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Diálogo Estado / Top News / 19/08/2016

SOMOSMASS99

 

Alfonso Díaz Rey*

Viernes 19 de agosto de 2016

 

A unos días de cumplirse el cuarto año del gobierno de Enrique Peña Nieto la realidad continúa equivocada. El futuro que prometió durante su campaña, firmado ante notario público, ahí está: en sus discursos y los de sus ministros y colaboradores cercanos, en la propaganda oficial y en los medios y comunicadores que difunden las “buenas noticias”.

Y para demostrar contundentemente que la versión oficial del futuro es la buena, en días recientes quien cobra como presidente de la república dijo: “Mi gobierno promovió cambios estructurales a partir del escenario que el país tenía, y por ello México está ahora creciendo”, lo que exhibe a la realidad como falsa y errada.

Mientras, el pueblo, que ni por asomo puede ver tal futuro, padece los embates de esa realidad que, equivocada, se niega a plegarse a la concepción oficial que nos enseña la propaganda y los voceros del régimen.

Y cuando reconocen que su realidad no va lo bien que nos prometieron, siempre quedan los factores externos como culpables de las desviaciones y los problemas que de éstas derivan y cínicamente ocultan factores internos tales como la dependencia estructural, el subdesarrollo, la enorme deuda externa, la pérdida de soberanía, la desigualdad, la inseguridad, la injusticia, la corrupción y la política neoliberal, por citar algunos; factores que tienen un mayor peso en lo que nos ocurre como país y que en no pocas ocasiones crean o condicionan los que nos presentan como factores externos.

Lo triste y preocupante de esta situación es que no es privativa del actual gobierno, o sea, Peña Nieto no es el primero que nos promete e incumple, en otras palabras, no es al primero que nos miente; es solamente el que actualmente nos engaña.

Desde hace muchísimo tiempo, pero principalmente desde el sexenio de Miguel De la Madrid (1982-1988), etapa en la que inició la aplicación de la política neoliberal en México, todos los gobiernos, sin excepción, nos han prometido el acceso al primer mundo, convertir a México en casi un paraíso y erradicar los graves problemas que aquejan a nuestro pueblo; y en todos los casos el discurso oficial ha insistido en que su realidad es la buena y la otra, la que golpea al pueblo, es solamente una percepción equivocada y malintencionada de la buena marcha del país y de su modelo de desarrollo.

¿Por qué continúan y aún se agudizan los problemas de nuestro país y de nuestro pueblo, no obstante el descontento ha ido siempre en aumento?

En opinión del autor de estas líneas, es resultado del trabajo del grupo en el poder, trabajo que mediante el control de los trabajadores manuales e intelectuales del campo y la ciudad, del sistema educativo, del sistema judicial y el electoral, ha promovido la desunión y fracturado la solidaridad que caracteriza a nuestro pueblo, cuya demostración más reciente se dio con la actitud y acciones del pueblo en los momentos y días posteriores al sismo de 1985 en la Ciudad de México.

Un simple ejemplo de ese trabajo: ¿Cómo es posible que en un partido político, el PRI, se conjuguen los intereses de los terratenientes y los campesinos, de los obreros y los patrones, de los sectores populares con los de la burguesía y aun la oligarquía?

Quizá lo explique algo que se practica cotidianamente desde el poder y que se sataniza cuando se intenta desde abajo: la lucha ideológica.

Mediante el sistema educativo y los grandes medios de difusión masiva nos han convertido en egoístas, individualistas y a tener una concepción del mundo y la realidad muy similar a la de ellos, por ejemplo: que en el mundo siempre ha habido ricos y pobres, explotados y explotadores, los que mandan y los que obedecen, que las cosas han sido siempre así y así seguirán; por lo que ante alguna inconformidad o problema nuestra respuesta nunca cuestiona las bases del sistema y las “soluciones” que se obtienen dejan siempre intocables las causas e irresueltos los problemas e inconformidades.

Muchos creemos que un primer paso sería sacudirse ese dominio ideológico y contar, desde nuestra realidad, con una teoría e ideas propias acerca de todo lo que nos rodea, condición que permitiría conocer las causas de nuestros problemas, enfrentarlos y estar en posibilidad de encontrarles una solución definitiva. De continuar como hasta ahora estaremos, una similitud, jugando en el campo del enemigo, con sus reglas, sus jueces y su pelota, cosa que imposibilitará el triunfo.

No obstante, la realidad, necia y cruel, tarde o temprano nos abre los ojos y la mente; nos presenta las cosas y el mundo tal como son y nos ofrece las herramientas para cambiarlos.

Dependerá de nosotros, una vez que tengamos clara nuestra utopía, qué tan organizados y unidos vayamos a alcanzarla.

* Alfonso Díaz Rey es miembro de la Constituyente Ciudadana Popular de Salamanca, Guanajuato.






Luis López




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