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Maximiliano, una nueva desaparición forzada; ahora fue el INM, denuncian OSC

Sociedad País / Top News / 23/08/2016

SOMOSMASS99

 

Redacción / SomosMass99

Ciudad de México / Lunes 22 de agosto de 2016

 

Organizaciones defensoras de migrantes denunciaron, al igual que sus familiares, la desaparición forzada de Maximiliano Gordillo Martínez a manos de agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) el 7 de mayo del presente año, quienes lo detuvieron acusándolo de ser guatemalteco en la estación migratoria de Chablé, en Tenosique, Tabasco. Y, además de señalar a los elementos directamente involucrados en la detención, responsabilizaron al delegado del INM en ese estado, Eduardo Silvestre Hernández Dighero, y al director general del mismo instituto, Ardelio Vargas Fosado.

Antonia Martínez López, madre de Maximiliano, dijo que su hijo salió de su casa rumbo a Playa del Carmen, Quintana Roo, en busca de trabajo. Salió a las seis de la mañana y se fue para Comitán. El amigo que iba con él les contó que agentes de migración los detuvieron en Chablé como a las diez de la noche, luego de bajarlos junto a otras seis personas del autobús en que viajaban. «Mi hijo presentó su acta de nacimiento y su CURP» para identificarse, pero no se lo aceptaron. «El amigo se fue, y desde esa fecha no sabemos nada de mi hijo».

Además de doña Antonia Martínez, en la conferencia de prensa en que se presentó el caso participaron Arturo Grodillo López y Natalio Gordillo López, padre y tío, respectivamente, de Maximiliano Gordillo; Pedro Faro Navarro, director del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas de Chiapas; Enrique Vidal Olascoaga, abogado de Voces Latinoamericanas Acción Migrante con los Pueblos; José Luis Bezares, párroco de Santa Cruz Socoltenango, Chiapas, y María Reyes Arias, misionera de la misma parroquia.

Desaparición

A nombre de las organizaciones La 72, Centro Fray Bartolomé y Voces Latinoamericanas, Enrique Vidal informó que se presentó denuncia desde el 8 de mayo. «De los testimonios recabados sabemos que en la caseta de migración localizada en Chablé, Tabasco, el 7 de mayo de 2016 agentes de migración detuvieron arbitrariamente a Maximiliano, quienes basándose en criterios racistas y sin ningún sustento, lo señalan de ser guatemalteco en situación irregular en el país, cuando él mismo les acreditaba su origen mexicano con su acta de nacimiento y CURP. Finalmente, lo último que se supo de él es que fue detenido y encerrado por los agentes migratorios en la caseta de Chablé, alrededor de las 22 y 23 horas de ese día, junto con 6 o 7 personas más que iban en el mismo autobús. A tres meses y medio, las diligencias de investigación  en la búsqueda de Maximiliano han sido lentas, insuficientes y superfluas, por lo que no se ha llegado a ningún indicio sobre su localización, encubriendo además a los responsables de su desaparición forzada».

En ese sentido, y luego explicar que al interior del INM «las órdenes se rigen y ejecutan bajo una lógica castrense, donde la jerarquización, la sumisión y la obediencia son valores fundamentales para sus superiores jerárquicos, haciendo que la cadena de mandos tenga una relevancia muy particular para desentrañar la responsabilidad en todas sus operaciones», dijo que a partir de una serie de análisis y constataciones a las que tuvieron acceso directamente como organizaciones de la sociedad civil decidieron hacer pública una relación de los funcionarios del INM implicados «de una u otra forma en este crimen de estado. Los agentes directamente responsables del punto de Revisión de Chablé, Tabasco, en el momento de los hechos son: Rubén Silva Silva, agente Federal de Migración “C”, y Oscar Benjamín Castillo Pavón Carbonell, coordinador de Unidad de Áreas de Servicios Migratorios, entre otros varios agentes migratorios y de la policía estatal de Tabasco, que nos han sido ocultados hasta el día de hoy por parte del gobierno».

