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NO TODO ESTÁ PERDIDO
Agustín Galo Samario
Es lamentable y desesperanzador ver cómo nuestro gobierno resulta severamente cuestionado cada vez que se evalúa el avance de sus compromisos en materia de derechos humanos. En febrero, el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU lo reprobó al concluir que ese es un problema generalizado en el país. Tres meses después está a punto de ocurrir lo mismo, pero en esta ocasión por la falta de cumplimiento de la Convención de los Derechos de los Niños.
“¿Cuántas desapariciones forzadas hay en México? No lo sabemos porque el Estado no ha proporcionado la cifra”, dijo el 13 de febrero Rainer Huhle, relator de la ONU para ese tema. Palabras con las que evidenció que la falta de información o la presentación de respuestas incompletas son una constante en las autoridades mexicanas.
Durante las dos audiencias celebradas esta semana en Ginebra, Suiza, los miembros del Comité de los Derechos del Niño de la ONU cuestionó al gobierno, entre otras cosas más, sobre la desaparición de menores de edad; el acceso a la justicia para niños y niñas; la muerte del adolescente José Luis Tehuatlie Tamayo, víctima de una bala de goma disparada por la policía de Puebla; la impunidad en los casos de pederastia clerical y en los fallecimientos de 49 infantes de la guardería ABC; la atención a menores con discapacidad y la iniciativa de Televisa conocida como Teletón, que “explota la tristeza y la lástima” de niños y niñas; el matrimonio infantil, los embarazos tempranos y las muertes maternas en adolescentes. Como las autoridades mexicanas dieron respuestas poco claras y guardaron silencio ante la mitad de los cuestionamientos, el comité les dio 48 horas para contestar por escrito, plazo que concluye hoy.
Pero estas situaciones no sólo son lamentables y desesperanzadoras, sino terriblemente graves porque demuestran el fracaso de las políticas sociales en México y la escasa voluntad del gobierno de la República para cumplir sus responsabilidades con los mexicanos, en primer lugar, y los compromisos asumidos ante la comunidad internacional. Una conducta que se traduce en violaciones constantes a los derechos humanos, lo que a su vez deja al descubierto la falta de democracia en México. Y lo peor de todo, que se ensaña con las niñas y los niños.
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