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Marihuana

Diálogo Estado / Raúl Muñiz Torres / Top News / 11/11/2015

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PERSIGUIENDO SOMBRAS

Raúl Muñiz Torres

 

Por definición, el ser humano le teme a ciertas palabras y en ello, su imaginación le ha dado la posibilidad de inventar los eufemismos.

La asignación semántica que le otorgamos a ciertas expresiones no precisamente tenemos que traducirlas en hechos, sí en reflexión y análisis que considere mayores pistas y aristas de comprensión de la realidad.

Expresiones como fracaso, muerte, viejo, discapacitado y su largo etcétera, se han envuelto en un halo de temor que su sola mención le provoca al hombre una profunda inquietud y un desasosiego que le hace buscar cortinas y maquillajes para no ver de frente la realidad.

El ser humano es también un dechado de incongruencias existenciales: abre un hoyo para tapar otro y su vida se convierte en una contradicción permanente que le obliga a tapar sus vergüenzas para generar luego otras y estas, a su vez, tendrán que ser cubiertas con una nueva solución igualmente vergonzante.

Gastamos millones de pesos y dólares en comida chatarra y luego, despilfarramos unos millones más en intentar echar de nuestro cuerpo las dolencias que dichos alimentos inocularon en nosotros.

Hemos logrado acortar las distancias para estar en contacto con los demás, pero el precio es el aumento del tráfico vehicular en las grandes ciudades y la consabida contaminación del aire. Podemos conectarnos con el amigo, familiar o desconocido que se encuentra al otro lado del mundo, pero las montañas de basura electrónica traducidos en aparatos de las llamadas nuevas tecnologías, nos amenazan con convertir este mundo en un espacio con algunos Wall-E recogiendo chatarra.

Hoy y por estos días en México, el gran temor de más del 60% de los mexicanos (según una encuesta del periódico El Universal) se llama marihuana. Luego de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación fallara a favor de cuatro personas para consumir lúdicamente el enervante, la sociedad de este país se ha “polarizado”.

Y sin embargo, ¿por qué esos mexicanos preocupados por la legalización de la marihuana (sí, otorguémosles la duda razonable) no se manifiestan entonces por la penalización del alcohol y el tabaco?

A saber, ambas adicciones matan a miles y miles de personas en el mundo y sin embargo y al fin y al cabo, los mejores recuerdos y anécdotas de muchas vidas (también las grandes desgracias, hay que decirlo), ¿no se han escrito al calor de cantidades ingentes de ron y de exquisitas cervezas?

¿No se antoja debatir el tema de la marihuana al calor de un buen cigarrillo, un puro y un tinto de la mejor reserva?

No podemos olvidar, también, hay que decirlo, que a las bebidas espirituosas se le asignan de manera científica ciertos efectos terapéuticos, no así al tabaco; y qué decir de la hierba verde (al parecer cannabis, según la jerga policíaca) que se le reconocen rotundos efectos curativos para ciertos males.

Grace Elizalde, una niña mexicana que sufre de innumerables crisis epilépticas, ha abierto el replanteamiento del uso medicinal de la marihuana al lograr que sus padres, consigan que al país entre  un aceite de marihuana para tratar a la infante de sus males neuronales.

¿Le podríamos reprochar cualquier cosa al medio centenar de familiares de enfermos de epilepsia, que el pasado domingo en la Ciudad de México, se  reunieron para escuchar a los padres de Grace para saber cómo consiguieron el aceite y cuáles son los efectos terapéuticos sobre el organismo de la niña?

No es entonces sólo un asunto de uso y consumo lúdico de la marihuana, sino todas las implicaciones positivas que el enervante trae consigo. Nuestra sociedad, entonces, se encuentra obligada a tratar el tema de una manera más compleja, más profunda y también menos estereotipada.

Perdamos el miedo a las palabras y al cabo de ello, nuestros juicios perderán el “a priori” dañino y considerarán el “a posteriori” con mayor conciencia de facto.

Escribe lo anterior, alguien que no consume la marihuana, pero que trata de entender sus beneficios que quizá (ojalá y no) en algún momento podría necesitarlo para bien de la salud propia y de los suyos.

Por mí: ¡Bienvenida la despenalización de la mota!

 

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Luis López




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