Emma Aguado / SomosMass99
Acámbaro, Gto. / Domingo 12 de julio de 2015
El pasado 11 de julio volvió a llover pan en Acámbaro. Cientos de piezas volaron por los aires hasta caer en las manos desesperadas de quienes aguardan cada año tan impresionante hazaña. Este 2015 incluso la Unión de Pan Grande recibió a Fernando Olivera secretario de Turismo del estado de Guanajuato a quien subieron a una de las camionetas repartidoras de pan buscando que él mismo palpara las sensaciones que las y los acambarenses conocemos tan bien desde hace mucho tiempo.

- Fueron 60 mil piezas de pan las que lanzaron por las calles de Acámbaro para deleite de los asistentes a tan singular desfile.
Fue por allá de 1970 cuando esta tradición empezó a tomar forma, o por lo menos así lo cuenta Antonio Silva dueño de la panadería El Refugio, uno de los artesanos de la masa con mayor reconocimiento en la actualidad. Recuerda don Antonio, quien sigue participando en la peregrinación y se encarga todavía del carro alegórico al que Rubén Gómez mejor conocido como “el Diablo” (un maistro panadero que trabajaba para él), un buen día le adaptó su invento: una especie de hornito rudimentario que hacía pan durante el recorrido, desde allí se lanzaron las primeras piezas, y ese momento pudo ser uno de los determinantes para el nacimiento de la tradición.
Importante recordar que anteriormente cada gremio organizaba una peregrinación cada día pasando la fiesta grande del 4 de julio hasta cumplir con el octavario, a los panaderos les tocaba la última, la octava.

- La tradición de aventar pan al cielo cumple ya 45 años y representa la abundancia que la virgen prodiga entre los pobladores de esta tierra.
Y aunque al día de hoy se ha vuelto toda una atracción turística su origen es meramente religioso: aventar pan al cielo y luego verlo caer representa la bendición y la abundancia que la virgen prodiga entre los pobladores de esta tierra, sobre todo entre los panaderos. De este modo antes del 11 de julio sabemos que el gremio acelera su producción dedicándose a hacer pequeños panes que son aventados a la gente durante el recorrido que sale del templo del Ecce Homo hasta la parroquia de San Francisco, cada panificadora regala en promedio de 3 a 4 mil piezas, llegando como en este año hasta las 60 mil aproximadamente.

- Con bolsas, gorras, paraguas al revés, y hasta a mano limpia, los acambarenses recogen las piezas de pan que lanzan los artesanos de la masa.
Este fin de semana participaron en la Octava un total de 12 panificadoras pertenecientes a la Unión de Pan Grande de Acámbaro y por lo menos otras dos más que son independientes. El clima en esta ocasión fue propicio para que mucha más gente saliera a las calles: tan sólo la Miguel Hidalgo principal avenida de la ciudad, se convirtió en un río de gente que desde las cuatro de la tarde empezó a formarse.
Las estrategias para atrapar el pan varían: se usan bolsas, morrales, paraguas, sombreros, gorras o sólo las manos. Las escenas de niños con mochilas que en pocos minutos aparecen repletas de piezas de acambaritas son recurrentes, igual que aquellas en donde se ven señoras incluso ancianas con bolsas de plástico desbordantes de tallados y picones en miniatura; no faltan las madres que dan instrucciones a sus hijos para evitar que los avienten y esos paraguas que se abren al revés y que usan como receptáculo semejantes a las antenas parabólicas, una imagen surrealista en medio de tanta gente; de igual forma hay quienes simplemente salen con los peregrinos desde su punto de arranque agarrándose muy bien del borde de las camionetas repartidoras de pan hasta llenar todas sus bolsas.
Este año como en otros los presentes rieron, gritaron “por aquí, por aquí”, alzaron las manos, se arrebataron los panes, estuvieron a punto de ser atropellados, empujados o hasta arañados. Al término del recorrido mientras los panaderos entraron al templo a la celebración religiosa la gente se fue desperdigando por la ciudad, muchos encontraron bancas donde a gusto se sentaron a descansar, a compartir la experiencia y sobre todo a comer pan.
Dicen que es fácil identificar a un panadero porque su piel se vuelve muy blanca, una piel acostumbrada a las jornadas nocturnas y a casi no ver el sol. Pero en la Octava salen a la tarde acompañados por sus familias: los vemos caminar tranquilos, felices, cansados, llevan flores y ofrendas en las manos, imágenes de la virgen del Refugio; entonces desfilan ante nuestros ojos los verdaderos artesanos de la masa, algunos con mucho camino andado, muy reconocidos por su experiencia. Otros son muy jóvenes pero también participan y cuentan orgullosos que han heredado el oficio de sus abuelos y que continuarán haciendo lo posible para que los impulsos modernizadores no se vuelvan un enemigo y hagan desaparecer el sabor tan característico de este pan que para Acámbaro es más que un alimento, es parte de nuestra tan acariciada identidad.
Etiquetas: Acámbaro, Fiesta, Pan









Comparte en Facebook
Twittéalo









