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El Tejolote minero

Diálogo Estado / Top News / 26/01/2016

SOMOSMASS99

 

Alejandro Villamar*

Lunes 25 de enero de 2016

 

El guacamole minero nacional y guanajuatense está cada día más rancio y negro y uno nuevo requiere un condimento fundamental: la propuesta y el interés legítimo de la comunidad.

Para poner remedio real al batidillo de complicidades entre las empresas mineras, los funcionarios del gobierno y la mayoría de los legisladores, es importante que contemos con una radiografía realista de dónde están los tumores que cada día carcomen nuestro país y estado.

Para iniciar, ¿sabías que el área concedida a las mineras en el país ya es casi un tercio del territorio (52 millones de hectáreas) y en el Estado de Guanajuato ya rebasa el 17 por ciento, pues son 548 mil? Ambas cifras de concesiones nos recuerdan los tiempos de acaparamiento de la tierra por los grandes hacendados y los terratenientes gachupines y los porfirianos. ¿Dónde quedó la soberanía de las comunidades y pueblos?

Y aunque la actual Ley Minera sólo les concede la posibilidad de explotar los bienes mineros del subsuelo, pero no les otorga la superficie, las empresas mineras tanto extranjeras como el puñado de monopolios mexicanos engañan a la población y a los ambiciosos inversionistas presumiendo falsamente que la superficie es de “su propiedad”. Recordemos que la Constitución todavía señala que las riquezas del subsuelo son propiedad de la Nación.

En ese guacamole de abusos participan grandes (y algunos pequeños) concesionarios. Entre los gigantes, Peñoles, AHMSA, Frisco, y Grupo México detentan casi 6 millones de hectáreas de concesiones de explotación. Mientras 45 transnacionales detentan casi 9 millones de hectáreas de explotación y dentro de ellas destacan como acaparadoras Teck Resources Limited, BHP Billinton Plc y Comico Ltd., con medio millón de hectáreas cada una.

Producción de Toneladas de Oro y Plata de 3 empresas en Guanajuato en 2009: Endeveour: 0.281 de oro y 25.1 de plata; G. Panther Silver: 0.216 de oro y 32.6 de plata; AuRico Gold: 0.891 de oro y 37.9 de plata. En 2010: Endeveour: 0.413 de oro y 30.2 de plata; G. Panther Silver: 0.212 de oro y 32.6 de plata; AuRico Gold: 0.347 de oro y 17.2 de plata. Suma 2009: oro 1.388 y plata: 95.6 Suma 2010: oro 0.972 y plata 80.0 Fuente: REMA/A.V. 2011 construida con los Informes anuales de cada empresa.

En Guanajuato destacan tres empresas mineras trasnacionales, registradas en Canadá, de menor tamaño pero de igual ambición, que son las que se llevan la mayor parte de los famosos metales preciosos de Guanajuato, como el oro y la plata: AuRico Gold (antes Gammon Gold), más conocida como El Cubo; Endeavour Gold Corp, conocida aquí como Minas de la Luz (y parte de Peñoles); y Great Panther Silver, bajo el nombre de Minera Mexicana El Rosario.

Con esa producción y con precios llevados a las nubes por los especuladores de los mercados internacionales, el trío canadiense está más que feliz, pero quiere más. Eso lo saben bien los mineros de El Cubo desde que la empresa quiso aumentar las ganancias a costa de mayores jornadas explotadoras del trabajo y de la tierra y violando la ley laboral. Vean de qué tamaño es el pastel:

AuRico Gold, Endeavour y G. Panther Silver declararon haber obtenido ganancias en 2009 y 2010 por sus actividades en Guanajuato, respectivamente, por 89 millones 402 mil 875 dólares (mil 72 millones 834 mil506 pesos, al tipo de cambio de entonces) y 73 millones 550 mil 414 mil dólares (882 millones 604 mil 968 pesos).

¿Y saben que prácticamente no pagan impuestos en México? Las empresas trasnacionales usan el Convenio de No doble Tributación (no pagar doble impuesto en México y en su casa, Canadá), y lo mismo que los grandes monopolios mineros mexicanos (trasnacionalizados) maniobran con los llamados créditos fiscales que luego los funcionarios de la Secretaria de Hacienda les perdonan el pago (¿a cambio de algo?, bueno nosotros sólo preguntamos…). Esta injusta situación ha sido tibiamente tratada por diputados y senadores y las escasas iniciativas para remediarla han fracasado.

Entonces, ¿qué dejan a México y a Guanajuato? Bueno, han dejado alrededor de mil 500 empleos (con salarios 15 veces menores a los que reciben los mineros canadienses), pero su vieja importancia económica para la entidad cada día es menos y no llega ni al 1 por ciento del valor de lo producido en el estado.

¡Ah!, pero dejan “otras cositas” que ni a los dueños ni a los funcionarios les gusta mencionar, porque las esconden debajo del petate, con el silencio o de plano como “externalidades del progreso”. Veamos: El Trío deja cada año más de medio millón de toneladas de escombros y cerca de un millón de litros de agua contaminada con el veneno Arsénico.

Agua que nunca volverá a ser apropiada ni para envenenar el caño, pues contiene más de 100 toneladas al año de cianuro. Esa ha sido la costumbre “del progreso”, decían don Porfirio y su banda, y ahora le dicen “modernidad” o “globalización”. Pero el daño a la naturaleza y para las personas es el mismo.

Otra cosita que nos dejan cada día y cada año, mientras las cosas sigan como se les ha permitido a las mineras, son también la cantidad de contaminantes que calientan la atmósfera, conocidos como gases de efecto invernadero, producidos por el alto consumo de combustibles fósiles y el gran uso de energía para arrancarle a la naturaleza los metales.

