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Si tiene dudas, pregunte… pero nunca se calle

Diálogo País / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 22/04/2016

SOMOSMASS99

 

Eréndira Derbez / Másde131

Jueves 21 de abril de 2016

 

La primera vez que sufrí un acoso serio fue a los 15 años, la primera agresión sexual en mi vida que recuerdo con claridad. Era la niña nueva de la prepa y no sabía usar falda. En mi secundaria todas andábamos en pantalones y en mi nueva escuela las mujeres teníamos que ir obligatoriamente en falda sin importar el clima. Había prefectos muy rigurosos que no te permitían entrar a las instalaciones si no se portaba de forma “correcta” el uniforme. Usaba una prenda “masculina”, una corbata, obligatoria; pero no podía llevar pantalones, no había ninguna consideración sobre el clima, sin importar que mi nueva escuela estaba en la zona boscosa de Veracruz, a las orillas de Xalapa, y las madrugadas -entraba a a las 7hrs- eran frías. Además, mensualmente, los cólicos que padece mi cuerpo me hacen completamente intolerante al frío -me imagino que muchas compañeras igualmente sufrían por ello, pero nunca lo hablamos- y eso afecta, obviamente -tengo mente, pero también tengo cuerpo-, mi desempeño escolar.

INTERIORES SI TIENE DUDAS (3)

El caso es que “no sabía usar falda” y me sentaba “mal” en el pupitre. De repente, sin desearlo, por no tener el correcto entrenamiento, dejaba mostrar mi cuerpo, mis muslos, y probablemente mi ropa interior. Por supuesto que este acto de “exhibicionismo” no fue intencional, de hecho, no me enteré que pasaba hasta semanas después de mi ingreso al colegio. Era la época de los celulares con cámara como la máxima novedad y los niños usaban el suyo para tomarse fotos y subirlas a hi5. No sé cuándo ni cómo, pero en plena clase me comenzaron a tomar fotos, había fotos -por lo que supe después, jamás las vi- de mis piernas sentada en el salón, agachada, etcétera. Me imagino que tuvieron que haber cómplices, gente que guardó silencio para que no me percatara. Esas fotos fueron distribuidas sin mi autorización y más de un compañero las tenía en su celular.

Se preguntarán la razón por la cual hago este tipo de confesiones en un texto que está dedicado al arte. Lo hago porque en estos días nos hemos enterado de las terribles -pero no nuevas- noticias sobre los jóvenes veracruzanos que, aprovechando su situación de privilegio económico y social, han cometido crímenes sexuales en contra de mujeres. También nos enteramos de casos de acoso dentro de universidades y en el transporte público, quizás lo peor es que aunque nos indigna, no nos sorprenden del todo.

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Ahora sé que “corrí con suerte”, que es común el tomar videos y fotografías sin el consentimiento de las mujeres, o robar material digital hecho de manera consensuada entre una pareja pero que llega a caer en manos de terceros de forma ilícita, o, peor aún, material videográfico de personas siendo violadas. Me faltan dedos en las manos para contar los casos que conozco de forma cercana. Me ha tocado saber del grave daño que le ha ocasionado a mujeres próximas a mi círculo esta clase de robos -yo nunca he visto fotos y videos robados pero sí he escuchado gente riéndose y hablar sobre el tema, siempre criticando a la víctima-.

Esta historia de la prepa es justamente la que creo que debí escribir en el tendedero de Mónica Mayer que está colgado en el MUAC. En estos días en los que se habla tanto de los criminales “porkis” de Veracruz, del caso de Andrea Noel y Gabriela Nava, la exposición de Mónica Mayer ha tomado un sentido totalmente distinto para mí, es un espacio de reflexión que cae como anillo al dedo.

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No creo que cupiera en un papelito rosa del tendero, pero creo que ante la pregunta ¿Cuándo fue la primera vez que te acosaron?, esa debería ser mi respuesta. Aunque ya había experimentado silbidos en las calles de Xalapa, ese fue el primer acto de violencia sexual que en verdad me marcó. Pero no puedo negar que los acosos callejeros fueron para mí una señal, fueron el aviso de que había comenzado la adolescencia: fue un anuncio del exterior sobre algo que sucedía en mi cuerpo, comenzaba a ser un ser sexuado.

Con los años me he percatado que da igual como me vista, sujetos con ganas de joder a las mujeres hay en todas partes, también los hay en espacios “serios” como las universidades -levante la mano quien ha sido acosada por un profesor, conoce una historia de acoso o ha sido subestimada académicamente por ser mujer-.

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Mónica Mayer es una de las artistas feministas más reconocidas en México. También es una crítica y docente respetada y una activista por los derechos de las mujeres. En el mundo de la historia del arte su nombre nos suena por tres hechos muy importantes: el primero es haber formado el primer colectivo de arte feminista en la “época de los grupos”: Polvo de Gallina Negra, que hizo en mancuerna con Maris Bustamante. La segunda razón es que creó, junto con Victor Lerma, Pinto Mi Raya  en 1989 como un espacio de arte alternativo; la tercera es porque estudió en el emblemático Women Building en Los Ángeles.

“En 1978 ingresé por fin al Feminist Studio Workshop en el Woman’s Building en Los Ángeles. El proceso educativo en esta institución singular era muy especial porque estaba basado en el formato de pequeño grupo tan utilizado por todo el movimiento feminista y se buscaba desarrollar la creatividad y crear conciencia por medio de dinámicas de grupo e investigaciones sobre las artistas del pasado. Acostumbrada a una educación tradicional, para mí fue una sorpresa encontrarme en clases en las que lo que más se valoraba era mi experiencia personal.”[1]

Mayer recuerda que dentro de los grupos de los setenta se discutía poco sobre feminismo o temas de mujeres, se consideraba que era “burgués” el hacerlo[2]. Habían muchos problemas en la agenda y no se creyó que fuera importante pensar en temas de género. Junto con otras artistas feministas, Mayer ha abierto espacios, también en los museos.

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La exposición Si tiene dudas… pregunte, es una “retrocolectiva”, sí: no es sólo una retrospectiva de la obra de Mayer, es una exposición donde hay obra de más artistas como Maris Bustamante, Lourdes Grobet y Magali Lara. El concepto “retrospectiva” fue sugerido por la historiadora del arte María Laura Rosa, “para hacer referencia desde el título a esta integración de trabajo individual y colectivo, público y privado en la trayectoria de Mayer”[3] y fue curada por la estupenda historiadora del arte, Karen Cordero Reiman. Es un espacio que, como normalmente pasa en el MUAC, nos ofrece momentos de reflexión y de diálogo. Las piezas expuesta dialogan conmigo como espectadora -y partícipe-, y también dialogan entre ellas.

Este domingo 24 de abril (#24A) tenemos una cita en las plazas del país, hagamos espacio en nuestra agenda; también, para ir a Si tiene dudas… pregunte.






Luis López




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