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©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 5 de mayo de 2016
Las fechas, las tradiciones, los protocolos, los rituales y todos aquellos eventos que en su inicio fueron creados con una finalidad específica y humana se van vaciando de sentido, quedando sólo la forma, el ruido, el consumo.
Acaba de pasar el Día del Niño, fecha instituida originalmente para dedicarla a la fraternidad y a la comprensión entre los niños/niñas del mundo entero y que se destinaría a actividades propias para promover su bienestar. Poco vimos de eso. Los gobiernos y las instituciones organizaron más verbenas y fiestas que acciones, programas, leyes y políticas que realmente promuevan el bienestar de la infancia.
Actualmente la mayoría de los infantes a los que les preguntamos qué es el Día del Niño, suelen responder que se trata de un día para recibir regalos. En eso lo hemos convertido los adultos. ¿Por qué? Porque de ese modo nos sacudimos la responsabilidad de comprenderlos y comprometernos con ellos.
Ahora se acerca el Día de la Madre. Curiosa manera aún vigente de honrar la maternidad regalándoles licuadoras, planchas, refrigeradores y demás utensilios para el trabajo doméstico, o poniendo a trabajar a la propia madre en la organización, coordinación y ejecución de “su” festejo.
Estas formas de honrarlas siguen reproduciéndose gracias a una cultura y a un sistema al que le sigue resultando de utilidad mantener atrapadas a las mujeres en rígidos moldes.
La investigadora Marta Acevedo mostró que la celebración del Día de la Madre en nuestro país estuvo vinculada a una manipulación política deliberada frente al incipiente movimiento feminista mexicano que realizó su primer congreso en Yucatán en 1916 (hace un siglo), donde se discutió, entre otras cosas, la necesidad de plantearse la maternidad como una libre elección y se aconsejaba a las mujeres a evitar embarazos no deseados mediante la anticoncepción.
En los siguientes años, relata Marta Lamas —con base a Acevedo—, los grupos feministas de aquel estado continuaron hablando sobre la emancipación de la mujer y sus derechos, traduciendo sus conferencias al maya y estableciendo comités en varios lugares. Pero las críticas no se hicieron esperar: entre marzo y abril de 1922 varios periódicos locales emprendieron una campaña contra las feministas y sus propuestas “inmorales” para regular la procreación.
En ese contexto, Excélsior retomó la celebración estadunidense del Día de la Madre y convocó a un festejo similar, con el apoyo decidido de Vasconcelos (entonces secretario de Educación Pública), el arzobispo primado de México, la Cruz Roja y las Cámaras de Comercio. Las propuestas feministas de que la maternidad sea elegida quedaron enterradas bajo la avalancha propagandística.
De 1922 a 1968, todos los 10 de mayo Excélsior organizó festivales donde premiaba a las madres más prolíficas, a las más heroicas, a las más sacrificadas. También surgió de Excélsior la iniciativa, en 1927, de construir un Monumento a la Madre, que el presidente Miguel Alemán inauguró en 1949.
Ese fue el origen del Día de la Madre. Las preguntas ahora son: ¿en la actualidad realmente se honra a la maternidad con el tipo de festejos vigentes? ¿No será que lo único que se sigue haciendo con estas prácticas es premiar el sacrificio y el amor incondicional una vez al año, para de esta manera mantener el servicio doméstico femenino garantizado a perpetuidad? ¿Será que la mercadotecnia, aprovechando la ambivalencia y culpa que el pueblo mexicano tiene hacia la figura de la madre, ofrece una alternativa de expiación mediante obsequios materiales? (Tengo la sospecha de que las ventas alrededor de esta fecha son proporcionales a la ambivalencia y culpa hacia la madre, o sea, muy altas).
Al Día del Niño se le vació de sentido para evadir la responsabilidad que tiene el Estado, y los adultos en general, para con la infancia: les cambiamos la garantía de bienestar y respeto a sus derechos por dulces, regalos, juguetes y verbenas. Mientras que al Día de la Madre se le dotó de un contenido tramposo: la permanencia y hasta exigencia de abnegación, servidumbre, incondicionalidad, altruismo, reclusión al ámbito doméstico, existir para los otros y no para sí misma.
Y así nos vamos vaciando como sociedad, también.
* Psicólogo / [email protected]
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