Martha Camacho / SomosMass99
Guanajuato, Gto. / Sábado 20 de junio de 2015
El funicular, uno de los atractivos turísticos de la ciudad, se desplomó esta noche aproximadamente desde una altura de diez metros. La operadora de la cabina resultó herida y el impacto causó daños a la taquilla, donde ya no había ningún trabajador.
Empleados y policías parecían haber trabado un acuerdo para dar la impresión de que nada pasó. Los primeros, de inmediato cerraron las puertas de acceso y al ser consultados sobre lo ocurrido contestaron que fue “una falla eléctrica”.
Un agente de Protección Civil Municipal fue más puntual. Dijo que la góndola acababa de dejar a unas personas en la estación superior, la que se ubica en El Pípila y en el trayecto de regreso se precipitó. La empleada accionó el freno de emergencia, pero no logró detener el vehículo. Fue tal el impacto que se volcó y cayó hasta la taquilla de acceso al funicular, a un lado de la salida del túnel de la calle Padre Belaunzarán.
Más confiables fueron los testigos. Relataron que el accidente ocurrió a las 9:15. “Se oyó un estruendo, los vidrios estaban regados hasta la calle”. Efectivamente, los restos llegaban hasta el callejón donde se ubica la puerta de acceso al funicular.Pero en lo que nadie coincidió fue en el hospital al que llevaron a la trabajadora ni en las lesiones que sufrió. Unos dijeron que la trasladaron al Hospital Minero, otros que al IMSS y alguno más que al Hospital General. Para los primeros, o sea, los empleados, su compañera Nancy sólo sufrió un “shock”. Un policía aseguró que la joven “tenía herida la frente y el brazo”, y otro que se lastimó “el hombro y una pierna”. Y un oficial de Protección Civil aseguró que “solamente tenía cortaduras”.
Otros testigos, apenas diez minutos después del accidente, a las 21:25, alertaron que la mujer estaba atrapada en la cabina. “Estábamos cenando y se escuchó un ruido muy fuerte. Fuimos a ver y se rompió el funicular. Ya hablaron a una ambulancia y a la policía, pero no llega nadie”.
Una muchacha comentó: los trabajadores “cerraron las puertas de madera inmediatamente, pero el carrito se veía aplastado como lata de refresco”.
“Oiga, ¿y cómo quedó el carrito?”, preguntamos al empleado de Protección Civil que nos comparte que la estructura de acero no se hizo nada, pero que la cubierta de vidrio se hizo añicos.
En ese momento volteamos a ver los rieles por los que se desliza la góndola y ahí detenida se encuentra una de ellas, a medio camino. Al fijar la mirada se observa en la oscuridad a un hombre que desciende por entre los fierros paralelos. Sorprendida le preguntó al oficial que de qué se trata y me explica que son empleados del funicular que “le dan mantenimiento a las vías, las engrasan”. “Ya tienen experiencia, es su trabajo”, dice como para sosegar mi asombro. ¿A las 10 de la noche, después de ocurrido el accidente?, me pregunto. ¿No será la nueva versión de “después de ahogado el niño tapan el pozo”?
Mientras, en el callejón un par de policías municipales hacen guardia y los agentes de Protección Civil esperan a que el director del área termine su visita al lugar. Lo van a clausurar, comentaban entre ellos. Esta información no pudo ser confirmada ya que el director de Protección Civil seguía en el interior. “Está verificando las bitácoras de mantenimiento”, nos comentó el empleado de la dependencia que se encontraba en el exterior.
“Híjole yo subo todos los días por aquí para recoger a mi nieto, a los de Guanajuato nos cobran menos si presentamos la credencial de elector, y sí nos ahorramos mucho tiempo con el funicular”, platicó una mujer.
“Lo bueno es que la góndola venía vacía, si no usted y yo no estaríamos platicando aquí, ¿se imagina?”, dijo el oficial de Protección Civil. Sí lo imagino, el funicular se ha convertido en un popular medio de transporte para los capitalinos que les permite ir de El Pípila al centro en cosa de unos minutos. Esto además del atractivo turístico que representa para los miles de visitantes que llegan a esta ciudad Patrimonio Mundial de la Humanidad.
Al filo de las once de la noche, aún había personas que se detenían a preguntar si era cierto que se cayó el funicular. En un concurrido sábado el accidente trastocó las andanzas festivas de decenas de jóvenes que se encaminan al antro de su preferencia, pero sobre todo la rutina de trabajo y la vida de una mujer que sube y baja todos los días operando la góndola.


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