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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 18 de marzo de 2016
Hoy, sobre todo en zonas petroleras, es día de fiesta. En esta fecha, desde hace mucho tiempo, el gobierno, el sindicato petrolero y Pemex, echan la casa por la ventana; contratan cantantes, bailarines, organizan desfiles, concursos de variada índole y hacen todo lo necesario para que el 18 de marzo sea visto y aceptado como día de fiesta.
Lo mismo ocurre, desde el gobierno, con fechas significativas como el 5 de febrero, 21 de marzo, 1° y 5 de mayo, 16 de septiembre y el 20 de noviembre, por citar algunas.
La intención, en el fondo, es inducir a la pérdida de la memoria histórica y que el pueblo desconozca el significado real de esas fechas en las que él mismo ha sido el principal protagonista y olvide lo que ha sido capaz de hacer en momentos difíciles de nuestra historia.
Esa labor realizada desde y en ejercicio del poder no es reciente. La prueba más reciente de su eficacia es la imposición de las últimas reformas “estructurales”, laboral, educativa y energética, que constituyen un atentado contra el pueblo y, por la entrega de la soberanía, una traición a la patria.
Y lo pueden hacer porque nos mantienen divididos y desorganizados. Han logrado el control de un gran número trabajadores mediante dirigencias sindicales subordinadas a intereses de los patrones, en muchos casos empresas transnacionales. En otros casos, las dirigencias sindicales son cooptadas y controladas directamente por el gobierno, como los petroleros, los electricistas del SUTERM, ferrocarrileros, trabajadores del Estado y los de la educación (SNTE).
Nos mantienen divididos y han permeado la idea de que los problemas de cada sector de trabajadores es exclusivo de quienes lo conforman y de esa manera nos desvinculamos de los problemas de determinados sectores de trabajadores aunque seamos, todos, directamente afectados, como el caso de las tres reformas mencionadas.
En este contexto es significativo el triunfo de la lucha sindical de la sección 271 del Sindicato Nacional de Mineros, en la que se destacó la unidad de los trabajadores y la solidaridad de muchas organizaciones sociales y de sindicatos internacionales; no obstante la oposición de la Secretaría del Trabajo y la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, que actuaron contra el derecho de huelga, lo que mostró el grado de unidad de los trabajadores y la calidad de la asesoría legal con que cuentan.
Movimientos como el de los mineros de Lázaro Cárdenas, Michoacán, dan aliento y muestran que aun en las más adversas condiciones la unidad y la solidaridad son indispensables para enfrentar la embestida neoliberal.
Por ello llama la atención el caso de las celebraciones por el 18 de marzo, que debieran hacernos reflexionar lo que realmente significó para el país el hecho de recuperar los recursos naturales del subsuelo y lo que sucede actualmente con la reforma energética.
Y es que estos tiempos no son para festejar. Son tiempos de reflexión y de lucha, en los que debemos hacer un esfuerzo por lograr la mayor unidad entre nuestro pueblo para construir un México en el que se pueda vivir con dignidad.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
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