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El Eco de Umberto

Diálogo Estado / Raúl Muñiz Torres / Top News / 24/02/2016

SOMOSMASS99

 

PERSIGUIENDO SOMBRAS

Raúl Muñiz Torres

 

Para mi querida maestra y amiga, Adriana Vázquez,

por darme el acceso al imprescindible Eco.

 

Cuando alguien se va para siempre y lo he admirado por sus aportaciones intelectuales o artísticas,  he acudido a las letras que tengo en este espacio para recordarlo y hacerle así un breve homenaje y externar públicamente un agradecimiento pleno.

Hoy ese agradecimiento y recuerdo es para el intelectual italiano Umberto Eco, quien murió el pasado viernes dejando un legado muy rico en aportaciones filosóficas, semiológicas, periodísticas y literarias.

Como muchos estudiantes de mi generación de la carrera de Comunicación (quizá no tanto las actuales, cierto estoy), accedí al pensamiento de Eco a través de su obra, Apocalípticos e integrados, lectura obligada para la materia de Teoría de la Comunicación y que me acercó por primera vez a lo que hoy atiendo como una de mis principales preocupaciones y ocupaciones académicas, la banalización de la cultura y sus consecuencias perniciosas en la mente de una sociedad abrazada al consumo de lo efímero.

Eco establecía en dicha obra una serie de ensayos referentes a la cultura de masas y señalaba a los apocalípticos como aquellos críticos que consideraban ya en declive  a la cultura precisamente por su banalización provocada por los medios de comunicación.

Consideraba entonces a la contraparte, los integrados, que veían con muy buenos ojos la posibilidad de que la cultura, gracias a los mass media, se hubieran podido generalizar y pudiera estar al alcance de las masas.

El intelectual italiano escribía y publicaba aquella obra en 1964 y muchos años después, ya en pleno siglo XXI, Eco señaló en una entrevista que sería muy difícil hablar en estos tiempos de apocalípticos e integrados porque los primeros ya eran presa hoy en día de las redes sociales (fenómeno del que Eco era crítico feroz) y dicha práctica no parecía estar en 1964, considerada como un hecho que algún día pudiera alcanzarlos.

Vino después para mí, la lectura de El nombre de la rosa y la vista de su estupenda adaptación al cine por parte del director Jean-Jacques Annaud en 1986.

Como el docente universitario que hoy soy, sus libros, La estructura ausente y Tratado de semiótica general, me han permitido preparar mis propias reflexiones de aula sobre la semiótica junto a mis alumnos de comunicación.

Justo apenas unos días antes de que apareciera la noticia de la muerte del autor italiano, explicaba a mis estudiantes las propuestas semiológicas de Eco y apenas el año pasado, otro de mis grupos reflexionaba sobre el último de los libros del italiano: Número Cero.

Así, Umberto Eco fue y seguirá siendo una presencia intelectual permanente en mi vida académica y periodística. Cierto es que su voz y sus letras le harán mucha falta al mundo, pero la buena noticia es que su inteligencia y presencia lograron rebasar las fronteras y convertirlo en un ciudadano del mundo, el mismo que le hará honor a su apellido, un Eco que resonará por generaciones y que la historia remitirá como origen a un lugar llamado Alessandria y a una fecha marcada como un 5 de enero de 1932.

Gracias, Don Umberto, por su Eco.

[email protected]






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