SOMOSMASS99
Marcela Turati / En el camino
Video Mónica González
IV y última parte
Martes 9 de febrero de 2016
- La ruta migratoria, sórdida, traicionera, implacable, marca como fierro candente los cuerpos y deja cicatrices en las almas de las mujeres en tránsito por México. Tritura sueños. Tortura cuerpos: los somete, los tritura, los penetra a la fuerza. Deshija, separa, desteta. Esa geografía del horror obliga a utilizar nuevas conjugaciones, a buscar palabras y adecuar definiciones que reflejen esos nuevos referentes que vivimos, lo que no es humano.
Irma
Inyección anti-México, anti-mexicano: “Antes de entrar a México es recomendable tomar un anticonceptivo de largo efecto. Es un desesperado intento para prevenir embarazos ante las agresiones sexuales que muchas de ellas sufrirán en el camino.”
El relato de Irma, indígena guatemalteca en sus veintes, migrante por primera vez, da sentido a la existencia de la recurrida inyección que las migrantes centroamericanas usan como anticonceptivo porque los caminos en México se convierten en trampas y la osadía de pisar territorios ajenos siendo mujer se paga con ataque sexual. Con tortura sexual.
Irma se salvó de la penetración a la fuerza porque su hermana mayor, cuando se percató de lo inminente, le gritó en quechua que corriera, que se salvara. Huyó con los dos niños, sus sobrinos, se escondió en el monte, como pudo los hizo callar. Temblaban de susto.
Cuando reencontró a su hermana le notó el pantalón roto. Mintió: “No me pasó nada”. Después la delataron las pesadillas, los silencios profundos , las madrugadas sin sueño.
Intentaron estar juntas, pero no lo lograron. La justicia no atrapó a los perpetradores. Su hermana no recibió atención psicológica. Tampoco los medicamentos que necesitaba para domar el VIH. No se sintieron acogidas en el albergue que debía darles trato humanitario. La burocracia venció su paciencia y las hizo desistir de la visa humanitaria a la que tenían derecho. No irán a Estados Unidos, el horizonte se les encogió.
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