SOMOSMASS99
Texto y Fotos David Bacon* / SomosMass99
Linden, WA, EEUU. / Domingo 9 de octubre de 2016
El sindicato Familias Unidas por la Justicia logró su reconocimiento legal. Por la importancia del hecho, SomosMass99 publica en dos partes la historia del triunfo de los jornaleros agrícolas del estado de Washington, Estados Unidos. Primero, este día, una entrevista con el vicepresidente de la agrupación sindical, Felimón Pineda. Mañana, en la segunda y última parte se dará cuenta de la historia que culminó en la votación del 12 de septiembre, cuyos resultados se conocieron hace poco más de 72 horas.
Felimón Pineda es vicepresidente de Familias Unidas por la Justicia, el sindicato independiente de trabajadores agrícolas en el estado de Washington. Fue uno de los huelguistas originales de cuando se organizó la agrupación en 2013. El sindicato, junto con los jornaleros en huelga en Baja California, México, ha organizado un boicot contra la empresa Driscoll, la más importante del mundo. Exigen que Driscoll asuma la responsabilidad por las condiciones y violaciones de los derechos laborales a manos de los productores. Pineda describe la vida de un trabajador agrícola que produce bayas para Driscoll, y cuenta la historia, la suya, que lo puso en los campos del estado de Washington. Él platicó con David Bacon durante una entrevista en Linden, Washington.
Nuestro pueblo en Oaxaca es El Jicaral, en Coicoyán de las Flores. Hablamos mixteco bajo. Tengo 33 años de edad, pero salí del pueblo muy joven. En 1996 llegué a San Quintín (Baja California) con mi hermano mayor. Después de cuatro noches en Punta Colonet, encontramos un lugar para alojarnos en un campamento. Había muchos cuartos para los trabajadores y permanecimos allí seis meses. Teníamos planeado regresar a Oaxaca, pero transcurridos esos seis meses no teníamos dinero. Todos trabajábamos -yo, mi hermana, mi hermano mayor y su esposa y dos hijos-. Pero la cosecha de tomates y pepinos apenas nos permitían tener lo justo para comer. No había baño allí. La gente hacía sus necesidades afuera, en los campos de tomates y chiles. Los niños también.
Otro hombre que vivía allí, que hablaba en otra lengua mixteca, nos alquiló una pequeña casa. Era un solo cuarto, muy pequeño. Estuvimos allí un año. Regresábamos de trabajar a las cinco de la tarde y los niños comían frío, pues no había forma de calentar los alimentos en la estufa. Entonces mi hermano dijo que entre todos debíamos comprar una parcela, para tener un lugar para vivir. Así que hicimos un pago y luego otro. Mi hermano sigue viviendo allí, y ahora sus hijos ya crecieron. El mayor tiene 22 o 23 años. Mi sobrina ahora es mamá.
La vida en Punta Clonet era muy dura. El trabajo siempre fue muy mal pagado. Había que trabajar mucho por muy poco. En 1996 el salario era de 45 pesos. En 2002 trabajé tres meses allí de nuevo, y en 2005 casi otro año. Los patrones pagaban entonces alrededor de 100 pesos. Pero también la comida era más barata. El kilo de tortillas de maíz costaba 5.50 pesos. No vivíamos bien, pero ganábamos lo suficiente para los alimentos. Un refresco costaba entonces cinco pesos. Ahora cuesta 12.
Viví en Punta Colonet dos años, y luego, por nuestra gran necesidad, tuve que empezar a venir a Estados Unidos. Trabajé en la cosecha de tomates en Florida, donde hace mucho calor. Era un trabajo muy duro, porque tienen un trailer para los tomates y yo soy chaparrito. Uno tiene que levantar la cubeta de tomates más de dos metros y medio. Una persona en el trailer la agarra y la vacía, y luego la devuelve. No podía yo elevar la cubeta y tenía que subirme en algo, y la cubeta pesa más de 30 libras. Fue muy difícil, hice este trabajo durante un año y medio. En San Quintín también coseché tomates, pero no era tan duro.

