SOMOSMASS99
Edgar Cortez
Martes 8 de marzo de 2016
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó su Informe sobre la Situación de Derechos Humanos en México (http://bit.ly/1To7T0a), resultado de su visita al país el año pasado. La conclusión es sumamente dura. México atraviesa una grave crisis de violencia y de seguridad desde hace varios años.
La Convención Americana sobre Derechos Humanos es un tratado acordado por todos los países del continente y cada país se compromete a respetar y cumplir lo ahí establecido. Además instauraron dos mecanismos para verificar que se cumpla lo comprometido. Uno de esos es la CIDH.
Para cumplir con su tarea la CIDH revisa casos individuales, elabora informes, visita países, etc. El año pasado, entre el 28 de septiembre y el 2 de octubre, integrantes de la CIDH estuvieron en México para conocer la situación prevaleciente. Resultado de esa visita es el informe antes referido.
La visita y el informe se centran en los siguientes temas: desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y tortura, así como la situación de inseguridad ciudadana, el acceso a la justicia e impunidad, y la situación de periodistas, defensores y defensoras de derechos humanos y otros grupos especialmente afectados por el contexto de violencia en el país.
De cada asunto hace un recuento puntual de los hallazgos y se hace un esfuerzo por esclarecer cuáles son los engranajes institucionales que generan los recurrentes problemas, ya sea por acción u omisión de las autoridades; de igual manera trata de identificar los patrones que sigue la delincuencia organizada por sí misma y en complicidad con autoridades.
El informe no es un juicio aislado sino que refuerza el diagnóstico de cada tema y el resultado global: México vive una grave crisis de derechos humanos.
La respuesta del gobierno mexicano tampoco se apartó de lo que ha sido la política de los últimos tiempos: descalificación y cuestionamiento. La respuesta oficial del Gobierno mexicano descalifica el informe de la CIDH en términos como los siguientes.
El Estado mexicano trabaja constantemente para atender las causas y consecuencias de la violencia en el país generada por la delincuencia, garantizar la seguridad, proteger, promover, respetar y garantizar los derechos humanos y mejorar el acceso a la justicia. Por ello, se esperaba que la visita de la CIDH contribuyera a esos esfuerzos y compromisos de México con la emisión de conclusiones y recomendaciones que resultaran de un informe objetivo y bien sustentado, lo cual no aconteció (http://bit.ly/1R1AAJe)
Cuando señalo que una respuesta así era previsible me refiero a que previamente cuestionó y confrontó al Relator de Tortura de Naciones Unidas (abril 2015), al Comité contra la Desaparición forzada (febrero 2015) e igualmente con el informe preliminar de la misma CIDH.
Más aún, el día anterior a la presentación de informe de la CIDH, el Subsecretario de Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaria de Relaciones Exteriores en la inauguración de los trabajos del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, cuestionó el trabajo y la calidad de los órganos internacionales encargados de vigilar el cumplimiento de los gobiernos. El cuestionamiento lo hizo en los siguientes términos.
Considerando el alto impacto que tienen las observaciones y recomendaciones emitidas por los mecanismos de derechos humanos, nos parece indispensable que éstos verifiquen cabalmente la información que tienen bajo su estudio y la analicen en estricto apego al derecho internacional.
En consecuencia, deberían emitir observaciones sólidamente fundamentadas, que reflejen objetividad y profesionalismo, para facilitar la tarea de los Estados en su instrumentación…
Por tanto el gobierno instrumenta una política de puertas abiertas para que nos visiten y al mismo tiempo descalifica a los invitados e ignora lo que nos recomienden. Una política de este corte es una mala política pues sólo hará que nuestros problemas se agudicen.
@EdgarCortezm
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