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La culpabilización de las víctimas

Diálogo Estado / Gaudencio Rodríguez Juárez / Para Ver, Oír y Comer / Top News / 20/10/2016

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©Gaudencio Rodríguez Juárez*

Jueves 20 de octubre de 2016

 

El abusador sexual suele ser un familiar o una persona conocida que recurre al chantaje y a la amenaza como herramientas para silenciar el hecho. ¿Qué debemos hacer ante este tipo de violencia? El Manual de Prevención del Abuso Sexual Infantil, publicado por Save the Children, sugiere:

– Si el niño o la niña lo dice, escúchele y tómele en serio. Los niños muy pocas veces inventan historias de abuso sexual.

– Si usted está alarmado o siente vergüenza, no se lo demuestre al niño, pues él se sentirá más afectado.

– No le presiones. Apoya al niño evitando gestos, preguntas o juicios que le hagan sentirse aún más angustiado o culpable.

– Si el niño decide hablar, anímale y muéstrale confianza para que diga la verdad y hable con libertad. No lo juzgue, ni lo hagas sentir culpable.

– Solicite apoyo a algún especialista para ayudar al niño y también a la familia en la forma que debe tratar el problema.

– Prepara al niño para esa ayuda. Explícale que tendrá que conversar con otras personas de lo sucedido. Y que todo será muy bueno para él.

– Se debe denunciar ante las autoridades a la persona que abusó sexualmente del niño.

La presente información viene al caso sobre todo en estos días en los que los líderes de opinión desinforman a la sociedad, mientras que los gobernantes actúan con pasividad ante los casos recurrentes.

Vienen al caso las palabras del arzobispo Jozef Michalik, jefe del influyente Episcopado, el cual hace algunos años en el marco de las revelaciones relacionadas con sacerdotes polacos pedófilos comentó que las víctimas contribuyen a que las abusen: “un niño de una familia abrumada busca acercarse a otros, pierde el rumbo y hace que la otra persona también lo pierda” (El Universal, 24 de octubre de 2013).

Michalik culpó a los padres, al divorcio, al debilitamiento de la familia tradicional, al “amor egoísta” promovido por la televisión, a la pornografía, a la “nueva ideología de género”, a las feministas, bueno hasta a los propios niños de hacer perder el rumbo de la libido sexual de los adultos. No así al abusador.

Posteriormente declaró que todo había sido un “lapsus”. Mejor no lo hubiera dicho, pues quien conoce un poco de psicoanálisis sabe que el lapsus es la manifestación de deseos y creencias inconscientes del individuo que escapan a la represión, entre otras cosas, gracias a su intensidad.

La tendencia a culpar a la víctima y excusar al protagonista de cualquier tipo de violencia, continúa sumamente arraigada. Es una cuestión ideológica gestada en culturas patriarcales y machistas, transmitida a través de las instituciones de la sociedad: escuelas, iglesias, medios de comunicación…

Incluso lo replican las campañas y acciones de prevención de la violencia cuando ponen énfasis en que sean las potenciales víctimas las que deben defenderse. Se potencian cuando la sociedad considera que a las mujeres debe gustarles ser maltratadas, de lo contrario se saldrían de esa situación, o cuando los peritos sostienen que las niñas y niños fantasean el abuso sexual, amparados en ciertas “teorías” psicológicas.

¿Cuánto tiempo se requerirá para que asumamos que el culpable de la violencia es exclusivamente quien la ejerce y que debe dar cuentas de ello? Dicen los sociólogos que cuando se trata de cambiar paradigmas se requieren por lo menos tres generaciones —obviamente siempre y cuando comencemos ahora—. Y tengo la sospecha que en nuestra sociedad aún no hemos comenzado de manera suficiente.

Cuando hablamos de violencia hablamos de abuso de poder, de relaciones verticales, de mecanismos de amenaza, aislamiento, silenciamiento y abuso que desestructuran la personalidad de la víctima. De ahí que esta no pueda salir de la situación por sí sola, mucho menos si se trata de menores de edad.

Es por eso que no basta con proporcionarles sugerencias sobre cómo ponerse a salvo, sino que es necesario poner el dedo en el agresor para inhibir sus conductas, al mismo tiempo que a las víctimas se les proporcionan elementos de seguridad y apoyo ante el poder desigual instalado en la relación, donde la primera condición es creer el testimonio de éstas. De lo contrario cualquier acción emprendida seguirá quedándose corta (como hasta ahora).

* Psicólogo / [email protected]

Foto de portada: Save the Children






Luis López




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