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La OSUG tiene la responsabilidad de reflejar el entorno

Sociedad País / Top News / 14/08/2015

Agustín Galo Samario / SomosMass99

Guanajuato, Gto. / Jueves 13 de agosto de 2015

 

Roberto Beltrán Zavala no se esperaba que le ofrecieran la dirección artística de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), a la que ya había dirigido como invitado en dos ocasiones. Pero sucedió, y dijo: “Bueno, me dio gusto que ellos sintieran lo mismo por mí que yo por ellos”.

Para el maestro nacido en el Distrito Federal, cualquier orquesta tiene ya “una personalidad, un carácter y una historia, y hay cosas que le salen mejor que otras. Y tiene buenos días y malos días. Es una persona”.

Lo que quiere para la OSUG, dice en una larga entrevista con SomosMass99, es estimular su sentido de orgullo. “No estoy diciendo que no lo tenga, pero yo quisiera verlo crecer. Y eso se logra haciendo buenos conciertos. En la medida en que la orquesta haga conciertos de excelencia y yo sea capaz de hacerles ver los resultados, la orquesta creo que tiene que ir construyendo o agrandando un sentido de orgullo, de identidad”. El sentimiento de que “nosotros somos la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (…) porque en la medida en que la orquesta esté convencida de sus capacidades y orgullosa de lo que hace, va a ser capaz de comunicarse de la mejor manera con el público”.

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El maestro Beltrán asegura que trabajará para que la OSUG engrandezca su sentido del orgullo. Eso se logra con conciertos de excelencia, dijo.

 

En eso se esfuerza en los ensayos previos al inicio de temporada de este viernes por la noche. Porque si bien “el compromiso artístico no es exclusivamente una cuestión ética, como artistas escénicos y tenemos que salir al escenario, esa ética de hacer las cosas con corazón, con motivación, con disciplina y con excelencia la tenemos que hacer evidente y la tenemos que sentir y nos tiene que hacer felices”. Habla de pasión, “por supuesto. La tienen todos (los músicos de la agrupación), pero yo quisiera que lo hicieran lo más obvia y evidente posible”.

La OSUG tiene una responsabilidad social, dice antes de abrir una pausa para aclarar que “un director de orquesta no es una especie de reyesito. Las cosas se hacen juntos y las decisiones se toman juntos en virtud de objetivos comunes y de un resultado”. De modo que “yo pienso que la orquesta debería servirle a un público un poquito más amplio en el estado, tener un perfil más estatal. La razón es la siguiente: soy de la idea de que hay que servir. Como artistas tenemos la responsabilidad de llevar el arte a públicos que de otro modo no tendrían posibilidad. No todo mundo tiene la posibilidad de agarrar un camión y venir dos horas al Teatro Principal. No todo mundo tiene el tiempo ni el dinero. Y tenemos esa responsabilidad.

”El arte es un agente de bienestar social. A veces a la gente le cuesta trabajo entender eso, pero una sociedad sin arte es una sociedad brutalizada, que no está en contacto con el aspecto espiritual, emocional y metafísico de la existente. Está en contacto exclusivamente con lo que se ve y se huele, con lo que se siente y con lo que se toca, nada más, con el mundo concreto. Sin el arte no nos educamos para entender que el mundo no es nada más lo concreto”.

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El arte transforma y la orquesta tiene una responsabilidad social, debe servir a un público más amplio.

 

– ¿Cómo va a ser la música que va a tocar la OSUG?

Creo que la OSUG tiene la responsabilidad de reflejar un poco el entorno. Eso lo hemos tratado de hacer con la programación. Hay una confrontación enorme entre Rusia y Europa occidental. Estamos entrando sin duda en un periodo de guerra fría, con embargos económicos, sanciones económicas. Hay mucho hostigamiento. Rusia está invadida de propaganda oficial, y digamos que Putin se ha convertido en el nuevo tirano ruso y en el nuevo enemigo de muchos.

“Entonces programé para noviembre la 10° Sinfonía de Dmitri Shostakóvich porque me parece tan actual ese asunto, como si desafortunadamente la historia se estuviera repitiendo pero en un periodo de 40 años, que es muy chiquito. El muro se cayó apenas en el 89, eso hace muy poquito tiempo. La crisis de los misiles fue en el 62. Y Putin hace seis meses se anexó Crimea, la invadió. Eso en otro territorio hubiera significado toda una declaración de guerra. No estoy haciendo un juicio positivo o negativo del poder ruso actual, pero lo que sí veo es que hay una actualidad enorme en ese tema. Y la 10° Sinfonía de Sostakovich retrata el terror de Stalin”.

Entonces, continúa, “me parece que ese conflicto es muy actual, es muy vigente. Por poner un ejemplo, la orquesta irá encontrando y tomando sus oportunidades para retratar de una manera sutil ciertas cosas y esperemos que el público reaccione a eso de una manera consciente. Ya veremos. Si no reacciona, será que el público no lo entenderá, si no seremos nosotros que probablemente no lo estamos planteando suficientemente claro o suficientemente evidente. Y habrá que buscarlo. Yo creo que, entre otras cosas, de eso se trata el arte”.

– ¿La música puede ser subversiva?

Sí, por supuesto, lo ha sido muchas veces. Hay muchos ejemplos de subversión, pero todo el arte ha tenido un papel muy importante en grandes revueltas sociales. Un ejemplo que yo menciono con mucha frecuencia es Shostakóvich, que en el contexto de una tiranía, de un horror enorme, el terror de Stalin fue brutal. Stalin asesinó al doble de personas que Hitler, por ejemplo. Y Sostakovich hizo una resistencia muy sofisticada con su música, muy fina y muy sofisticada. Fue muy subversivo, Beethoven fue muy subversivo también.

