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Alfonso Díaz Rey*
Viernes 6 de mayo de 2016
La observación de las marchas y concentraciones para conmemorar el Día Internacional de los Trabajadores es una práctica que permite confirmar qué tanto la realidad ha influido en el avance de la conciencia individual y colectiva de ese importante estrato social.
Una apreciación inicial es que se ha impuesto como celebración del Día del Trabajo, algo aparentemente inocuo pero con una tremenda carga ideológica porque, como hemos comentado anteriormente, enajena cada vez más al trabajador y lo desvincula del hecho de que es el creador de la riqueza y de la explotación a que es sometido en una sociedad capitalista.
También puede apreciarse que los límites que impone la clase dominante a las demandas no rebasan el economicismo, lo que mantiene a los trabajadores preocupados y ocupados en mejorar las condiciones de su esclavitud, en lugar de buscar la manera de salir de ella.
Y aun cuando el descontento ha crecido y se generaliza, el control que se ejerce sobre la mayoría de los trabajadores a través de las dirigencias sindicales es tal que los mantiene desunidos, atemorizados y enajenados, no obstante pertenecer a una organización. El hecho de pasar lista de presente para comprobar su asistencia a la conmemoración del 1° de mayo y recibir a cambio una camiseta, cachucha, vestimenta deportiva u una simple torta, comprueba que esa asistencia se da por temor a algún tipo de represalia.
Evidencia del descontento entre los trabajadores y del temor presente en la clase dominante es la presencia de la policía (uniformada y encubierta) fuertemente armada en clara actitud de infundir miedo, en espera de que los disidentes caigan en las trampas de los provocadores y así tener excusas para imponer el orden.
Otra muestra del temor a los trabajadores y al pueblo son las celebraciones de esta fecha que en varias partes del país se dan en privado, con asistencia de las altas autoridades y las cúpulas de las dirigencias de sindicatos “oficialistas”.
Sin embargo, es alentador confirmar que cada vez son más los trabajadores que cuestionan la política del gobierno y al sistema mismo, aun cuando en algunas organizaciones que se definen como independientes continúan con prácticas de control similares a las del sindicalismo oficial; que en lugar de fomentar la toma de conciencia de sus agremiados y que sea esa conciencia la que los impulse a participar en este tipo de actividades, recurren a mecanismos de control para mostrar cierta capacidad de convocatoria.
Es también alentador el hecho de que se avance en la vinculación de las luchas de diferentes sectores de trabajadores y, mejor aún, con movimientos sociales que también son víctimas de las políticas del gobierno, la corrupción, la inseguridad, la impunidad y todos los vicios y lacras del sistema que afectan a todo el pueblo mexicano. En muchas marchas del pasado 1° de mayo la participación de miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, familiares de “Los 43” y diversas organizaciones sociales, fue relevante.
La gradual toma de conciencia de los trabajadores, su vinculación con movimientos sociales y otros sectores del pueblo será necesaria para la conformación de ese sujeto político y social que se requiere para refundar este país, refundación que implica crear nuevas bases de convivencia y recuperar lo más valioso de nuestra historia, nuestra cultura y las luchas de nuestro pueblo, para construir una sociedad más justa para todos.
En la medida en que seamos capaces de organizarnos, avanzar con base en nuestras coincidencias y construir consensos, podremos enfrentar los obstáculos que, hasta ahora, impiden verdaderos cambios en beneficio del pueblo.
* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.
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