SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Primera de tres partes*
Miércoles 6 de julio de 2016
Probablemente el nombre de Robin Hardy le resulte única y entrañablemente conocido a los amantes de alta fidelidad del cine, aquellos que si bien consumen ya la nueva ola del séptimo arte online, también y quizá con mayor frecuencia buscan en cualquier sitio que así los invite, aquellas pequeñas joyas que yacen en los tiraderos de cualquier lugar que siga vendiendo películas DVD´s, aquellos cinéfilos que la curiosidad permanente los premia en su búsqueda con películas como El hombre de mimbre.
El cineasta británico Robin Hardy murió el pasado viernes y en su legado dejó The wicker man, la más famosa de sus apenas tres películas que narra la historia de Neil Howie, un policía que llega a la lejana isla de Summerisle, en las remotas Hébridas escocesas.
El joven policía arriba a dicha isla con la encomienda de investigar la desaparición de una niña, pero lo único que encontrará será una comunidad pagana, adicta a los cultos celtas pero sobre todo, se sumergirá en una población turbia y espeluznante que lo enloquecerá y lo envolverá en un espacio surrealista y laberíntico que pondrá a prueba su razonamiento y su cordura. En el intento, Howie se perderá.
El hombre de mimbre se convierte así y al paso de los años, en una de las cintas de terror más inquietantes de todos los tiempos y el consenso de dicha calificación une a los críticos de cine para admirar la pequeña obra maestra de Hardy en una película que cabe ya dentro de los cánones de eso que llamamos cine de culto.
Hardy pasa a la historia del cine siendo un artista de obra breve, el director británico dejaba con su hombre de mimbre las razones suficientes para que el paso de las generaciones, le recuerden con esta propuesta que marcó una época y un género que podemos interpretar como terror psicológico, surrealista, kafkiano, desesperante a los ojos del espectador, fascinante e hipnótico en su concepción.
Sabemos poco sobre las razones personales, profesionales y artísticas que orillaron a Hardy a crear una producción tan escasa y separada por muchos años entre cada una de las tres cintas que filmó. Luego del éxito de El hombre de mimbre en 1973, Hardy filmó The Fantasist en 1986 y cerró su trabajo con el El árbol de mimbre en 2011.
Ni The Fantasist, ni El árbol de mimbre alcanzaron la calidad ni la buena recepción de su primera obra, pero su primer película protagonizada por Christopher Lee, bastó a Hardy para que se hable de él con el respeto de quien es capaz de generar una obra que entre los círculos más conocedores de la cinematografía se entienda su talento como una de esas rarezas fílmicas difícilmente igualables.
Ya el cineasta Neil LaBute buscó afanosamente con El culto siniestro, entrar a la atmósfera llena de desasosiego creada por Hardy. No pudo, a pesar de la presencia de Nicolas Cage como protagonista de la historia moderna imaginada años atrás por fallecido director británico.
Es tiempo de revisitar el inquietante ser de mimbre de Hardy y para quienes gusten de apreciar una auténtica historia de terror, es buena oportunidad para acercarse a tal posibilidad.
Descanse en paz, Robin Hardy.
* Mañana: Abbas Kiarostami
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