SOMOSMASS99
PERSIGUIENDO SOMBRAS
Raúl Muñiz Torres
Miércoles 13 de julio de 2016
El activismo social suele confundirse en ocasiones con la mera y llana queja por la queja misma, la violencia como recurso final ante la falta de ideas y una serie de personajes que en su discurso se quedan muy lejanos de la presencia de los visionarios, esos líderes morales que verdaderamente sacudieron conciencias y no agresiones, líderes que apelaron a la inteligencia y no al grito de consignas hechas lugar común, líderes que pudieron llamarse así porque trabajaron de verdad para una comunidad entera y no sólo para el beneficio personal.
Por eso, hoy que en Irapuato ha tenido lugar la boda de la primera persona transgénero, que en León se celebró una marcha más por el orgullo gay, que las personas del mismo sexo que deciden compartir una vida, han expresado su deseo también por ser padres y ser reconocidos como tales por una sociedad que sigue negando lo diferente, en todos esos actos es preciso recordar a uno de los activistas pioneros de la lucha en favor de la diversidad sexual: Harvey Milk.
Milk fue un luchador social nacido en Nueva York el 22 de mayo de 1930 y murió asesinado el 27 de noviembre de 1978 por Dan White, un supervisor de San Francisco. Milk es recordado también por ser el primer hombre abiertamente homosexual en ser elegido a un cargo público en los Estados Unidos. Fue supervisor en la ciudad de San Francisco y desde ahí luchó a favor de los derechos humanos de la comunidad gay.
Son memorables algunas de sus acciones para que la ciudadanía de San Francisco entendiera y aceptara los derechos de los homosexuales y en esa batalla, por ejemplo, logró que se echara abajo una propuesta de un senador quien había deslizado la posibilidad de despedir de las escuelas a los profesores gays y lesbianas.
Milk, según sus biógrafos, aceptó su homosexualidad desde la adolescencia y mantuvo oculta su orientación hasta su edad adulta. Él sabía bien que no era fácil abrirse ante el mundo y hacerle saber a esa hostilidad social que su sexualidad no encajaba dentro de los cánones establecidos por un mundo intransigente que, como escribiría Erich Fromm, se inscribe dentro de una normalidad patológica.
Sin embargo, Harvey también entendió, cuando decidió asumirse como homosexual ante los ojos del mundo, que “salir de closet” era la única forma de poder enfrentar las resistencias de los otros y los miedos de sí mismo.
No por nada, una de sus frases más reveladoras es aquella en donde Milk, sabiéndose vulnerable ante el odio de mucha gente, dijo: “si una bala atraviesa mi cerebro, dejen que esa bala destruya las puertas de todos los closets”.
Invitaba así a todos aquellos que tuvieran preferencias sexuales distintas, a abrirse ante el mundo, compartirle su pensar y su sentir, sus miedos y también sus expectativas de vida, esas expectativas que confluyen en virtudes y defectos como las de cualquier ser humano.
Y fueron las balas las que en efecto, terminaron con su vida y fueron esas mismas balas las que detonaron la conciencia de muchos en una ciudad, en un país, en muchas latitudes. Milk fue asesinado por Dan White junto al alcalde George Moscone el 27 de noviembre de 1978 en las instalaciones de ayuntamiento de San Francisco.
Bien se dice que los homenajes saben mejor en vida, pero la muerte de éste activista social le vino a traer a su existencia un reconocimiento bien merecido que hoy le ha puesto su nombre a algunos lugares y plazas de San Francisco, la revista Time lo incluyó entre los “100 héroes e íconos del siglo XX”, Barack Obama le concedió de manera póstuma La medalla presidencial de la Libertad y el Estado de California lo ha incluido ya en su Salón de la Fama.
El cine, por supuesto, también le ha puesto su estrella a la figura del luchador social. En 2008 El director Gus Van Sant llevó la vida de Milk a la pantalla grande con una estupenda caracterización del actor Sean Penn como Harvey.
Por todo ello, pienso que hoy, gracias a nuevas luchas, nuevos luchadores y formas de entender la vida de los otros, Milk se erige como esa semilla de la que brotan todas las victorias que la diversidad sexual acuña desde hace al menos 40 años alrededor del mundo.
Grato será siempre el recuerdo de Harvey Bernard Milk.
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