SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Siempre he pensado y estoy convencido de ello, que el deporte, el arte y la cultura, son espléndidos dadores de lecciones de vida.
Cuando toda esperanza en el ser humano empieza a desvanecerse, aparece una historia maravillosa en el deporte o una narración conmovedora de cómo los artistas generan vida a través de su manifestación estética y es entonces que uno piensa que lo lúdico deja de ser sólo un juego en el caso de los deportes, y una mera exposición de museo del arte para convertirse ambas, en experiencias únicas de vida.
Ayrton Senna, el mítico corredor brasileño de Fórmula 1 fallecido hace 21 años en un accidente durante el Gran Premio de San Marino, cuenta en su vida una historia que lo revela como un hombre memorioso de su origen y con un concepto de la lealtad por el rival pocas veces vista en el deporte.
Cuando ya Senna era toda una leyenda activa del automovilismo, un día le preguntaron quién era el mayor rival que había tenido en su carrera, quizá el entrevistador pensaba de antemano que el brasileño le diría que fue el francés Alain Prost o el británico Nigel Mansell, pero Senna volvió a ser en aquella respuesta dada, el joven adolescente corredor de Karts y respondió:
“Fue Terry Fullerton. Tenía mucha experiencia, disfrutaba mucho pilotear con él, era rápido, consistente, para mí era un piloto muy completo, eran sólo carreras, no había ningún tipo de política, tampoco nada de dinero, entonces eran carreras de verdad”.
Fullerton fue un corredor de Karts junto con Senna pero nunca destacó más allá de dicha categoría pero es recordado por el piloto brasileño como el más audaz y difícil de sus rivales. “No había política, tampoco nada de dinero, entonces eran carreras de verdad”.
Por eso creo que se equivocan quienes dicen que el futbol sólo es futbol y el arte una curiosidad sin mayores aristas que analizar. Por eso pienso que el futbolista mexicano Andrés Guardado es un pusilánime y su director técnico, Miguel Herrera, un mequetrefe y un payaso grotesco.
Todos los amantes del fútbol conocen ya la historia: un árbitro le inventa un penal en contra a la selección de Panamá en la Copa Oro y los deja fuera para darle paso a los mexicanos a una final inmerecida contra Jamaica.
Por eso me parecen tan vulgares Guardado y Herrera, porque perdieron una oportunidad de generar desde el deporte, una historia que el futuro agradecería para mostrarle a los descreídos del balompié, que hubo un tiempo en que el fútbol no sólo fue fútbol, sino una muestra de lealtad a lo humano.
Pero no fue así, no será así, el futuro recordará las palabras y las declaraciones de ambos personajes como los argumentos enraizados y profundamente encarnados de un país que ha aprendido a justificar el “agandalle” como estilo de vida.
“¿De qué Fair Play hablan?” dijo el nunca tan bien apodado Piojo. “Si los rivales no se tientan el corazón, yo por qué sí”, diría el apodado Principito, muy lejos por cierto, de las bondades del personaje creado por Antoine de Saint-Exupéry.
Herrera, émulo de Gonzalo N. Santos para quien la moral era sólo un árbol que daba moras y Guardado, el comodino ciudadano que piensa que como todos se pasan el semáforo en rojo, él por qué no. “Es que soy un profesional”, remataba orondo el jugador mexicano.
Herrera y Guardado han olvidado de dónde vienen porque, contrarios a Ayrton Senna, hoy viven y sirven a la política, al dinero, a un futbol de mentiras.
¿Que existen cosas más importantes que el futbol en este país? sí, así es, pero no tengo duda que la historia y las historias que genera el deporte, le tiene ya un lugar asignado a la selección mexicana, sus directivos y su zona y cierto que no serán la inspiración de nadie para recuperar la fe.
¿Que no debe dársele semejante importancia a una pelota y a once jugadores detrás de ella o a cualquier deporte y sus características? No estoy tan seguro. Yo pienso en esa respuesta de Ayrton Senna y me dibuja una sonrisa monumental. Pienso en mi propia juventud ida ya hace algunos años y agradezco a Senna que me recuerde la sinceridad de esa etapa, la sinceridad y la capacidad de ser uno mismo.
POSDATA: Horas después de terminar esta colaboración semanal, Miguel Herrera era despedido de la dirección técnica de la selección mexicana. Golpeó a un cronista deportivo. Confirmó así su pequeñez. Pudo, desde el futbol, como se escribe en este espacio, dar un mensaje de grandeza a un país dolido. Nada de eso, se va por la puerta de atrás con su miseria a cuestas.
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