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¿Qué aprendimos, como sociedad, luego del sismo del 85?

Diálogo País / Edgar Cortez / Top News / 22/09/2015

SOMOSMASS99

 

Edgar Cortez

Lunes 21  de septiembre 2015

 

Esta semana transcurre entre conmemoraciones para mantener viva la memoria. Recién se cumplieron treinta años del sismo del 85 y nos estamos preparando para conmemorar un año de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Mantener presentes hechos tan dolorosos no es por afán masoquistas sino para reflexionar, aprender de estas experiencias y mejorar la calidad de la pobre democracia mexicana.

El sismo del 85 fue una dolorosa experiencia para el Distrito Federal y para Ciudad Guzmán, una pequeña población del sur de Jalisco. Ambas fueron devastadas. En la ciudad de México las ciudadanas y ciudadanos “comunes y corrientes” se hicieron cargo de la tragedia y de la ciudad; prácticamente con sus manos buscaron, entre los escombros, a los sobrevivientes; acopiaron agua y prepararon comida para todo aquel que tuviera sed y hambre; miles convirtieron sus vehículos en una enorme red ciudadana de transporte. Esa movilización tuvo como antecedente y soporte la experiencia organizativa del movimiento inquilinario y de colonias populares que buscaban la regularización de sus terrenos y la obtención de servicios.

En esa ocasión miles de personas, que durante décadas había sido controladas, sometidas y reprimidas por los gobiernos priistas; descubría su ser ciudadano, hacía suyos los asuntos públicos que en ese momento era el poner a la ciudad de pie.

Este impulso social dio lugar a un potente movimiento de lucha para que se construyeran y reconstruyeran miles de viviendas, sobre todo de gente pobre. Ahí se gestaron organizaciones sociales como la Coordinadora Unida de Damnificados (CUD), la Asamblea de Barrios y muchos otros colectivos de vecinos. El universo de organizaciones con experiencia y recién surgidas dio lugar a un Movimiento Urbano Popular (MUP) que ocupó cientos de veces las calles de la ciudad para hacer escuchar las exigencias de sus pobladores.

Ese MUP reivindicó tanto una política de vivienda popular,  como el derecho a participar en los asuntos públicos y también, la democratización efectiva de la vida de la ciudad y del país.

La vocación democrática de este movimiento hizo posible que en la elección del 88 se apoyara la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas. Luego del fraude en esta elección, vinieron decenas de observaciones electorales para enfrentar la compra y coacción del voto. En 1993, un importante número de organizaciones civiles y sociales, llevaron adelante el Plebiscito ciudadano para consultar a los habitantes del Distrito Federal sobre la recuperación de sus derechos para elegir a sus autoridades. A partir de 1994 el MUP manifestó su apoyo al levantamiento indígena del Ejercito Zapatista de Liberación nacional (EZLN) y en 1997 se convirtió en un actor clave para que la ciudad eligiera en las urnas a su primer jefe de gobierno.

A partir de 1997, durante 15 años se sucedieron gobiernos de izquierda en la ciudad de México. A lo largo de este tiempo, el MUP se fue convirtiendo en la base social del Partido de la Revolución Democrática (PRD) al grado de configurar una especia de “neo corporativismo”, pues condicionó su dinámica y exigencias a al ritmo y requerimiento del partido político.

Muchos de los líderes sociales se convirtieron en dirigentes partidarios, candidatos y luego en funcionarios. Este proceso trajo para los líderes, ingresos económicos importantes, ejercicio de poder y mejora de sus condiciones de vida personal. Este ascenso fue una especie de camino sin retorno, pues muchos de esos activistas sociales ya no pudieron retornar a la vida modesta y su principal objetivo fue mantener su carrera política para no perder canonjías.

También se fue quedando atrás el quehacer educativo. Recordemos que estos movimientos sociales eran herederos de la educación popular, trabajo que buscaba desarrollar conciencia ciudadana y sobre todo aptitud para participar en la vida comunitaria.

El movimiento social pasó entonces de la irrupción ciudadana a la connivencia con el gobierno. Al grado que en 2012 el PRD postuló a un candidato sin trayectoria social y el MUP no fue capaz de cuestionar tal desatino.

Estos treinta años nos dejan como lección que los ciudadanos y ciudadanas debemos trabajar permanente para organizarnos de manera independiente y autónoma, vigilando de manera permanente nuestra práctica. La experiencia muestra, que en caso de no hacerlo fácilmente podemos quedar sujetas y sujetos a los intereses de la clase política.

@edgarcortezm






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