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Alfonso Díaz Rey*
En días pasados y a propósito del cambio en la dirección general de Pemex, se publicó en la página electrónica de Forbes un artículo con el título “El proceso de quiebra de Pemex ya inició”, escrito por el economista Sergio Negrete Cárdenas (http://www.forbes.com.mx/el-proceso-de-quiebra-de-pemex-ya-inicio/).
En el citado artículo se plantea que “El gobierno está reaccionando, por fin, ante la realidad (más negra que el petróleo) de Pemex. La llegada a la paraestatal de José Antonio González Anaya debe verse como el nombramiento de un síndico que pilotará el virtual proceso de quiebra”.
Los principales argumentos del señor Negrete para explicar la quiebra son:
- El enorme endeudamiento de Pemex, con vistas a inversiones que no funcionaron.
- La corrupción de la cúpula sindical; y
- La pesada carga financiera que representan las pensiones y jubilaciones de los trabajadores petroleros.
En su artículo, el señor Negrete ni por asomo menciona el régimen fiscal a que está sujeto Pemex y adjudica el endeudamiento exclusivamente a malas inversiones. Oculta el hecho de que la petrolera mexicana es la única empresa en el mundo que debe pedir prestado para cubrir la carga fiscal impuesta por el propio Estado. Como ejemplo:
De 2009 a 2014, los impuestos y derechos han representado 118 por ciento de rendimiento de operación y […].Al tercer trimestre de 2015, el pago de impuestos y derechos representó 232.4 por ciento del rendimiento de operación en comparación con 115.9 por ciento en el periodo comparable de 2014. La Jornada. 14-02-2016. (http://www.jornada.unam.mx/2016/02/14/economia/026n1eco)
También ignora, en su artículo, que el desmantelamiento de la industria petrolera mexicana inició, de una manera acelerada y descarada, desde la instauración de las políticas neoliberales en el país, con la llegada de Miguel De la Madrid a la presidencia de la república y que a Peña Nieto, con su reforma, le ha tocado dar el tiro de gracia.
Acerca de la corrupción en las cúpulas del sindicato petrolero, desde tiempos de la presidencia de Miguel Alemán Valdés (1946-1952), la corrupción de los líderes sindicales ha sido uno de los mecanismos favoritos del sistema para el control de trabajadores. Y el sindicato petrolero, por su importancia, en número y generación de riqueza, no es la excepción. Pero la corrupción no está presente solamente en sindicatos; la encontramos también en el gobierno, la iniciativa privada y es, aunque no privativa, uno de los pilares del capitalismo actual.
En tercer lugar, y casi veladamente, el autor del citado artículo menciona al sistema de pensiones y jubilaciones de Pemex cuando, a propósito del nuevo director, cita su “[…] enorme experiencia en materia de pensiones y jubilaciones, particularmente en organismos públicos que se desangran por esa vía”. Esa posición, en el fondo clasista, muestra un desprecio por quienes en realidad crean la riqueza, sobre todo cuando no están en condiciones de seguir siendo explotados. Los que realmente desangran al país son la oligarquía y la alta burocracia; los primeros, mediante evasión de impuestos, la especulación y transferencia de capitales al extranjero, en busca de mayores ganancias; los segundos, por los altísimos sueldos y pensiones que se adjudican.
Artículos como el que nos ocupó en esta ocasión son parte de una antigua campaña para la entrega de recursos y riquezas de la nación al capital privado. Los hubo similares previo a la entrega de la telefonía, los ferrocarriles, la petroquímica, las líneas aéreas, puertos, aeropuertos, los bancos y todo lo que alguna vez fue propiedad de la nación (no del gobierno). La finalidad es que aceptemos, como resultado de la imposición de su ideología, la visión del mundo y de la realidad que tiene el grupo en el poder para, una vez alcanzada esa meta y en función de sus intereses, utilizar y manipular a las mayorías con la menor oposición posible.
Por ello la lucha en el terreno ideológico no es menos importante que en los demás.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular en Salamanca, Guanajuato.
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