- Felimón Pineda y su esposa en su habitación en el campo agrícola de Sakuma Brothers, durante la huelga de 2013.
Recientemente hemos visto cómo crece el movimiento de jornaleros en San Quintin –la Alianza de Organizaciones Nacionales, Estatales y Municipales por la Justicia Social-. Están defendiendo a la gente. Para mí es muy importante que haya alguien dispuesto a defender a la gente. Los partidos políticos no están interesados en lo que nos pasa en el trabajo. No sé cómo inició la Alianza, pero he oído que está enfrentando una gran cantidad de amenazas por parte de las empresas y del gobierno. Los ricos y los patrones han comprado al gobierno. Ellos pagan a la policía, que luego dispara contra la gente. No importa si son mujeres o niños. Es lo peor que he visto en el Valle de San Quintín.
En el futuro, en algún momento regresaré a México. Las amenazas que ellos recibieron también me podrían afectar. Estoy muy agradecido por el movimiento que organizaron. De mi parte, quiero enviar un saludo a todos los líderes en San Quintín. En 2013 Sakuma Brothers, aquí en el estado de Washington, también nos amenazó debido el movimiento que organizamos. Nos amenazaron con la policía y contrataron consultores y guardias. Su propósito era dividirnos. Gracias al sindicato que organizamos aquí, Familias Unidas por la Justicia, seguimos firmes y la empresa no ha logrado deshacerse de nosotros. Seguimos luchando.
Por eso estoy tan interesado en la lucha que hay en el Valle de San Quintín. Cuando oí que habían estallado en huelga, hablé con mi hermano y le pedí el número de teléfono de la estación de radio allá. Luego hablé a la estación y me dieron el número de Bonifacio Martínez, de la Alianza. Así nos pudimos comunicar con los líderes.
Al parecer, habían llegado a un acuerdo sobre los salarios. Pero después recibieron una respuesta del gobierno el año pasado, y entiendo que el gobernador se desdijo, no cumplió su palabra, y lo mismo hicieron los patrones. Así que luego comenzó el boicot contra Driscoll, la compañía que distribuye una gran cantidad de moras de San Quintín. Ha sido difícil mantener la comunicación, pero no hemos perdido el contacto.

- Felimón Pineda habla a los trabajadores y simpatizantes al finalizar la marcha a las oficinas de Sakuma Brothers en 2015.
Ellos saben algo de nuestra lucha aquí en el estado de Washington. Nuestro movimiento se inició el 11 de julio de 2013, que fue el primer día de huelga en las granjas Sakuma. A veces la lucha ha sido muy dura. A veces nos sentimos cansados. Pero luego recuperamos la fuerza y continuamos. Y tenemos la ayuda de una gran cantidad de sindicatos, periodistas y partidarios del boicot. Y estamos avanzando.
En 2013, en cierto punto, estábamos en negociaciones con la empresa para mejorar las condiciones de todos los trabajadores de Sakuma Brothers. Sakuma firmó un acuerdo y dijo que lo respetaría, pero después de dos semanas rompió el trato. Fue entonces cuando comenzamos el boicot, y éste crece día con día. Sakuma envía su fruta a Driscoll en Watsonville. En 2013 le dije a los compañeros que debíamos llevar nuestro boicot a Watsonville. Pensaba que si Driscoll veía allí a la gente no presionaría más a la empresa.
El boicot creció y Driscoll sintió la presión. Por último, la empresa buscó a uno de nuestros seguidores y le dijo que querían ver la forma de parar el boicot. Le dijo que querían hablar con nosotros. Así que el año pasado, el 8 de mayo, fuimos a la oficina de Driscoll en Watsonville. Pensé que su almacén era pequeño, pero en realidad tiene dos construcciones muy grandes. Tienen de todo en Driscoll.
