SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Laura Reyes, estupenda compañera y con quien compartí cada viernes, durante cuatro meses un taller de cine y literatura argentina en la División de Cultura y Artes de la Universidad de Guanajuato, me ha hecho un regalo singular: un ejemplar de una edición privada del año 1992, 250 ejemplares y fuera de comercio, de algunos textos del escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia.
El breve libro de 175 páginas y titulado, “Textos de Jorge Ibargüengoitia”, es parte de un reconocimiento familiar que Miguel Ibargüengoitia Cervantes hace al ilustre guanajuatense cuando en la parte introductoria de la obra, señala que la edición de limitado tiraje es “un homenaje a quien conocí principalmente, en eso que se ha llamado pláticas de familia”.
Aspecto novedoso también de esta pequeña obra, es que además, es parte de esa otra faceta del escritor mexicano quizá menos conocida para las generaciones actuales: la de articulista del periódico Excélsior.
Reconocido en el mundo de las letras por sus obras literarias como “Los relámpagos de agosto”, “Maten al León” o “Dos crímenes”, Jorge Ibargüengoitia fue también una pluma indispensable dentro del periodismo mexicano, y sus letras en Excélsior, fueron una absoluta bocanada de aire fresco en un tiempo en que la prensa de México era un ejercicio de rendición de cuentas al presidente de la República en turno.
Si no mal recuerdo, Ibargüengoitia alguna vez dijo que él no escribía para hacer reír a nadie, pero es inevitable al leerlo, dibujar una sonrisa o hacer brotar una muy sonora carcajada cuando escribía sobre diversos temas de la cotidianidad que iban desde sus propios recuerdos de la infancia en Guanajuato, hasta las situaciones cotidianas que describían la idiosincracia del mexicano y la forma de abordar el arte sin ceremonias ni cultos acartonados.
Delicia es, por ejemplo, cuando escribió lo siguiente en aquel texto en donde señalaba que los mexicanos somos “acomplejados”, “avorazados” y “quejumbrosos”:
“Por si fuera poco, el mexicano es por lo común, chaparrito, gordo y prieto, o en su defecto, chaparrita, gorda y prieta y se pasa la vida entre anuncios en los que aparecen rubios, blancos y largos, que corren por la playa, manejan coches deportivos y beben cerveza. ¿No es para estar acomplejados?”.
O qué decir de aquella experiencia de su niñez guanajuatense en donde una anciana le contó cómo, “durante el siglo XIX, durante un sermón de las Siete Palabras, precisamente, la cúpula de la Compañía se vino abajo y aplastó al predicador y a trescientos feligreses”.
-¡Qué bonito!- decía la anciana-. ¡Morir aplastado en la casa de Dios! ¡Se va uno al cielo con todo y zapatos!
Ese era Ibargüengoitia, de esas estampas está lleno el ejemplar que Laura me hizo el favor de regalarme, de esas estampas de genialidad está lleno el periódico Excélsior durante todo el tiempo en que las páginas de dicho diario acogieron las letras del artista nacido en Guanajuato.
Hoy, uno de julio de 2015, no es aniversario de muerte o nacimiento de Jorge Ibargüengoitia; pero sí son ya 25 años de que familiares del escritor, decidieron editar dicho ejemplar para recordarlo y hacerle un homenaje singular con un libro de textos que por su carácter privado, fue leído por pocos pero que nos invita a seguir visitándolo en su obra literaria, en las adaptaciones cinematográficas que se hicieron y, en fin, en su genialidad y chispa para ver el mundo y su propia persona de una manera que hicieron de Ibargüengoitia, un personaje universal que Guanajuato le dio al mundo.
Por eso, Siempre Jorge; siempre Ibargüengoitia.
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