SOMOSMASS99
Alfonso Díaz Rey*
Viernes 3 de octubre de 2025
«¡Desaparezca la filosofía del despojo,
y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!»
– Fidel. Discurso ante la Asamblea General de la ONU (1960).
El enorme costo en vidas de seres humanos y la inmensa destrucción y devastación que ocasionó la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) llevó a la humanidad a buscar mecanismos que garantizaran la paz entre las naciones, Por ello, con la concurrencia de 51 países, se fundó la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 24 de octubre de 1945.
Antes de la ONU, habían existido organizaciones creadas con similar objetivo, entre las que pueden citarse:
o La Conferencia Internacional de la Paz (La Haya, 1899), para crear instrumentos que permitieran la solución pacífica de conflictos internacionales y prevenir la guerra.
o La Liga de las Naciones (10-01-1920 a 19-04-1946), constituida por 64 países a raíz de los estragos de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y cuya finalidad fue promover la cooperación internacional para lograr la paz y la seguridad. Esta Liga fue el antecedente inmediato de la ONU.
Aun cuando el objetivo central de estos esfuerzos ─incluida la ONU─ ha sido la búsqueda de la paz, la realidad ha mostrado que no han sido capaces de neutralizar y erradicar la causa fundamental de los conflictos que derivan en guerras entre países o grupos de éstos.
Desde la Revolución Industrial (segunda mitad del siglo XVIII) y, sobre todo, con el surgimiento de los monopolios (un siglo después) y el paso del capitalismo a su fase de imperialismo (finales del siglo XIX e inicios del XX), hasta antes de la Primera Guerra Mundial las guerras ─salvo las revoluciones por alcanzar la independencia─ habían sido motivadas por el expansionismo de países con economías más fuertes con el fin de controlar territorios y disponer, mediante el despojo, de materias primas necesarias para su producción industrial y, al mismo tiempo, ampliar sus mercados y zonas de influencia política y comercial. Con un mundo ya «repartido» las potencias capitalistas buscaron una reconfiguración y ampliación de las zonas bajo su control e influencia, lo que originó las dos grandes guerras en el pasado siglo.
El capitalismo, en su fase imperialista, además de un gran negocio, ha hecho de la guerra ─y del poderío militar de los países más poderosos del sistema─ un medio para acrecentar el control político, económico e ideológico sobre territorios de los
que mediante explotación y despojo obtiene bienes y riquezas que utiliza para mantener su predominio y reproducir las condiciones que le aseguren tal posición.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, y con la ONU en funciones, se da la creación de Israel (1948) mediante el despojo de territorios y desplazamientos forzados de la población palestina que ancestral e históricamente ha vivido en esa zona del mundo. Poco tiempo después de su fundación Israel se convirtió en aliado estratégico de Estados Unidos para dominar esa región. Para lograr tal objetivo se desarrolla y aplica una política expansionista y de exterminio, sustentada en la guerra y con la complicidad de los yanquis, que se ha vuelto cada vez más grave, al grado de constituir actualmente un genocidio, ¿Y la ONU?
Si realizamos un recuento de las guerras que han ocurrido desde 1945 en las que las potencias imperialistas han estado involucradas veremos que, en el fondo, el origen de los conflictos bélicos después de la Segunda Guerra Mundial ─con la salvedad ya indicada─ es el mismo; con la diferencia de que el país que surgió como potencia hegemónica al concluir esa conflagración mundial, Estados Unidos, se siente, como cumplimiento de un designio divino, con derecho a determinar y conducir el destino de los pueblos en el planeta, por lo que intenta someter a sus designios al mayor número posible de países; en una primera etapa a los más débiles, para aislar a quienes considera sus «enemigos» más poderosos y, posteriormente, lanzarse contra estos. ¿Y la ONU?
Está claro que la ONU debe transformarse. El problema es que cualquier cambio que se realice en el contexto del capitalismo, será tan inoperante como hasta ahora ha resultado este organismo en cuanto a la preservación de la paz, lo que muestra que su transformación, más que depender de acuerdos entre líderes políticos de diferentes países ─como ha sido hasta ahora─ se sustentará en la necesidad y el deseo de la humanidad por vivir en paz.
Y ello empezará por acciones de los pueblos que conduzcan, en cada país, a la construcción de un mundo mejor.
* Miembro del Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía, en Salamanca, Guanajuato
Foto de portada: Loey Felipe / ONU.
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