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©Gaudencio Rodríguez Juárez
¿Comprar o no juguetes bélicos? ¿Son útiles? ¿Valen la pena?
Las investigaciones en el tema afirman que los juegos y juguetes violentos por sí mismos no determinan las conductas violentas; lo que sí hacen es aumentar la predisposición a que dichas conductas aparezcan; también conllevan a un aumento de comportamientos, pensamientos y afectos agresivos, así como a una disminución del comportamiento pro-social, sobre todo si la exposición a ellos es muy frecuente, desde temprana edad y sin la compañía de un adulto que le ayude a reflexionar a cerca de su uso y a diferenciar la fantasía de la realidad.
Los especialistas en el tema tienen bien claro que aunque el juego del niño tiene que ser libre y no limitado, la elección del juguete es esencial para orientar su desarrollo y aumentar la calidad del juego (y recomiendan evitar la compra de juguetes bélicos).
Es claro que un niño que juega con rompecabezas, pinturas, libros, muñecos, instrumentos musicales o juegos de equipo, está aprendiendo a construir; y un niño que juega con pistolas, rifles, cañones, cuchillos, espadas, videojuegos cuyo fin es hacer correr la sangre matando y acumulando puntos, está aprendiendo a destruir.
Hay de juguetes a juguetes bélicos. No es lo mismo una pistola que arroja agua o burbujas o que se transforma en un bastón mágico, que una pistola de juguete con todas las características de una real. El juguete debe ser un estímulo para la imaginación y debe permitir ser usado de múltiples formas y para diversos fines. El problema con las armas de juguete con características reales es que casi nunca son utilizadas de otra forma que no sea en su calidad de arma que sirve para eliminar al oponente.
También hay de juegos a juegos bélicos. Una cosa es jugar a la guerra tomando en cuenta acuerdos, reglas y hasta códigos de ética creados por los propios niños, así como utilizando sus propias manos para simular el arma y otra es jugar a matar recurriendo a la trampa y golpeando de manera real a los otros niños sin considerar su dolor, o peor aun, a pesar de éste.
Vivimos una época en la cual hemos superado con creces el punto en que la violencia que rodea a los niños puede ser entendida, digerida y procesada por ellos. El aumento en la frecuencia y la naturaleza cada vez más explícita y gráfica de la violencia en los medios de comunicación, el tiempo cada vez mayor dedicado estos, así como el poco acompañamiento y supervisión de los adultos para con los niños nos debe inquietar.
A través de las noticias nos podemos enterar que un hombre se disparó en el abdomen mientras limpiaba su pistola; que otro sacó su pistola para dar tiros al aire y festejar el año nuevo o cualquier otra fecha significativa y una de esas balas perdida acabó con la vida de un niño de cuatro años; que un municipio iniciará una campaña de despistolización… Mejor empecemos con los niños.
Mejor promovamos una cultura de paz que pueda hacer contrapeso a la violencia que paulatinamente se volvió parte del paisaje y que por lo mismo cada vez nos asombra menos. Mejor fomentemos en los niños y en las niñas la creatividad, el amor a la vida, la solidaridad y respeto al prójimo, la equidad, la ternura, la edificación, la resolución pacífica de conflictos.
2 de octubre, Día Internacional de la No violencia.
Psicólogo / [email protected]
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