Empezamos a hablar de por qué comenzó el boicot. Al principio pusieron en la mesa un gran plato de fresas, arándanos, frambuesas y moras. Nos pidieron que las probáramos, pero dijimos: «¿Cómo vamos a probar esto si los estamos boicoteando?».

- Los hijos de los jornaleros en las granjas Sakuma sostienen pancartas durante la marcha a las oficinas de la empresa en 2016.
Estuvimos allí casi un día. Nos dijeron que no podían obligar a Sakuma a firmar un contrato. Dijimos, muy bien, el boicot continuará hasta que tengamos un contrato sindical. Este año Sakuma ha dicho que quiere negociar con nosotros, pero vamos a ver qué pasa. Sakuma ahora contrató a un gringo que, se supone, es bueno para trabajar en lugares donde hay demandas colectivas y problemas.
El año pasado pagaban diez dólares por hora de trabajo, que decían que es mucho. Sin embargo, exigen una cosecha de 50 libras por hora para pagar los diez dólares. Por cinco libras más, se da un bono de 1.50, o sea 11.50 por hora. Pero sólo los trabajadores que trabajan rápido pueden conseguir eso… Desde 2013 el pago semanal ha venido disminuyendo, tanto en las fresas como en los arándanos. El año pasado y éste las personas han estallado en huelga porque no están de acuerdo con los salarios.
Cuando los trabajadores entraron en huelga el año pasado, aunque yo estaba trabajando en otra empresa, fui con ellos. No quería dejar a los mixtecos solos, son mi pueblo y me eligieron como vicepresidente del sindicato. Tuve que viajar desde muy lejos para estar ahí, y cuando llegué ya había cerca de 250 personas esperándome. Me dijeron que había que hacer algo, así que fuimos a un campo donde la gente todavía estaba trabajando. Nos dijeron que el pago no era bueno, y también dejaron de trabajar.
Cuando demandamos un contrato colectivo, los supervisores dijeron que no discutirían eso. Después enviaron a la policía. La policía pidió hablar conmigo, y dijo que yo no trabajaba allí. Alfredo Juárez, de nuestro comité, respondió que yo tenía derecho a estar allí porque soy el vicepresidente del sindicato. Los policías dijeron que iban a arrestarme. Así que la gente preguntó: “¿Van a detenernos a todos?”. La policía no supo qué decir.
Finalmente la policía dijo que si no nos salíamos del campo e íbamos hacia un lugar público, tendrían que sacarnos. Así que la gente dijo, de acuerdo, y todos abandonamos el campo y nos fuimos al supermercado Costco, en Burlington, para manifestarnos por el boicot. Al día siguiente, la compañía compró burritos para todo mundo en el trabajo.
Este año ha habido más huelgas como ésta, y más manifestaciones por el boicot. Es por eso que la compañía dice ahora que quiere negociar con nosotros.
Al hablar con Bonifacio, le pedí que la Alianza hiciera un boicot también. Nosotros en el norte y ellos en el sur. De esta manera pondríamos más presión sobre Driscoll. Hablamos de las tácticas que usamos y le relaté nuestra historia. Él dijo que Driscoll y la Alianza habían ido con el gobierno para pedir que los salarios se elevaran. Creo que eso no es bueno. El gobierno tiene su papel, pero Driscoll tiene que hablar con las (empresas) productoras, como Berrymex, y asegurar que van a pagarles bien. Eso es lo que nosotros le decimos a Driscoll. No vamos a detener el boicot hasta el día en que firmemos un contrato con Sakuma. Lo mismo con Driscoll y Berrymex.
Creo que la idea de un sindicato independiente en San Quintín es la mejor manera de hacerlo, con un contrato directo. Los trabajadores agrícolas de San Quintín han estado sufriendo por más de 20 años. Los salarios de hambre son la razón por la que las personas se van a huelga. Están haciendo una cosa muy buena. Pero pienso que es mejor firmar un contrato colectivo con las empresas. El gobierno no es el propietario de las fincas. Es mejor forzar a los patrones a pagar. Ellos son millonarios. Las empresas tienen la responsabilidad principal de pagar bien a los trabajadores. Estamos exigiendo las mismas cosas aquí y allá, y la empresa es la misma, Driscoll.
