SOMOSMASS99
Rausati / SomosMas99
Ciudad de México / Domingo 28 de agosto de 2016
La vida en un espejo: «El teatro se mueve en atmósferas sobrenaturales, mágicas. El fútbol también. Hay rezos, cábalas, rituales donde el aficionado busca la victoria de su equipo por cualquier medio, lícito o ilícito». Y «en el césped se siente el miedo escénico, como describió Jorge Valdano, se establece un diálogo tuya, mía, se convierte la cancha en un lugar de excepción donde se representa una lucha incruenta». De modo que ahí, como si no hubiese alternativa, «el futbolista, como el actor, se desprende de su personalidad propia para tomar la de su personaje, de héroe o villano para representarlo ante el público».
Esto es parte de lo que dijo el escritor Juan Villoro al participar en el Coloquio Internacional de Teatro y Futbol, Las teatralidad en la cancha, al dictar en el Teatro de las Artes, del Centro Nacional de las Artes (Cenart), la conferencia magistral Los actores del césped. Una ponencia en que reafirmó ante el público asistente su pasión futbolera y teatral.
El fútbol, dijo, es una manera de entender al mundo y a nosotros mismos, es una actividad que involucra a todo mundo. Tanto, que la FIFA tiene a más países afiliados que la ONU. Como uno de sus atractivos, está la facilidad para entenderlo y las pocas reglas que lo rigen. Tampoco tiene características físicas especiales, se puede ser bajito y regordete y ser Maradona. Ser alto y delgado y ser Beckenbauer. Desde luego, hay un desarrollo personal que los distingue, esa característica que los identifica, así como la tenían los héroes griegos, que se distinguían por su velocidad o fuerza. Así los futbolistas, que son los continuadores de estos héroes. Vemos a Hugo Sánchez que se distingue por su chilena, a David Beckham por sus pases y tiros a balón parado, a Borguetti por sus remates de cabeza.
El autor de Dios es redondo desvela para asombro del respetable las cualidades de lo conocido: «El fútbol se juega con el pie, esa parte anatómica ‘cancelada’, que nos remite a nuestros orígenes como especie. El desarrollo humano se debe al uso del pulgar y de la mano. El hombre, se dice, piensa porque tiene manos y hace muchas cosas con ellas. El poeta Antonio del Toro dijo: ‘El fútbol es la venganza del pie sobre la mano, no es la mano la que guía su destino, sino el pie’. Por con el uso del pie el fútbol nos regresa a nuestros orígenes, pero también a nuestra infancia: somos lúdicos, tenemos sueños, es cuando se elige al equipo favorito y al que generalmente se le es fiel, aunque ello exija sacrificios. Se puede cambiar de partido político, de religión, de sexo, pero no de equipo, cambiar de equipo significa renunciar a la infancia. El fútbol no sólo es una actividad lúdica que nos pone en contacto con los valores, nos hace imaginar, inventar virtudes a los actores de la cancha».
Villoro explica, también, cómo en el fútbol el privilegio es para quien tiene la pelota y sin embargo hay actos importantes reservados para quienes sin tener el balón intervienen con diversas acciones: al igual que el actor de teatro que participa sin el diálogo, cuando el actor del césped tiene la oportunidad de mostrar toda su fuerza, convicción, dinámica, de mostrar las emociones de su personaje, como cuando se dice que el jugador «juega sin balón», en el teatro el actor involucra al público sin decir nada.
Si se quiere honestidad, hay que ir con las mujeres
«En cuanto al manejo del tiempo hay mucha similitud. «En el fútbol, se dice ‘está haciendo tiempo’, lo que equivale a no hacer nada, que no suceda nada, que pase el tiempo, lo cual es similar en el teatro cuando el actor hace una entrada lenta al escenario, creando la expectación en el público de lo que va a suceder. En el fútbol los goles se resuelven en pocos minutos, en la mayor parte del tiempo no pasa nada». Un atractivo que se suma a otro: «la falibilidad, el error humano, del jugador, del árbitro, los imponderables que hacen que suceda lo imprevisible, como sucede en la vida, donde se suceden hechos afortunados o desdichados donde no priva la justicia». Así, «la teatralidad en el fútbol está marcada por la gran cantidad de faltas inventadas, el jugador trata de sacar ventaja por medio del engaño, la chapuza, actitudes histriónicas. Lamentablemente esta falta de ética nunca va a desaparecer. si se quiere un fútbol honesto, sincero, leal, hay que cambiar al fútbol femenil.
El maestro Villoro compartió el dramatismo que vive un portero con un fragmento de su monólogo El Lamento del Cancerbero, inspirado en una entrevista concedida por el portero Michael Schumager a un periodista alemán:
«Padezco cada gol como una derrota personal, me odio cuando cometo errores. Vivimos en una fábrica inmensa, si no funcionas, el siguiente te remplaza. Como portero tengo un papel decisivo, estoy para corregir los errores de los otros, no puedo regresar los golpes, tengo que asimilarlo todo. Cuando me arrojo a los pies del contrario, no pienso en que puede sacarme un ojo de una patada. He jugado con los dedos rotos, la nariz rota, las costillas rotas, tengo desgarrados los meniscos, me extirparon los meniscos. … No soy de mármol, soy vulnerable como cualquier otro, no soy Beckenbauer. Estamos en el purgatorio. Cuando deje de sentir, estaré muerto».

El autor de Conferencia bajo la lluvia firmó algunos de sus libros al concluir la conferencia. / Foto: Rausati


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