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La unidad, una reflexión

Diálogo Estado / Top News / 29/07/2016

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 29 de julio de 2016

 

[…] los problemas que nos aquejan no son insolubles; en realidad todos pueden resolverse si se lucha de manera organizada y unida […]

Alonso Aguilar Monteverde

 

La lucha de los pueblos por mejorar sus condiciones de existencia ha sido una constante en la historia de la humanidad; sin embargo aun cuando se lucha por una causa justa el resultado no siempre es la victoria.

El surgimiento de un movimiento social que de inicio convoque a un número importante de personas y personajes en torno a un objetivo no necesariamente significa seguridad en el triunfo. Luchas muy importantes y justas fracasaron debido a la comisión de serios errores, no obstante contar con experimentados militantes.

A juicio de quien escribe existen, entre otras, tres condiciones esenciales para que un movimiento o una lucha social tenga posibilidades de alcanzar su objetivo: claridad total en torno al objetivo, organización y unidad. La intención de estas líneas es compartir una reflexión en torno a la unidad.

El solo problema de la unidad compromete e impide el triunfo de múltiples luchas. La unidad puede parecer sencilla, pero no lo es. Aun entre quienes militan en una misma organización es fácil advertir múltiples discrepancias; lo es porque aunque se habla a menudo de unidad, sucede también que no queda claro en torno a qué debieran unirse.

Esto pasa, sobre todo, cuando faltan programas y líneas de acción fundamentales bien definidas, y pesan más las posiciones parciales de corrientes que en el seno de una organización se enfrentan unas a otras.

Ocurre, también, cuando los problemas de fondo se dejan de lado y casi no se mencionan, mientras cuestiones secundarias y menores, sobre las que hay posiciones muy diversas, pasan al primer plano.

Otro factor que por sí solo complica la unidad es que, hoy, las luchas sociales deben librarse en planos muy amplios y agrupando fuerzas muy heterogéneas. Unir a obreros y campesinos, a obreros y empleados, a pequeños productores, a personas que explicablemente piensan de maneras diferentes, no es fácil. Y, dados los profundos cambios en el proceso de trabajo, tampoco lo es unir a trabajadores que antes estaban muy cerca entre sí, pero que ahora tienen otras funciones en el proceso productivo, trabajan ya separados y aun geográficamente muy alejados unos de otros. Inclusive unir en la lucha política a quienes dicen tener la misma manera de pensar, es difícil.

Aun habiendo entusiasmo y decisión, la organización es defectuosa y pobre, la disciplina escasa, el trabajo colectivo es débil y no pocas veces incluso se piensa que basta repetir verbalmente ciertas cuestiones para triunfar. O bien la lucha se libra sólo en ciertos planos dejando de actuarse en otros no menos importantes Uno de los planos en que hoy es muy importante luchar, es el propiamente cultural. Con frecuencia se presta atención, y aun se centra el trabajo en lo político no pocas veces incluso en lo meramente electoraly en ciertas demandas y reivindicaciones económicas. A la lucha cultural se la deja de lado, o sólo de repara en aspectos aislados. Se olvida a menudo, por ejemplo, aquello de que nada hay tan práctico como una buena teoría, y que la cultura no es un fenómeno de salón que sólo interese a ciertos intelectuales, sino una expresión fundamental de todo lo que el hombre hace, y por tanto de su esfuerzo cotidiano para ganarse la vida.

Aunque no sea privativo de nuestro país, algo que caracteriza a las fuerzas que intentan una transformación profunda de la sociedad es la dispersión, el espontaneismo, la ausencia de claridad y acuerdo en torno a causas por las que debiera lucharse en común.

A la unidad se oponen numerosos obstáculos: bajos niveles de organización, incapacidad para comprender su importancia, desacuerdos teóricos y prácticos, viejos vicios y rutinas, actitudes conformistas y reformistas, desconfianza, enajenación, temor a la represión y, siempre, la acción de un enemigo dispuesto a confundir y desalentar y a hacer perder la fe en todo aquello que pueda movilizar y fortalecer al pueblo.

Algo que también vuelve difícil la unidad es que a nada conduce intentarla sin un propósito viable y claramente definido; unirse, ¿para qué?, ¿con quién?, ¿cómo?, ¿por cuánto tiempo?, ¿a partir de qué principios éticos y estratégicos?, ¿en qué tipo de acciones?, ¿frente a qué riesgos?, ¿con qué perspectiva?

La atención y solución adecuada a esas interrogantes puede evitar que se cometan errores que a la postre influyan negativamente en el resultado de una lucha, por muy justos y nobles que sean los objetivos.

Sorprende que ante problemas y errores se cometa la grave falla de no examinar autocríticamente lo hecho. Lo que revela que, en realidad, la autocrítica no se práctica, o sólo se hace de manera muy parcial e inadecuada. Entre otros errores, falta un conocimiento riguroso de la realidad en la que se actúa; se exageran y a veces no se advierten siquiera ciertas contradicciones, y todo ello lleva a cuentas alegres y a suponer fácil incluso lo que es cada vez más difícil.

Los obstáculos con que se tropiezan los esfuerzos por la unidad en busca de un cambio social no debieran hacernos bajar la guardia ni producir desaliento y actitudes derrotistas. La agudización de la crisis del sistema y los graves desequilibrios que entraña, el creciente descontento popular y el desgaste oficial frente a la realidad, debieran estimular la lucha por la unidad.

Un elemento importante de convocatoria puede ser un programa en el que diferentes sectores sociales vean reflejados sus anhelos, preocupaciones y comprendan mejor el objetivo por el que se lucha, lo que, a la vez, contribuiría a fortalecer a las fuerzas que intentan un cambio a favor del pueblo.

La lucha debe librarse simultáneamente en distintos planos, que la unidad en la diversidad es difícil, pero posible y aun necesaria, pues lo que se busca no es restar o dividir, sino todo lo contrario, es decir: unificar, sumar fuerzas y multiplicarse, ya que solamente así se puede modificar una correlación de fuerzas desfavorable, y triunfar.

*

P.D. Las ideas para la elaboración de estas líneas surgieron de la lectura de dos ponencias:

Alonso Aguilar Monteverde. Utopía, ciencia y lucha. Ponencia presentada en la Conferencia Internacional, Con todos y para el bien de todos, realizada en La Habana, Cuba. Octubre 2005.

Frente Regional Ciudadano en Defensa de la Soberanía. Ponencia en Foro Petróleo y Soberanía. Salamanca, Gto. 20 de septiembre de 2008.

* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.






Luis López




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