SOMOSMASS99
Patricia Nasello
Domingo 11 de octubre de 2015
Originaria de Argentina, 1959, es contadora pública por la Universidad Nacional de Córdoba. Microrrelatista, editora de MICROFILIAS, Revista Trimestral de los Géneros Breves en Español. Publica LIBROS AL ALBUR, (Sevilla, España).
Es miembro, junto a Lilian Elphick (Chile) y Sergio Astorga (México/Portugal), del Comité de Redacción de BREVILLA, Revista de Minificción. Publicó el libro de microcuentos “El manuscrito”, edición de autor, 2001.
Ha sido publicada en periódicos, revistas culturales y antologías de cuentos— en Argentina, España, México, Rumania y Venezuela—, como así también en el libro de texto escolar “Lengua, Prácticas del lenguaje 6” (2012, Kapelusz-Norma Ediciones, Buenos Aires, Argentina) y «Teatro X la identidad —2010/2011—» editado por el el Ministerio de Educación de la Nación Argentina,. Participa en el audiolibro “Viejos amigos”(2014, Estudio Malva, Chile).
Algunas de sus ficciones fueron distinguidas con traducciones al inglés, francés, rumano e italiano. Edita las bitácoras “Patricia Nasello microrrelatos”, «Piedra y nido» y “REY ARTURO: el hombre, el mito”.
LA BALADA DEL DESARROLLO
Hubo tiempos que la historia se niega a registrar. Durante esas épocas en este planeta mandaban las hienas. Para evitar cualquier rebelión controlaban los medios de comunicación, exhibían armamento pesado, torturaban.
Arrodillándose ante la hiena reina, jirafas, cebras, gacelas juraban fidelidad al régimen. Chacales y buitres colaboraban con la autoridad delatando a los perjuros. Los leones era sus cautivos. Cazaban, es decir, trabajaban para ellas. Leopardos, jaguares, panteras fueron sistemáticamente perseguidos. En aquel orden no tenían cabida. Los elefantes eran libres, pero vivían con miedo. “El poder de las hienas se extiende, nosotros también seremos esclavizados”, se decían unos a otros.

Por causa de un malentendido cuyo origen se desconoce, los elefantes vieron en el hombre un ser creado a semejanza de su propio dios. De modo que urdieron un plan y a él acudieron rogando su ayuda. La humanidad, manada poco numerosa, débil e indisciplinada, pero astuta, supo aprovechar con creces el apoyo obtenido. A partir de entonces en este planeta mandan los seres humanos. Pocos notan el cambio.
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