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El miedo a las mujeres

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Top News / 24/09/2015

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©Gaudencio Rodríguez Juárez

Jueves 24 de septiembre de 2015

 

Una pregunta que al mismo tiempo es una afirmación: ¿Por qué muchos hombres temen a las mujeres? Si esto no fuera verdad, sin o existieran hombres que temen a las mujeres, entonces no existirían aquellos que las evitan, violentan y hasta asesinan, que sustituyen el amor a las mujeres adultas por el abuso sexual a niñas —y niños—, que monopolizan el poder y el dinero en la pareja…

Las manifestaciones del temor son múltiples. Van desde la dominación y violencia ejercida contra ellas, hasta el sometimiento a las mismas. Dos polos de un continuo: dominarlas para controlar sus deseos, necesidades e impulsos; someterse para evitar “despertar su ira”.

Otras manifestaciones se evidencian en el “yo la abandono y rechazo primero para que no me abandone ni me rechace”, lo cual puede explicar, en buena medida, la falta de compromiso en las relaciones.

¿Cuál es el origen del miedo a las mujeres? Deben ser muchos, definitivamente. Uno factor del orden de lo psicológico que goza de evidencia tiene que ver con la combinación de “exceso” de madre y ausencia física o emocional del padre en la niñez, lo cual otorga un enorme poder a la primera, con lo que se instala en el alma del niño el fantasma del abandono materno, temor que desplazará al resto de las mujeres en la vida adulta.

El experto en vínculos humanos, Sergio Sinay, afirma  que por eso es que en una sociedad maternizada en exceso hay hombres inseguros que desconfían de los otros hombres y temen a las mujeres, temor que ocultan tratando de halagarlas hasta la obsecuencia o de someterlas económica, social o sexualmente.

Es posible ver manifestaciones de temor a las mujeres desde la edad escolar. Por ejemplo, el “vieja el último”, o el acoso escolar o bullying cuyas víctimas, de acuerdo a las estadísticas, empiezan a tener rostro de mujer desde esta etapa. En las relaciones de pareja no es raro ver que el crecimiento y éxito de ella, despierte sentimientos de enojo y envidia en él; y es que el éxito trae consigo seguridad, autoestima, autoafirmación, así como algo que a muchos hombres les resulta amenazante: autonomía.

El hombre teme que ella encuentre otros hombres más interesantes o divertidos por miedo a ser desplazado, porque con ello se reactiva el fantasma del abandono. El “sin ti me muero” debería ser una realidad para el bebé o para el infante solamente, porque para sobrevivir este depende totalmente de sus padres o cuidadores/as, sin embargo, también suele ser una frase recurrente en algunos adultos respecto a su pareja. Para evitar el abandono, algunos chantajean a su pareja, otras las golpean con palabras, con los puños, con los pies o con objetos, mientras que otros se ponen a trabajar en el vínculo revisando qué hicieron o qué han dejado de hacer para que este se marchite, así como iniciando nuevas acciones que revitalicen la relación.

El temor a las mujeres no tendría razón de ser si el niño no quedara atrapado en el exceso de madre, y si los hombres nos involucráramos más en su crianza de los hijos en particular y en la vida de los niños de nuestro entorno. Y como infancia no necesariamente es destino, el adulto puede erradicarlo si primero lo reconoce y lo acepta para después exorcizarlo; todo esto a través de un trabajo personal de introspección y análisis que le permita la adquisición de una identidad suficientemente sólida.

 

Psicoterapeuta / [email protected]






Luis López




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