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Sir Alfred Hitchcock

Diálogo Estado / Raúl Muñiz Torres / Top News / 10/08/2016

SOMOSMASS99

 

PERSIGUIENDO SOMBRAS

Raúl Muñiz Torres

Miércoles 10 de agosto de 2016

 

En La soga (1948), Alfred Hitchcock hace alarde de cómo mantener en vilo al espectador durante 80 minutos sin darle respiro: dos estudiantes organizan una reunión en un departamento con diversos invitados, entre ellos, uno de sus profesores más admirados.

Los jóvenes quieren demostrar que el crimen perfecto existe. Antes de la llegada de los convidados, los dos muchachos han asesinado a uno de sus amigos. Lo han asfixiado con una soga. El cadáver es encerrado en una especie de baúl que reina en la sala de la casa, sobre él, los alimentos de la fiesta y alrededor los invitados que comen y beben ajenos al macabro contenido de su mesa gastronómica.

El duelo irrumpe, los jóvenes estudiantes empiezan a ponerse nerviosos ante la llegada de su maestro que empieza a sospechar de ambos. Imposible separar la vista de los hechos, plasmada prácticamente toda la historia en un solo plano secuencia, la tensión no parece tener fin.

Ese fue el director Alfred Hitchcock, esa leyenda del cine mundial nacido un 13 de agosto de 1899 en Leytonstone, Londres. El llamado maestro del suspenso que sin embargo, nunca ganó un Oscar al mejor director pero que a cambio, ganó algo que varios actores y directores dueños de una estatuilla, cambiarían gustosos por al menos un poco de lo que Hitchcock representa en la historia del séptimo arte: la inmortalidad y la imposibilidad del olvido. La gloria eterna.

De Los pájaros (1963). En un pequeño poblado de los Estados Unidos, los pájaros de la zona empiezan a tener un extraño comportamiento, empiezan a atacar a los habitantes del lugar. En una de las escenas, los protagonistas, Melanie y Mitch (esplendidos Tippi Hedren y Rod Taylor) salen de la casa sitiada por las perturbadoras aves acompañados de la madre de Mitch y la pequeña hermana de éste.

No respira el espectador. Un extraño silencio interrumpido apenas por el ruido de las, en ese momento, tranquilas aves. Los personajes avanzan lentos y aterrados al coche. Un paso en falso y despertarán otra vez la rabia de los pájaros. Nadie respira. Tensión brutal.

Así era Sir Alfred Hitchcock, no necesitaba de excesivos diálogos que explicarán nada. Era suficiente para crear terror, tensión y suspenso, el rostro desencajado de sus personajes, la expresión facial que revelaba todo el miedo y la angustia provocada por una situación obscura y llena de fatalidad.

La cámara del director británico eran los ojos del espectador y de esa manera lograba que éste estuviera en la escena de manera muy cercana, con una vista privilegiada que lo convertía en testigo directo del horror de los personajes.

De Psicósis (1960). Marion (Janeth Leigh) se ha refugiado en el Bates Motel. Huye después de haber robado a su jefe una considerable suma de dinero. En una de las escenas memorables de la historia del cine, Marion entra al baño para ducharse. La cortina se abre de manera violenta. La figura de una mujer mayor embiste con un cuchillo a Marion. La chica grita aterrada, el cuchillo entra en el cuerpo de Marion y el chirrido de unos violines como fondo musical aturde, angustia la mirada del espectador.

Así mostraba Hitchcock su maestría como director, sonidos y silencios combinados con una serie de ruidos que enloquecían, con imágenes meramente cotidianas que escondían tras de sí una intención perversa o inquietante cuando menos.

Incluso esos pequeños sonidos de la cotidianidad ayudaban a darle a Hitchcock los elementos necesarios para generar la intranquilidad. El sonido del cuchillo entrando en el cuerpo de Marion se hizo clavando dicha arma repetidas veces en una sandía. Lo cotidiano al servicio del suspenso y del terror.

De La ventana indiscreta (1954). Obligado a permanecer en reposo con una pierna enyesada debido a una fractura, un reportero gráfico (James Stewart) se ve orillado matar el tedio espiando  con su cámara a los vecinos que viven y conviven en los departamentos frontales al suyo.

Al paso de los días, el fotógrafo sospecha de uno de sus vecinos, cree que ha hecho desaparecer a su mujer, su argumento es la descripción gráfica que lleva de la cotidianidad de los personajes que cruzan una y otra vez su ventana.

Como en La soga, narrada en un solo espacio, Hitchcock mantiene toda la película al personaje interpretado por Stewart en un departamento y frente a la ventana. Desde ahí, todos los espectadores somos el fotógrafo, todos practicamos el vouyerismo de Stewart con el mismo deseo que mostramos más de alguna vez por saber que ocurre detrás de las ventanas del vecino. Y el suspenso, siempre el suspenso hasta el límite y fin de la película.

Así fue Alfred Hitchcock. Así fue el británico que este próximo sábado cumpliría 117 años de haber nacido.

¿Qué cual película recomiendo para acercarse al legendario director? La que el lector de este espacio desee, las apenas mencionadas aquí o cualquiera de las que entre 1922 y 1976 realizó en una fértil carrera cinematográfica que desde la inmortalidad nos mira y le agradecemos el legado de emociones a flor de piel que aún seguimos y seguiremos disfrutando.

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Luis López




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