El año pasado me invitaron a hablar por teléfono en la radio en San Quintín, para que todos allá pudieran oír sobre nosotros. Quería decirle a la gente que se involucrara en el movimiento. Es bueno para todos. La huelga es la mejor manera de conseguir un salario justo. Quería decirle a la gente que no se desanime, que también en el estado de Washington estamos luchando. Pero entonces las personas de la estación de radio dijeron que no estaban autorizados, y finalmente no me dejaron hablar.
Gente de Santa María y Madera, en California, también nos apoya. Muchos de ellos vienen a Washington en la temporada de bayas, y están trabajando en Sakuma ahora mismo. Son miembros de Familias Unidas. No sé si la gente también esté pensando en declararse en huelga en California. En Greenfield, en el Valle de Salinas, en California, hay una gran cantidad de personas de la región triqui y organizan muchos movimientos. Son muy activos. Tal vez van a organizar un movimiento allí. Sería maravilloso.
Todos somos parte de un movimiento indígena. En San Quintín la mayoría de las personas son indígenas. En la radio no hablan mixteco, zapoteco, triqui ni náhuatl. Su movimiento de huelga es indígena. Todos los involucrados en nuestro sindicato en Washington también son indígenas.

- Ricardo, un migrante de Putla, Oaxaca, poda las vides de las zarzamoras para que más luz llegue a la fruta y que los recolectores puedan desplazarse más fácilmente entre filas.
Aquí los indígenas están muy preocupados por el riesgo de ser despedidos. Los supervisores y capataces les gritan y empujan con fuerza. Ellos abusan de los trabajadores indígenas más que de cualquier otro. Es lo mismo aquí qu en Baja California. Lo que queremos es respeto para todos. No importa si eres de Guatemala u Honduras, Chiapas o Guerrero. Los derechos humanos son para todos. Pero a veces la gente nos ve como si fuéramos inferiores. Creen que no tenemos derechos. Pero están equivocados. El derecho de ser humano es el mismo. Deberían ser respetuosos con todos.
Cuando nos fuimos a la huelga en 2013, muchos de nosotros no hablábamos bien el español. Algunos de los jóvenes en el trabajo podrían haber dicho: “Estas personas no saben cómo hablar. No saben lo que están haciendo”. Seguramente los supervisores lo decían también. Un año más tarde, ganamos una demanda legal para obligar a Sakuma a pagarnos el tiempo de descanso. Ganamos más de 800 mil dólares. Después de eso, la gente que no quería tener nada que ver con nosotros empezó a buscarnos. Los jóvenes que se burlaban de nosotros se nos acercaron, pues querían dinero.
Hay más rabia ahora. La gente cree que no debería estar viviendo en malas condiciones, que las personas no deben ser maltratadas. Más personas están defendiendo sus derechos. Una gran cantidad de nueva gente que viene de California ya está con nosotros. Tienen una buena manera de pensar: ‘¿si no luchamos por nosotros mismos, ¿quién lo va a hacer?’. Si los patrones quieren pisotearnos, si el gobierno y la policía no nos quieren, no hay otro camino más que luchar.
* David Bacon es un escritor y fotógrafo documentalista de California, EE.UU. Ex dirigente sindical, ahora se dedica a documentar temas laborales, de la economía global, la guerra, la migración y la lucha por los derechos humanos. En Oaxaca ha ofrecido charlas sobre migración e investigado la movilidad humana desde ese estado hacia los Estados Unidos. Su último libro, El derecho a quedarse en casa (Beacon Press, 2013), discute alternativas a la migración forzada y la criminalización de los migrantes.
Foto de portada: David Bacon
Traducción del inglés: SomosMass99.


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