Estas tres mineras, que son relativamente pequeñas, más las gigantes de los estados vecinos, las cementeras y las siderúrgicas, son las que contaminan y alteran la temperatura, las temporadas de lluvia y sequía, son las producen más huracanes y afectan a la agricultura y la salud del planeta.

La contaminación minera y la salud

De los pocos estudios realizados y disponibles al público, investigadores de la UNAM, de la UGM y otras instituciones han encontrado que en el agua de Guanajuato, tanto superficial para consumo doméstico como en los de acuíferos subterráneos, existe un problema de contaminación minera que ha provocado daños a la salud y al ambiente, y amenaza con agudizarse si no se toman medidas urgentes para remediarlo.

Los llamados jales mineros abandonados (los escombros contaminados) son una herencia de millones de toneladas de escombros, iniciada en los tiempos del dominio español, pero sobre todo agudizado en los tiempos de la dictadura porfirista con la llegada de la minería industrial minera gringa, y aún más ahora con la invasión de las ambiciosas empresas trasnacionales registradas en Canadá y consentidas por los recientes gobiernos.

El 30 por ciento del agua de abasto a la población de Guanajuato se extrae de las presas Esperanza y Soledad, localizadas en sub cuencas consideradas áreas naturales protegidas. En la cuenca La Esperanza se localizan dos pequeñas minas (Los Mexicanos y otra) abandonadas con sulfuros masivos, así como dos depósitos de residuos que aporta lixiviados que localmente afectan la calidad del agua.INTERIORES-MINAS-GUANAJUATO-3

Los lixiviados de la mina de sulfuros masivos tienen una naturaleza ácida, son aguas sulfatadas férricas altas en aluminio y magnesio. Se ha encontrado que son un riesgo potencial ya que liberan ácido sulfúrico y metales como aluminio y cadmio. Las muestras de rocas analizadas tienen altas concentraciones totales de Fe (22.6%), Cu (8410 mg/kg), Zn (2470 mg/kg), As (488 mg/kg) y Pb (449 mg/kg).

De las cuencas La Esperanza y Soledad drenan más de 10,000 ton al año de sulfatos, dicen los especialistas, aunque no les guste a los funcionarios y sigan prometiendo manos a la obra y nunca vayan a la raíz del problema.

Se requiere un estudio muy detallado de este problema para plantear un sistema reactivo para minimizar las cantidades de sulfatos y otros contaminantes que vienen de la minería y destruyen la cuenca y la salud de la comunidad.

Mientras tanto, todo mundo sabe que la calidad del agua “natural” que se bebe en Guanajuato es de la peor; pero lo que poca gente sabe es que Guanajuato, como las viejas zonas mineras que han vuelto a ser explotadas con tecnología muchísimo más destructiva y con una miserable política de cuidado de las personas de las comunidades vecinas, o que viven absolutamente rodeados de actividad minera y metalúrgica, está permanentemente expuesta a contaminantes cancerígenos y que afectan la salud.

En México y en Guanajuato hay poco interés de los gobiernos y, por tanto, escasos dineros y apoyos a los investigadores honestos que desean registrar, medir y proponer soluciones a los evidentes males que acompañan a la mega-minería destructiva y que es dominante.

Aquí y en China, la hidrocianurosis, o sea el envenenamiento crónico por cianuro disuelto en el agua, provoca diversas enfermedades como la leucemia en niños, las manchas y salpullidos, las grandes callosidades de las manos, y también la muerte. Los escasísimos datos, no oficiales, sobre casos de cáncer en niños menores de 15 años, muestran que Guanajuato tiene uno de los promedios anuales más alto del país (260 casos frente a 200 a nivel nacional).

Los científicos conocen desde hace mucho tiempo que altas cantidades de cianuro (mayores a 10 microgramos por litro de agua) produce diversos cánceres de vejiga, lo mismo que alteraciones en las embarazadas y en los niños desde que están en el vientre. En Guanajuato, como en San Luis Potosí, Zacatecas, Jalisco y cada día en más estados donde la actividad minera no tiene control, las concentraciones de cianuro en el agua de beber, de riego o de recreación superan 5, 10 o más veces el nivel de seguridad recomendado internacionalmente.

Ahora bien, si a las concentraciones de cianuro, le sumamos las de otros metales pesados como plomo, zinc, cadmio, cobre e incluso fierro y les ponemos gotitas de líquido de las curtidurías y otras de solución de cloro, para “evitar” el cólera, tenemos un venenoso coctel que mata silenciosamente y que el seguro popular tampoco atiende.

¿Alguien cree que las soluciones a estos problemas vendrán de las empresas mineras que se guían por aumentar sus ganancias, o de los políticos tradicionales que desde hace 500 años fueron cómplices de los invasores, de los que hace 130 años le abrieron las puertas a la empresas mineras gringas e inglesas para que México tuviera “Progreso” y “Orden”, o de los actuales que se asocian legal e ilegalmente con las mineras canadienses o de cualquier país, porque si no “estás fuera de la onda de la globalización”?

¿Podemos esperar a ver cuándo se les antoja invertir en remediación, en hacer cumplir las débiles leyes, en protección de la salud amenazada y en revertir el riesgo de cada día que sufren aquellos que viven al lado de una minera, de una presa de jales a punto de desbordarse y de envenenar cuencas y personas? Por eso cada vez son más las comunidades en el país, en el hemisferio y en el mundo que han decidido agarrar El Tejolote en sus propias manos y ponerle el condimento que todos necesitamos: la voz y la acción en defensa de los intereses del pueblo y de la madre tierra.

* Miembro de la Red Mexicana de Afectados por la Minería

** Este texto fue publicado por primera vez en la revista salmantina El Tejolote






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