había encontrado todavía. La mediación la hizo un escritor israelí que estaba leyendo, y que el día que le dan un premio literario importante, empieza hablando de la muerte de su hijo en la guerra, en la frontera, con sus veinte años que seguro querían vivir, y la certeza de él, del escritor, de que nunca será el mismo. La historia tiene actualidad diez años después. Sin embargo, no me acuerdo del nombre del escritor, ese escritor que me conmovió tanto; tengo que ir a buscar el libro a la biblioteca, es David Grossmann. Entro a Internet, sigue vivo, sigue escribiendo, es un activista por la paz.

Vuelvo al prólogo…El libro estaba referido a educación, en condiciones de exclusión extrema y a docentes haciendo lo mejor que podían; todos los testimonios eran de docentes mujeres. Con su lucidez me fueron guiando, como si fueran las perlas de un collar que se habían rodado; por mi parte, iba uniéndolos en un nuevo relato, mi propio testimonio. Las voces de las docentes me dieron la dirección y el ritmo, mientras fui avanzando, como una gacela sorteando obstáculos, como dice Virginia Woolf en el Cuarto Propio, acerca de una escritora que va salvando su escritura.

Regresemos a mi ejercicio de escritura: primero transcribí el propósito del libro, sin alteraciones. A poco andar, empezaron las preguntas, por qué hablar de niñez y no de infancias, y me puse a investigar sobre las infancias; me afirmé en la idea de que la categoría infancias era más potente que niñez, me afirmé al investigar, preguntando y leyendo aquí y allá.

Un párrafo después me detuvieron las palabras “jornaleros agrícolas migrantes”; esta vez hablando con una amiga le conté lo que estaba escribiendo y me contestó: en Colombia los llamamos andariegos; el nombre me encantó, pero mi amiga se encargó de desilusionarme; el nombre es hermoso, me dijo, pero la vida de ellos muy dura; más tarde hablé con mi prima y ella me recordó que en Argentina se les dice golondrinas; entonces me acordé que lo sabía y lo había olvidado; y me vino otro nombre, trabajadores estacionales. Ya tenía más de un nombre para los jornaleros agrícolas migrantes, todos dando idea de movimiento, de comienzo, de primavera. Me di cuenta que si estaba atenta todas las conversaciones iban convergiendo y haciéndose escritura. También me di cuenta que esos nombres tan bellos romantizaban, ocultaban los trabajos duros, sin contratos que protegieran sus derechos, la familia a cuestas, los hijos con poca o ninguna llegada a la escuela. Inmediatamente me pregunté: ¿y las hijas?; los testimonios decían que las hijas lo pasaban peor, cuidando a los hermanitos, haciendo tareas domésticas, con menos tiempo para la escuela.

Cuento las palabras y me quedan pocas y mucho por decir. Retomo, quiero compartir algo importante, como el nudo de una película: el libro se concentraba en cómo las docentes construían el oficio. El texto no deja dudas acerca de que las horas transcurrían de otra manera en estas aulas multigrado, con menos tiempo para la enseñanza disciplinar. Me pregunté cómo enseñaban las docentes y cómo aprendían las infancias. Me salí de cuadro, Pensé, apelé a categorías pedagógicas y luego de un tiempo llegué a la idea de que construyen de otra manera, pero no como un oficio menor, degradado, sino diferente. Me voy dando cuenta también que, aunque el centro del artículo que me toca prologar es el oficio docente, las familias y las infancias se hacen presentes; me doy cuenta que hay algo que no está bien, una exclusión, un abandono del estado, una falta de cuidado, me doy cuenta que el libro denuncia esta situación; también yo desde mi lugar. Escribo que los jornaleros no sólo “van de aquí para allá, sino que lo hacen en condiciones de explotación, que los deja fuera de lugares donde la vida se cobija, como las escuelas y los hospitales e incluso el hogar como opuesto a la intemperie”.

Me llega de golpe que la Unesco acaba de declarar la Ruta de la Comunidad Wixárika como Patrimonio Mundial de la Humanidad; entonces la menciono en el prólogo, presentándola como una ruta colectiva de espiritualidad, sanación, rituales y crecimiento, que recorre varios estados de México, entre otros el de Zacatecas. Escribo que esta valoración internacional no tiene un correlato por parte del Estado Mexicano. Escribo que el libro oficia de testigo. Me doy cuenta una vez más que los escritores, los fotógrafos, los periodistas, son todos testigos y que muchos pagan con su vida.

Sigo escribiendo, conjeturo a partir de los testimonios que “la potencia de las docentes que aquí dan su testimonio radica en que se asumen como cuidadoras, expresan su vocación como práctica del cuidado, de un tipo particular de cuidado, “el cuidado de sí”; aún más, no sólo transmitieron el currículo, sino que se entregaron a la tarea, se dieron a las infancias. Me llega la imagen de las docentes, todas mujeres, cuidando a las infancias en esta sociedad patriarcal, más violenta en los campos agrícolas, buscando qué hacer con las infancias que hablan lenguas indígenas, cuando ellas no las conocen.

