SOMOSMASS99
Redacción / SomosMass99
Ciudad de México / Miércoles 4 de mayo de 2016
Al grito de «¡Atenco, Atenco, Atenco… la lucha sigue y sigue!», la marcha de los comuneros de San Salvador Atenco entró ayer al zócalo de la Ciudad de México para recordar los 10 años de la represión de 2006 por parte de los gobiernos de Vicente Fox y Enrique Peña Nieto, que dejó como resultado muerte del universitario Alexis Benhumea y del niño de 14 años Javier Cortés, además de 17 mujeres violadas de 40 detenidas.
La manifestación partió del Ángel de la Independencia, pasó por el Monumento a la Revolución hasta llegar al Zócalo. Ahí, frente al Palacio Nacional, lanzaron al aire: «Ni perdón ni olvido, castigo a los asesinos». Luego: «¡La patria no se vende, se ama y se defiende!»; «¡lucha, lucha, lucha, no dejes de luchar, por un gobierno obrero, campesino y popular!»; «¡Atenco no se vende, se ama y se defiende!». Y «¡Zapata vive, la lucha sigue y sigue!»; «¡la decisión está tomada, el aeropuerto a la chingada!»; «Ni hoteles, ni aviones, la tierra da frijoles!».
Previamente, a pocos metros de arribar al lugar del mitin, ante el grito de «¡Enrique vive, la lucha sigue!», Ignacio del Valle, líder de los pueblos de Atenco, aclaró que no se referían «al asesino, sino a un compañero que el 11 de julio de 2002 fue masacrado por la policía del estado, en ese tiempo (era gobernador) Arturo Montiel.
«Hace diez años, Enrique Peña Nieto, siendo gobernador del Estado de México, manda reprimir al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. Es un escarmiento o un ejemplo para que nadie alce la voz, pero no lo ha conseguido ni lo conseguirá. Porque en esencia seguimos de pie, en esencia no vendemos la tierra ni la vamos a dejar».
Los integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, que blandieron durante todo el recorrido sus machetes con la leyenda «Mayo rojo no se olvida», fueron acompañados por estudiantes normalistas, compañeros de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, entre ellos Omar García, sobreviviente de la noche de Iguala; miembros de la organización El Fuego de la Digna Resistencia y de la Campaña Nacional e Internacional en Defensa de la Madre Tierra.
Ya desde el micrófono instalado en una camioneta, un atenquense de nombre Raúl pidió a todos los mexicanos solidarizarse con su lucha y aportar en donación árboles del tamaño de un cuerpo. «Para sembrar en nuestro ejido, nuestras tierras; para sembrar en esa autopista del despojo. Hay un amparo que las autoridades no quieren respetar», denunció.
La joven que conducía el mitin comentó que en los últimos días los vecinos dialogaron sobre las formas en que van a seguir resistiendo y entre las actividades a realizar anunció una convocatoria amplia a todos los pueblos «para que nos donen un cachito de vida, un árbol que pueda ser sembrado como una trinchera, que nosotros le llamamos trincheras de vida. Necesitamos muchos árboles porque vamos a sembrar vida. Le vamos a decir a este gobierno que un aeropuerto de muerte no lo queremos, lo rechazamos contundentemente. Vamos a tratar, a tratar, a ver si entienden, que lo que queremos es vida. Por eso estamos solicitando árboles para que esa sea nuestra trinchera, una de nuestras trincheras. Porque mientras ellos destruyen, nosotros tenemos que seguir reivindicando la vida».
Un señor que se identificó como Felipe dijo que a diez años de la represión de 2006 los pueblos de Atenco resisten. «Y desde aquí le queremos decir a Enrique Peña Nieto que no piense que ya nos dobló, que no piense que ya claudicamos. Al contrario, con sus provocaciones de meter al Ejército en nuestro territorio, con las provocaciones de meter a la Policía Federal que hace rato invadió nuestras tierras junto con la Policía Estatal y Municipal, le estamos diciendo que no le apueste, que nosotros tenemos algo muy valioso para defender la tierra, tenemos algo muy valioso que es la dignidad y nuestra propia vida.
«No piense Enrique Peña Nieto que nos estamos chupando el dedo, no piense que nosotros no estamos organizados. Sería un error que no cumpla la palabra que dijo, que no se iba a meter en nuestras tierras. Sería un error seguir insistiendo, en seguir jugando con el hambre de nuestros pueblos, engañando a nuestra gente y dándoles dádivas para convencerlos de que vendan sus tierras. Es un juego sucio, es un juego en contra de la necesidad y eso, nosotros como gente de pueblos, no lo vamos a permitir».



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