SOMOSMAS99
NO TODO ESTÁ PERDIDO
Agustín Galo Samario
El viernes pasado, venció el plazo para crear la nueva Ley General de Aguas en la Cámara de Diputados federal. Un triunfo de la sociedad civil organizada, académicos, científicos y activistas en lo particular de todo el país. De esa manera acabó la posibilidad de que fuera promulgada la ley Korenfeld, como se conoció a la iniciativa presentada por la Comisión Nacional del Agua.
Tal denominación llevaba el primer apellido de su autor, David Korenfeld Federman, que se vio obligado a renunciar como titular de la Conagua al ser descubierto cuando hacía uso de un helicóptero de la dependencia como si fuera de su propiedad. Con ese mismo carácter diseñó el proyecto de la nueva Ley General de Aguas, aunque no para provecho propio a pesar de que nadie lo pueda asegurar, sino para beneficio de las grandes empresas.
El dictamen avalado en marzo por las bancadas del PRI, PAN y PVEM en el Palacio Legislativo de San Lázaro, fue el que elaboró David Korenfeld a nombre del Poder Ejecutivo federal y que no fue sometido a votación alguna sino pasado por una sesión fast track en la que los legisladores de esos partidos impusieron en el Palacio Legislativo de San Lázaro su mayoría por la vía del avasallamiento.
La iniciativa promovía, simple y llanamente, la privatización del agua al considerarla un bien económico y no un bien cultural y social. Activistas, organizaciones sociales, académicos y científicos de las principales universidades del país alertaron sobre el peligro para México si el proyecto de ley llegaba a ser promulgado: provocaría el desplazamiento de personas y la muerte de los ríos; ampliaría los márgenes para poder contaminar el agua; restringiría, condicionaría y sancionaría los estudios, la investigación científica y el monitoreo de cuerpos de agua.
Las protestas abarcaron gran parte del país. Se llevaron a cabo foros, talleres, conferencias y se empezaron a organizar protestas. La presión, finalmente, fue mucha. Los legisladores dejaron pasar los tiempos hasta que se venció el plazo. Por ahora los mexicanos podrán estar tranquilos, pero no confiados. Vendrá la siguiente legislatura y con ella otra oportunidad para la renovada mayoría priista en San Lázaro.
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