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NO TODO ESTÁ PERDIDO
Agustín Galo Samario
Carlos Navarrete Ruiz es un dirigente que no cree en sus militantes, en su partido ni en sus candidatos. El viernes visitó Celaya y lo que hizo fue apoyar no al abanderado perredista a la alcaldía, Juan Jesús Martínez García, sino al del Panal, Fernando Bribiesca Sahagún. El mes pasado, con tres años de anticipación, dio por derrotado al PRD para las elecciones de 2018 en la Ciudad de México.
Se ha dicho por ahí que la situación por la que atraviesa el presidente nacional del PRD; Carlos Navarrete, es consecuencia del momento en que tomó las riendas de ese instituto político. Es decir, cuando en los primeros días de octubre de 2014 le explotó en las manos el caso de la desaparición -en un municipio, Iguala, y en un estado, Guerrero, gobernados por Los Chuchos- de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Podría ser, en parte, pero los indicios apuntan a que hay algo mucho más profundo.
En el caso del hijo de Martha Sahagún, Navarrete cree que su triunfo en la elección municipal es lo mejor que le podría ocurrir a Celaya. Pero cuando en la grabación difundida por El Universal se le escucha despedirse de quienes renuncian al PRD, desvela la putrefacción en la que se ha sumido el perredismo en los tres periodos consecutivos en que ha sido dirigido por Los Chuchos. “No veo en el 18 ni personajes, ni un partido con capacidad de renovación para repetir la jefatura de gobierno (de) 18 a 24, o nos la gana el PRI o nos la gana Morena”. Luego es más enfático: “Nueva Izquierda en el DF es una federación de capos, en variadas circunstancias, con un desgaste en la dirección nacional de esa materia, de Nueva Izquierda… y con una decisión política de la jefatura de gobierno que va a traer repercusiones, la composición de candidaturas va a traer repercusiones”. Quizá confiado, porque el afán era explicar por qué han llegado a las actuales circunstancias, añade: “¿Cuál era la fórmula? Esperemos que el PRI resuelva sus candidaturas y como hay muchos aspirantes, no hay para todos. Muchos quedarán afuera, contra militancias, contra trayectorias, contra trabajo realizado, contra todo lo que sea. No compañeros, el externo es el que viene por ser el que trae y nos va hacer ganar en las urnas”. “¿Cómo saben? Por lo pronto es lo que nos va a hacer ganar, y lo importante es ganar, crecer, unidad, vamos a avanzar”. Y acaso avasallado por la sinceridad, tal vez con despecho, se dirige a los que se van: “Sí, el fenómeno lo he visto muchas veces, estoy curado de espantos. Ni traidores ni pro hombres: políticos (…) Hay gente con trayectoria terrible, bandidos, corruptos de mala entraña han dicho que al llegar aquí se purifican, son pro hombres democráticos”. “Manuel Bartlett se pasó a la izquierda del PT… Manuel Bartlett, pinche asesino. Autor de los fraudes del 88… Todo eso, ¿ese es el pro hombre? Pues sí, aquí el agua bendita de la izquierda purifica”.
En sus palabras está la definición del actual PRD nacional. Se aprecia cómo entiende Carlos Navarrete su papel dentro de ese partido y cómo, para estar donde está, ensambló sus propósitos con los del chuchismo. El principal y más importante partido de izquierda en el país de las últimas dos décadas no sólo se desdibujó, ha desaparecido por completo.
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