SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Hace ya ocho años, publiqué una reseña de un estupendo libro del historiador Luis Fernando Granados Salinas titulado, “Sueñan las piedras”. Ahí, Luis Fernando narra cómo el 14, 15 y 16 de septiembre de 1847, tuvo lugar un alzamiento popular en la ciudad de México.
Hoy, como en 1810, como en 1847, como en 1910, como en 1968, 2014 o 2015, México sigue enfrentando ese déjá vu inobjetable, esa sensación del eterno retorno con diversos rostros pero la misma afrenta de siempre que nos lleva a preguntarnos: ¿cuándo saldremos ahora sí, de la desolación?
Escribía hace ocho años:
“Esta revuelta, fue el recibimiento que los habitantes de la ciudad de México le dieron al ejército estadounidense en el zócalo capitalino en la guerra de 1846-1848, y que representó la segunda rebelión popular urbana más importante del siglo XIX.
Sueñan las piedras es el título del libro que el historiador Luis Fernando Granados escribió justamente para registrar y traer al presente dicho acontecimiento que luego de su lectura, le puede provocar al lector una singular especie de déjà vu y saber que “las piedras”, una de las armas utilizadas por los capitalinos en contra del ejército enemigo, siguen vigentes en la actualidad como único artificio para mostrar el descontento popular.
Y cuando Luis Fernando Granados pregunta en su libro por las causas que orillaron a los capitalinos a alzarse el 14, 15 y 16 de septiembre de 1847, se apodera de nosotros el horror de saber que esas preguntas son las mismas que hoy nos hacemos para tratar de entender qué nos vuelve una nación tan castigada.
“¿Es posible imaginar que nadie entiende ni quiere entender las razones de un régimen que hace política como bravucón de pulquería? ¿Es posible imaginar, en consecuencia, que en vísperas del martes 14 el pequeño pueblo de la capital mexicana se sienta humillado y, sobre todo, traicionado por las clases dirigentes?
¿Es posible imaginar, en fin, que el errático comportamiento gubernamental, la inepcia del ejército y el desprecio de la plutocracia mexicana son las causas del estallido de pobres y piedras que sacude a la ciudad de México el día de san Crescencio?”
“Yo agregaría más preguntas ahora para tratar de entender qué es lo que ocurre en estas horas que definirán una vez más la pista a seguir en las próximas generaciones de mexicanos:
¿Es posible imaginar que el actual comportamiento gubernamental no se dé cuenta del círculo vicioso en que ha caminado la historia de México? ¿Es posible señalar que en efecto y como hace 160 años, la política en este país se sigue haciendo como ese bravucón de pulquería que Luis Fernando señala? ¿Es posible pensar que la forma de desahogar el descontento vaya a variar y se dé de una manera más efectiva que la mostrada en 1847 en la ciudad de México?”
Hay que volver a los libros de historia, a los buenos libros de historia, a aquellos como el de Luis Fernando Granados que invitan a aprender la lección que nos dejan los lejanos mexicanos, los pobres y sus piedras; sus muertes y sus años, su dolor lejano y tan cercano; su amargo sabor centenario, tan familiar; tan nuestro, ese, el que no se ha ido de nuestras bocas.
Parece que seguimos sin aprender la lección. Vale hoy un tequila para brindar al menos, por los mexicanos de hace 205 años que soñaron un país futuro próspero. Aquellas viejas piedras, siguen soñando.
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