SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
A quienes estudiamos la carrera de Comunicación con vocación de periodistas al menos en mi generación, se nos enseñaba desde las aulas, el concepto de lo que representaba la libertad de expresión, la ética y la práctica del oficio en proyectos que nos curtían como posibles reporteros cotidianos de la realidad.
Ese era el ámbito en que nuestros profesores nos podían advertir y orientar pero era difícil que nos dijeran cómo cuidarnos de los dueños de los medios, de los responsables de tomar decisiones editoriales, de aquellos que cuando sienten que el negocio se les puede perder por una noticia adversa a sus intereses, tienen la guadaña lista para cortar de tajo al periodista incómodo, al que osa decir o escribir la realidad con aquella honestidad aprendida desde las aulas.
Cuando estudiaba Comunicación en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, participé en el periódico La Buhardilla, un proyecto periodístico que por más de 15 años, los estudiantes de dicha carrera mantuvieron de manera independiente hasta que un día las políticas de rectoría de ese entonces, decidieron cerrar el medio estudiantil vía un acto de censura.
Ya como periodista, he visto como los directores de medios o sus dueños, se decantan más por el negocio que por la calidad del oficio: varias buenas generaciones de periodistas las hemos perdido porque han visto con desilusión como el periodismo o sus representantes, son tan mercenarios que venden su alma al diablo y no les resulta tan oneroso, al fin y al cabo, como aquel viejo político mexicano, concluyen que “la moral es un árbol que da moras”.
Y así, un día nos damos cuenta que los años pasan, que la mayoría de los medios obedecen a los intereses del poder y que resulta cada vez más difícil ejercer ideas y prácticas periodísticas independientes cuando la última palabra la tienen los dueños de los medios de comunicación.
Por eso resulta trascendente y vital no dejar que el conflicto Aristegui-MVS nos pase de largo como lectores, como periodistas, como trabajadores de cualquier área en este país.
Dejar que las decisiones de los medios pasen sólo por unas cuántas voces cuando lo que está en juego es un asunto público y que como tal nos atañe como sociedad, sería tanto como “el dejar hacer, dejar pasar” a todo aquello que nos violenta como personas.
Por eso demos la bienvenida a todo esfuerzo de periodismo independiente, al que practica la libertad de expresión, la ética, la honestidad intelectual, conceptos que aprendimos de manera pura y sana en las aulas quienes ahora somos periodistas y que hoy, en cualquier Universidad del país, muchos estudiantes absorben quizá ignorando lo que les espera “allá afuera”: la mezquindad y la miseria de quienes no se cansan de atentar contra la humanidad y su dignidad.
Comparte en Facebook
Twittéalo