Hizo énfasis en que a la cabeza del INM, desde enero de 2013, se encuentra Ardelio Vargas Fosado, quien «mantiene un estricto y rígido control de sus subalternos, por lo que todo aquello ejecutado por cualquier agente migratorio es responsabilidad directa suya. Sin embargo, Ardelio Vargas ha sido señalado en reiteradas ocasiones por solapar y dejar impunes diversos delitos que son cometidos por funcionarios a su cargo de manera cotidiana en los últimos años. Además, entre su obscuro pasado como operador en materia de seguridad e inteligencia nacional, se le responsabiliza de los actos cometidos en las represiones violentas de San Salvador Atenco, Estado de México, y en Oaxaca en 2006, así como posteriormente en su natal Puebla, siguiendo una línea dura de corte militar bajo el diseño y formación norteamericano de ‘estrategias proactivas de seguridad’, señaladas por especialistas en la materia por provocar graves violaciones a los derechos humanos en contra de la población.

«Igualmente como cabeza del INM en Tabasco, hacemos responsable de este delito a Eduardo Silvestre Hernández Dighero, delegado federal del INM, persona que ha sido señalada de corrupta, violenta, y por casos de acoso sexual. Todo esto al interior mismo del INM de Tabasco, de acuerdo a medios de comunicación locales. Además, de que se ha jactado de gozar de impunidad bajo el cobijo de personas allegadas a Enrique Peña Nieto y Ardelio Vargas. En la misma línea, según fuentes internacionales a las que hemos tenido acceso, se le señala como una persona formada en los servicios secretos y en seguridad nacional de Estado mexicano, con entrenamiento en Estados Unidos en conjunto con Ardelio Vargas, por lo que podemos inferir que el control que tuviese sobre el territorio a su cargo, es absoluto.

«En el ámbito federal, al interior del INM, de los operativos migratorios y de la impunidad que reina hoy en día al interior del Instituto, son igualmente responsables Mario Madrazo Ubach, director General de Control y Verificación Migratoria; Segismundo Doguin Garay, director General de Coordinación de  Delegaciones; y César Larriva Ruiz, titular del Órgano Interno de Control; entre otros.

«En la Delegación de Tabasco del INM, tienen responsabilidad sobre este crimen, Marco Antonio Cuéllar García, subdelegado federal; Santiago Castro Rodríguez, delegado Local en Tenosique; Carlos Lara Pulido, subdirector de Control y Verificación Migratoria; Cyndi Carolina Escobar Vera, subdirectora de la Estación Migratoria en Tenosique; Lorena del Carmen Hernández Ramón, jefa del Departamento de Operación, Seguridad y Custodia en Tenosique, entre otros».

Opacidad y «la frontera sur» de EEUU

Enrique Vidal dijo que estos hechos se dan en un contexto en el que Chiapas y Tabasco, fronteras con las hermanas/os de Centroamérica, son ahora las fronteras del horror, extensión del terror, «donde el gobierno de México ejerce su rostro servil hacia los intereses de los poderosos que imponen desde siglos su acción colonial cargada de racismo, discriminación y exclusión; y cada vez más con mayor rigor contra las personas migrantes, en la mira de las más graves violaciones a derechos humanos cometidas por el Estado mexicano».

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Los padres de Maximiliano.

Explicó que en los estados del sur del país transitan miles de personas, familias y pueblos desde sus lugares de origen. Huyen «de una violencia para encontrarse con otra, a veces más cruel: la política migratoria mexicana de los últimos tiempos. Políticas y prácticas de humillación, abuso, tortura, explotación y represión, cometidas por el gobierno mexicano para intentar contener el libre tránsito de personas bajo discursos de seguridad nacional, donde quien migra es concebido tácitamente como criminal, enemigo interno y riesgo a una paz que en verdad ni siquiera existe para nadie».

Denunció que, de acuerdo al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), desde el 2005 el INM es considerado una “Instancia de Seguridad Nacional. Este enfoque de militarización contra las migraciones es el resultado de un creciente interés de los Estados Unidos de Norteamérica por blindar la frontera sur de México». Citó como ejemplo las declaraciones del «subsecretario de Asuntos Internos de EEUU, Alan D. Bersin, quien en septiembre de 2011, mencionó públicamente que ‘La frontera entre Guatemala y Chiapas es ahora nuestra frontera Sur’.