Vuela en el aire una idea de Bonfil de que la violencia es afirmativa, genera sujetos, aunque también hiere. Me llega otra idea, esta vez de Levinas, de que estas docentes hacen lo que hacen, para nada, sin esperar nada. Luego leo en el libro que una docente dice que lo principal es poner a las infancias en la escuela, o sea la escolarización, el acceso está primero. Ahora Cornú me lleva de la mano y me recuerda que estas docentes construyeron confianza, de ellas a las infancias y viceversa, y que la confianza es la que está en el origen de la vida humana y no la hostilidad, y que al recién nacido no le queda otra que confiar, ella dice textual: “el niño aprende creyendo en el adulto”.

El libro sigue su curso y yo con él, reseñando en el prólogo que los programas que se sucedieron en esos espacios no fueron iguales, que el PAEPEM (2019-2022) hizo una diferencia, en el acompañamiento pedagógico, y en los derechos de los docentes conforme a contrato colectivo. Sin embargo, fue discontinuado. A partir de aquí voy escribiendo mis descubrimientos: que el libro hace opciones emancipadoras en términos de investigación, de narrativa, que se ampara en una ética del cuidado, que se empeña en ser una palabra fundada y al mismo tiempo des-ocultadora.

Sólo me queda contarles que el libro me regresó a mi propia infancia, que agradecí que mis padres me pusieron en la escuela y que en la Argentina hubiera habido educación pública, gratuita y obligatoria. Terminé el prólogo invitando al lector a leerlo con un acercamiento íntimo, en “modo de ser” y en clave feminista, en particular haciendo presente un reconocimiento a las escritoras mujeres que escribieron sobre su vergüenza por su origen de clase cuando eran niñas o adolescentes, como Annie Ernaux. Escribí el prólogo para invitar al lector a soñar con procesos educativos donde todos entran y salen, construyendo saberes y confiando en sí y en el mundo. El libro invitó primero.

Escribí y escribo “en modo de ser”, haciéndome una con el texto. Escribo dejando claro que es posible escribir y reescribir, retomando todo lo que la vida me presenta, transitando del mundo del nunca jamás a la revuelta.


Nota:

El libro prologado es:

Calderón López Velarde, J. y Garza González, A. (2025). Experiencias y saberes de docentes en escuelas para las infancias de familias de jornaleros agrícolas migrantes. Zacatecas, México, en prensa.


Libros con los que dialogué:

Agamben, G. (2001). Infancia e historia. Adriana Hidalgo. 

Barrera, J. (2025). Cinco miradas sobre la infancia. Gris Tormenta. [de Barrera se comparten 5 miradas sobre las infancias, las de Sartre, Murguía, Reyes, Barrie y De Witt, organizadas por Jazmina Barrera; J. M. Barrie es el escritor memorable de Peter Pan].

Bonfil, R. (2012). La violencia escolar. Múltiples implicaciones y múltiples ángulos de interpretación, en Reflexiones sobre la violencia en las escuelas (Furlán, A. Coordinador). Siglo XXI. 

Cornu, L (1999). La confianza en las relaciones pedagógicas, en Construyendo un saber sobre el interior de la escuela (Frigerio, G, Coordinadora). Novedades Educativas – Centro de estudios Multidisciplinarios. 

Ernaux, A. (2022). La vergüenza. Tusquet. 

Frigerio, G. y Diker, G. (coordinadoras) (2006). Infancias y adolescencias. Teorías y experiencias en el borde. NOVEDUC. 

Fromm, E. (2001).  Tener o ser. FCE. 

Gilligan, C. (2013). La ética del cuidado. Cuaderno 30. Fundación Víctor Grifols i Lucas. 

Levinas, E. (2002). Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad. Sígueme. 


* Graciela Messina Mejoredu es docente e investigadora, y escritora.

Foto de portada: Andrii Leonov (@leoand1) / Unsplash.

 




SomosMass99 es un medio digital independiente. No recibe ayudas de gobiernos, entidades gubernamentales, personas dedicadas a la política ni de agencias, empresas o corporaciones de ningún tipo. Si contenidos como este te parecen interesantes y lo consideras importantes, puedes sumar con nosotros. Tus contribuciones nos ayudarán a crecer y llegar a más gente como tú. Aquí, en el enlace siguiente, puedes aportar cualquier cantidad que desees: PayPal.




 






Luis López




Entrada Anterior

Atol de poleada

Siguiente Entrada

Tras visita de Netanyahu a Cisjordania, Hamás advierte sobre la inminente anexión y los planes de desplazamiento





3 Comentarios

el 23/08/2025

o6eisf

el 27/08/2025

d8b3uw

el 28/08/2025

cwluj4



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


Más Historia

Atol de poleada

SOMOSMASS99   CRÓNICAS DE UNA INQUILINA Ilka Oliva-Corado* Estados Unidos / Lunes 18 de agosto de 2025   Comenzó...

18/08/2025