SOMOSMASS99
©Gaudencio Rodríguez Juárez*
Jueves 12 de mayo de 2016
La palabra autoridad tiene como raíz: augere que significa “aumentar”, cuyos sinónimos son muy ricos: hacer crecer, tomar cuerpo, desarrollarse… La autoridad, pues, permite que el niño desarrolle su potencial, la posibilidad contenida en sí. Se trata de una función trascendental en el proceso de humanización de los hijos e hijas. De ahí la importancia de un ejercicio responsable, constante, congruente, efectivo.
El poder se refiere a la capacidad o facultad para hacer determinada cosa, tener la facilidad, tiempo o lugar de hacer algo, contar con la fuerza que permita llevar a cabo una función, una acción, un proyecto. Sin poder, sin fuerza, no hay movimiento.
Los seres humanos contamos con poder (más o menos, en función de la edad, personalidad, rol, circunstancias, etcétera), poder que se pone en juego en todas las relaciones humanas. Sin éste no puede haber interacción, interlocución, negociación, acuerdos, convivencia.
En los sistemas familiares a los padres les corresponde el rol de autoridad. Mientras que poder lo tienen todos sus miembros (en sus respectivas dimensiones).
Cuando la autoridad y el poder son bien manejados en las familias la armonía es la constante, el crecimiento y maduración de los hijos e hijas está garantizado.
El problema radica en su mal uso. En la actualidad aún podemos observar prácticas de educación y disciplina con altos montos de autoritarismo, cuyos instrumentos suelen ser los castigos, las amenazas, las sanciones y hasta las humillaciones, los cuales modifican conductas, ni duda cabe. Lo que muchas veces no se alcanza a ver son los costos, pues dichas conductas ceden no gracias a la comprensión de la situación o del momento, sino debido al miedo que genera el poder omnipotente de los padres.
A menor edad del niño, mayor poder de los padres, por lo tanto, de sus métodos autoritarios. Pero conforme el niño crece, crece su poder, y disminuye el impacto de este tipo de métodos. ¿Por qué? Porque el hijo va adquiriendo mayor fortaleza física y emocional que amplifica su capacidad de manejo del miedo, así como para recurrir a estrategias que le permitan salir librado de estas situaciones amenazantes. En casos extremos podemos observar a adolescentes que encaran a sus padres a quienes ya igualaron en la talla.
Aun así muchos padres se aferran a la monopolización del poder, generando ambientes familiares tensos, tóxicos, desagradables y dañinos donde la responsabilidad de ayudar a los hijos e hijas a crecer, a ser más y mejores personas no se cumple. Los métodos autoritarios nunca han servido como medidas educativas, disciplinarias y, en la adolescencia, menos.
Rudolf Dreikurs (1897-1972) fue un psiquiatra y educador estadounidense que trabajó cerca del médico y psicoterapeuta Alfred Adler (1870-1937). Ambos personajes trabajaron arduamente para mejorar las relaciones entre niños y adultos en la casa y en la escuela.
Aún antes de su muerte a Dreikurs le preocupaba observar que algunos adultos que intentaban practicar sus sugerencias no comprendían algunos de sus conceptos básicos y terminaban distorsionando sus técnicas al pretender utilizarlas para “ganarles” a los niños, en lugar de “ganarse” a los niños.
Desde Dreikurs, los adultos se “ganan” a los niños cuando los tratan con dignidad y respeto (gentileza y respeto al mismo tiempo) y confían en sus aptitudes para cooperar y contribuir.
“Ganarles a los niños”, en cambio, hace que éstos se conviertan en perdedores y perder, generalmente, causa en ellos rebeldía o sumisión. Los temperamentales sacarán fuerzas de su genética y reaccionarán en clave de sobrevivencia, los menos energéticos no tendrán otra alternativa que apagarse. En ambos casos tendremos niños —y más tarde adolescentes, luego adultos— con problemas para utilizar el poder y relacionarse con la autoridad.
Desde la Disciplina Positiva (metodología de Lott y Nelsen con base a los principios de Adler, Dreikurs, et al) se observa que con frecuencia los padres tienen miedo de desprenderse y dejar que los adolescentes experimenten su propio poder personal. Sin embargo, los y las adolescentes lo experimentarán de todos modos —sólo que lo harán de forma clandestina— lo que implica muchas mentiras y esconderse para así poder hacer lo que quieren mientras que tratan de evitar el castigo y/o la desilusión de sus padres.
Adiós al autoritarismo. Bienvenida la autoridad con amabilidad y firmeza. Democraticemos el poder en las relaciones familiares para evitar la rebelión y las luchas de poder, para construir seres humanos responsables, respetuosos, de esos que le urgen a nuestra sociedad.
Te invito al taller intensivo Disciplina Positiva para Padres de Hijos Adolescentes que se llevará a cabo el sábado 21 de mayo en la ciudad de León, Guanajuato. Informes e inscripciones al teléfono (477) 7176260.
* Psicólogo / [email protected]
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