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Sobre la programación, el maestro Beltrán explica que la OSUG debe abordar temas actuales, explicar el entorno.

Como enamorarse de alguien

Roberto Beltrán cuenta que fueron varias las razones por las cuales aceptó dirigir a la OSUG. “En primer lugar pues soy mexicano, y en los últimos 11 años la mayor parte de mi carrera la he tenido en Europa. Entonces esta es una oportunidad para poder convivir con artistas de mi país. Tenía muy pocas oportunidades de venir, a veces venía a la Sinfónica Nacional, a la Filarmónica de la UNAM, pero era algo muy incidental.

“Mire, he sido titular de una orquesta en España y de una orquesta en La Haya por muchos años, de hecho hasta el año pasado, como siete años. Y todavía tengo la titularidad de una orquesta en los Países Bajos de mucho prestigio, pero nunca había tenido la titularidad de una orquesta en México. Entonces esa fue una de las razones”.

La razón principal, añade, es que “mi experiencia con la orquesta ha sido muy intensa. Yo tengo la impresión de que hay cosas en la vida que probablemente ocurran una o dos veces. Es como cuando uno se enamora de alguien. Lo que siempre estoy buscando en mi vida es eso, eso intangible que a uno lo entusiasma, lo motiva y lo mueve y le cambia la vida. Eso es lo que quiero, tener en la vida siempre un poquito de eso.

“Me acuerdo que cuando vine a hacer la Sinfonía en tres movimientos de (Ígor) Stravinsky la orquesta y yo tuvimos una relación muy honesta, muy abierta y muy intensa. Luego regresé a hacer la 5° Sinfonía de Shostakovich y fue aún más intenso. Entonces, como yo creo que esas cosas pasan pocas veces en la vida, era una oportunidad de trabajar con un grupo de personas cuyos corazones, más o menos, vibran a la misma velocidad que el mío. ¿Me explico? O al revés, el mío vibra a la misma velocidad que el de ellos.

“Es algo un poquito difícil de describir, pero en el momento en que me invitaron a formar parte de la orquesta, dije: lo tengo que hacer porque no sé cuándo vuelva a enfrentarme a una orquesta en la que lo metafísico sea tanto, sea tan evidente, se manifieste de una manera tan concreta y tan emotiva. No sé si (los músicos de) la orquesta tengan el mismo sentir, pero yo tengo la impresión de que al menos disfrutan mucho la música cuando estamos trabajando juntos. Yo creo que esa fue la razón más importante. Si a mí me hubieran ofrecido o me hubieran invitado a formar parte de una orquesta, la que sea, con la que yo siento que no hay química, no aceptaría. No tendría yo por qué negociar ese aspecto de mi vida artística”.

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Mi relación con la orquesta es muy intensa, revela Beltrán. Los músicos y yo disfrutamos mucho música cuando trabajamos juntos.

– ¿Le ha pasado?

No, nunca. Cuando me han invitado a ser titular de una orquesta ha sido siempre porque la relación con la orquesta es como un tren. Pero si pasara, no podría yo sacrificar eso. Imagínese usted en un concierto lo que tiene que pasar, lo ideal es que la gente abra su corazón y pueda comunicar algo. De eso se trata la música. Si la orquesta no es emocionalmente vulnerable y permite que las cosas le pasen, al público no le va a pasar nada. Entonces imagínese trabajar con una orquesta en la que nunca esté pasando nada, sería horrible. Sería una especie de suicidio artístico.

“Creo que los momentos que más he sufrido es cuando los corazones de una orquesta y el mío no se entienden, aunque la orquesta se porte bien y haya cordialidad y esté bien pagado, lo que sea, es decir, todo lo prosaico. Es extremadamente frustrante cuando uno siente que no puede penetrar en el corazón de los músicos. Eso es justo lo que no ha pasado con esta orquesta, que yo siento que reaccionamos mucho el uno con el otro. También a veces me sorprende mucho la manera en que ellos reaccionan emocionalmente a tal o cual música. Y esa es la razón por la que estoy aquí, principalmente”.

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Me siento identificado con la OSUG porque los músicos y yo reaccionamos emocionalmente a la música, dice el nuevo director artístico.

La música más salvaje

Para el primer concierto de la OSUG de la temporada, Roberto Beltrán dice que construyó un programa con un perfil geográfico muy definido en el que lo que le interesó es hacer notar “los vasos comunicantes en tres periodos distintos de Europa central. Pareciera algo simple, burdo o fácil, pero lo que pasa es que Europa central tiene una tradición musical enorme. Hay un folclor nativo muy importante, pero ahí también convergió la música de los gitanos y la música de los judíos, que bueno los gitanos y los judíos son dos pueblos que tienen una tradición musical salvaje, fantástica, son los mejores músicos de la historia de la humanidad”.

Se interpretarán obras de Heinrich Ignaz Franz von Biber, compositor austriaco del barroco temprano. De Joseph Hayden, considerado austriaco pero que en realidad tenía sangre húngara, quien escribió música en la tradición europea occidental: el clasicismo. Y de Bela Bártok, considerado como uno de los grandes pilares de la música húngara.

Los tres, dice Beltrán Zavala, comparten mucho en estética, en gestualidad, es como algo de la tierra que trajeran todos. “Esos vasos comunicantes me parecen fascinantes y creo que el público los puede disfrutar mucho. Es música con una audacia rítmica increíble, el humor existe en los tres”.

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Luis López




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