«Como otro ejemplo de estas estrategias hemisféricas de securitización contra los cuerpos y los pueblos, denunciamos los acuerdos bilaterales entre México y Estados Unidos, donde se evidencia el financiamiento que este último destina al blindaje de nuestra frontera sur; en concreto con los 3.5 millones de dólares entregados a través de la Iniciativa Mérida, presumida como “la frontera del siglo XXI.

Estas acciones, afirmó, han sido «seguidas por una práctica radicalizada durante esta administración de Enrique Peña Nieto, con el Programa Frontera Sur, oficialmente puesto en marcha en julio de 2014, el cual ha sido documentado como una política de ‘cacería de migrantes’, disfrazada con el eufemismo de la protección a los derechos humanos, y criticado incluso por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). No obstante, de este programa no se tiene información pública y se nos ha sido negada para conocer sus objetivos concretos, presupuestos, gastos y acciones con que ha sido implementado a lo largo de estos dos años. Lo que sí nos consta es la militarización de nuestras calles, pueblos y carreteras, de la alta tecnología usada para vigilar y perseguir a las personas, así como de la sofisticación y violencia con que se detiene, denigra, humilla y deporta a las personas día tras día, incluso a mexicanos mismos, por parte del Instituto Nacional de Migración (INM), el cual funciona cada vez más como una instancia de corte militar, estrictamente jerárquico, violento y sobretodo, impune.

«¿Cuáles han sido los resultados de estas políticas y programas públicos? De acuerdo a cifras oficiales, de octubre de 2014 a abril de 2015, Estados Unidos detuvo a 70,440 personas, mientras  que  por  parte  del  Estado  mexicano  fueron  deportados  92,889  migrantes  en  el  mismo período. Por su parte, en 2015, México deportó aproximadamente a 150 mil personas migrantes de El Salvador, Guatemala y Honduras principalmente, lo que representa un aumento del 44% respecto al año anterior, y lo que lo convierte en el máximo deportador de personas en el ámbito mundial.

«A este endurecimiento se suma la criminalidad de los grupos de la delincuencia organizada que roban, extorsionan, cometen crímenes sexuales y secuestran a las y los migrantes. También se han documentado casos de trata para trabajo sexual así como casos de jóvenes que son obligados a trabajar para el propio crimen organizado. Estos grupos criminales actúan en los territorios bajo la presencia constante y acérrima de las autoridades migratorias y de las corporaciones de seguridad pública; de lo anterior se infiere la participación y responsabilidad de las autoridades del Estado mexicano que, aunque lo nieguen, abundan los testimonios directos de pobladores y víctimas, quienes señalan constantemente tanto la participación directa de funcionarios públicos de todo nivel jerárquico en estos crímenes, como su connivencia, tolerancia e inoperancia para perseguir a los responsables».

Sostuvo también que en Chiapas persiste un contexto de violaciones sistemáticas y generalizadas a los derechos humanos, donde cada vez es más constante la migración interna de las y los trabajadores que dejan sus comunidades en busca de algún ingreso, por ínfimo que sea, en otros estados del país. Entre los destinos más comunes que hemos documentado están la Ciudad de México, donde laboran como obreros o son contratados en diversos comercios; los campos de caña en Veracruz; en actividades turísticas y de servicios en destinos de Yucatán; así como jornaleros agrícolas de grandes fincas en el Noroeste de México, en inhumanas condiciones laborales, constituyendo nuevas formas de esclavitud moderna.

«En el municipio de Socoltenango, de donde es originaria la familia de Maximiliano, constantemente los jóvenes de las comunidades migran hacia Veracruz y Yucatán para laborar en plantíos de caña y otras fuentes de empleos temporales, alejándose cada vez más de sus familias y sus tierras. Este es el ignominioso contexto que rodea la historia de la desaparición forzada de Maximiliano Gordillo Martínez, cometida por agentes de Migración y la policía estatal de Tabasco, cuando se dirigía a Playas del Carmen, Quintana Roo, para trabajar, en conjunto con un amigo suyo».






Luis López




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